El post-punk español, en estado de gracia

Post-Punk Español

 

Que el post-punk está resurgiendo de sus cenizas es algo que a nadie se le escapa, con grupos como Editors o Interpol desde hace ya bastante tiempo establecidos firmemente en lo más alto de la escena independiente mundial. Pero como siempre, no quiero hablar de la parte más comercial y pequeña del iceberg, sino porque dentro de este fenómeno hay grupos interesantes surgiendo de debajo de las piedras todos los meses y publicando temas y ábumes en sus bandcamps que harían feliz a Ian Curtis. Y este es un movimiento mundial apoyado por sellos como los europeos Swiss Dark Nights o Manic Depression, con un gran número de festivales programando grupos de estos estilos, bien dentro de la escena gótica o de la escena indie. Para los recién llegados, y aún a costa de simplificar demasiado, digamos que el post-punk es el hijo bastardo del punk del 77 y posteriores, y el gótico. Su mayor exponente y grupo de cabecera son sin duda los Joy Division del mencionado Curtis.

Pero más que repasar la escena internacional, donde encontramos grupos buenísimos desde París a Portland pasando por Berlín, hoy nos vamos a centrar en grupos españoles. En nuestro país existe una buena tradición de grupos de post-punk, y estas bandas que han aparecido en los últimos 3-4 años son los herederos, más de 30 años después, de aquella cara B de la movida madrileña y del pop español. Precisamente de los madrileños October People ya hablamos en su momento, y tras su increíble primer disco publicaron un también buenísimo segundo larga duración, que han estado defendiendo en directo, bien en solitario o abriendo para artistas internacionales como The Chameleons.

De todas las formas que puede adoptar el post-punk los barceloneses Belgrado son para mi gusto la versión más punk y DIY (“do it yourself”) de todos estos nuevos actores, tanto por la música como por actitud, y como particularidad podemos comentar que al ser su cantante, Patrycja, polaca, canta en un buen número de temas en su lengua materna, junto con inglés y castellano, lo cuál les da un cierto toque exótico, aunque siendo el post-punk un movimiento tan global la verdad es que hay muchísimos grupos cantando en su lengua materna y no necesariamente en inglés, como ocurre con su antecesor el punk. Belgrado acaban de publicar su nuevo álbum “Obraz” y son sin duda nuestro grupo más internacional; como ejemplo se van a embarcar en una gira por USA y México en Agosto y otra por Japón en Septiembre, pero curiosamente, o quizás es que se me haya pasado, no se dan una vuelta por Madrid desde hace una buena temporada.

 

 

Antiguo Régimen, desde Valencia, herederos de la gran tradición de la música ochentera de la ciudad, tienen un sonido menos agresivo y mucho más de pop-rock elegante y oscuro. Acaban también de publicar su segundo larga duración, titulado “Naturaleza Fractal”, que debería ser un referente no sólo a nivel nacional sino también global, y por lo que les sigo, sí que tengo ciertas esperanzas de verles defender su propuesta en directo en breve. Como en la mayoría de los casos, el formato físico favorito para publicar sus temas es el vinilo, seguido del cassette, y apenas hay ediciones en CD de estos grupo; y por supuesto, para el digital, ese gran invento llamado Bandcamp.

 

 

Por último, he dejado para el final a Ciudad Lineal, también barceloneses, que están de actualidad porque desgraciadamente han decidido separarse, tras publicar un disco espectacular como es “El Nuevo Hombre” hace poco más de un año. En este caso hablamos del grupo más electrónico de los tres, que encaja perfectamente en el estilo sintético, frío y mecánico asociado a la coldwave, y que podemos ver perfectamente reflejado en el video de esta canción, que desde que  lo escuché por primera vez me pareció un temazo espectacular. Paisajes post-industriales en blanco y negro con una temática similarmente definida, y que para mi gusto podía haber triunfado en toda Europa, y de hecho, como suele ser habitual en estos grupos, se movían más allende que dentro de nuestras fronteras.

 

 

Como siempre, esto no pretende ser un estudio en profundidad del movimiento, yo simplemente escribo sobre lo que escucho y me gusta, estoy seguro que en cada ciudad español hay un grupo de gente, elaborando su música más o menos oscura y formando parte de este movimiento que no conoce fronteras, y que gracias a la tecnología de la que disfrutamos hoy en día, hace que grupos con relativamente poca exposición a nivel nacional, sean muy conocidos y respetados fuera.

Digipack vs caja de plástico

Digipack vs caja de plástico

 

Desde hace un tiempo se viene librando una curiosa discusión entre los ya pocos consumidores que quedamos del formato CD, relativa a las preferencias sobre el envoltorio del CD: el digipack de cartón, en sus diversas variantes, y la caja de plástico de toda la vida (en inglés jewel case); y en este caso debo reconocer que me encuentro claramente posicionado a favor de uno de ellos, y de forma muy entusiasta y evidente.

Remontémonos a los primeros tiempos del compact disc, allá por la segunda mitad de los 80: esta era una tecnología y un formato que prometía lo mejor de lo mejor, empezado por el propio disco, una única cara con lo cuál no había que levantarse a “pinchar” la otra cara; la que siempre se consideró la principal ventaja durante mucho tiempo, sonido digital vs analógico; al mismo tiempo se aseguraba que el disco podía escucharse todas las veces que se quisiera sin que sufriera desgaste o que duraría para siempre, algo que ha sido matizado posteriormente en muchas ocasiones; había otra ventaja obvia, que era el número de minutos de música que se podía llegar a insertar en el disco, inicialmente unos 77 minutos, posteriormente yo creo que he visto algún CD hasta con 79 y puede que 80; y por último, un formato mucho más pequeño y manejable que un vinilo, cuya ventaja disfrutaban por igual consumidores y tiendas.

Estos primeros CDs siempre vinieron en su formato original con su caja de plástico estándar y sus libretos, que normalmente permitían incorporar más información, mejores fotos, las letras de las canciones, etc que el vinilo. La ventaja venía en gran medida para las tiendas, que necesitaba mucho menos espacio para cada CD que para cada LP, y ya sabemos a cuánto se cotiza el metro cuadrado de espacio comercial. Al fin y al cabo al principio tenía sentido esa estandarización, porque todo era novedoso y casi que la caja era lo de menos.

Con el tiempo llegó el digipack, es decir, en vez de la caja de plástico de siempre, el CD se empezó a vender en una caja de cartón con su bandeja para insertar el CD muy similar a la de la caja de plástico. Y a partir de ahí el digipack fue creciendo tanto en número como en variedad, pues sí al principio éste también era bastante homogéneo, con el tiempo se fueron desarrollando diferentes tipos de digipacks: el clásico, que es el que mantiene la bandeja para insertar los CDs; el digifile, que permite insertar el CD dentro de una apertura en el interior del panel; el digisleeve, donde el CD en realidad va dentro del propio panel y es el más similar a la carpeta de vinilo; el digibook, mucho más gordo y de varios paneles; el A-5, un digipack mucho más grande, tamaño casi de DVD, el eco-wallet y un largo etcétera.

 

Digipack vs caja de plástico

 

¿Cuáles son las ventajas del digipack?

En primer lugar, es mucho más ecológico. Frente a la caja de plástico tradicional, que produce unas cantidades de desperdicio de plástico enormes, el digipack es en sí mismo un producto del reciclaje.

La diferenciación: en una caja de plástico la única diferencia está en la portada y si acaso la contraportada. Un digipack permite incluir muchas más imágenes fuera de lo que es el libreto, normalmente como parte del artwork del álbum, permite de todas formas incluir el mismo libreto si así lo deseamos, o bien permite colocar toda la info en los paneles. Igual que el vinilo evolucionó hacia las carpetas dobles y formatos más trabajados, el digipack es lo más parecido, y permite gran cantidad de diseños y en definitiva crear obras más o menos únicas.

Hoy en día ya hay gran cantidad de discográficas que ya prácticamente no usan la caja de plástico, entre ellas varias de mis favoritas, como Prophecy, que ha elevado el envoltorio a la categoría de arte y ha creado una nueva forma de comprar música con sus numerosas ediciones limitadas y lo que podríamos denominar como la evolución definitiva del digipack, el artbook; Deathwish, el sello de Jacob Bannon, cantante de Converge, apenas utiliza caja de plástico; y luego está el caso de Avantgarde, sello milanés de Roberto Mammarella, conocido por su grupo Monumentum y ese gran clásico de álbum titulado “In Absentia Christi”, que está popularizando el A-5 y donde hace unos meses me contaba en su tienda que los grupos que ficha no le piden digipack, eso se sobrentiende, sino que le piden directamente que les publique en A-5. Además, desde hace algún tiempo el diferencial de precio entre uno y otro se ha reducido enormemente (solía ser bastante más caro el digipack, de ahí normalmente su precio más alto), con lo que todavía está menos justificado no utilizarlo.

El menor peso: especialmente digipacks tradicionales, digifiles y digisleeves, con un libreto de acompañamiento de un número de páginas estándar, tiene un peso sensiblemente inferior al CD metido dentro de la caja de plástico. Y esto no es un tema banal, por una razón: las tarifas postales. Más allá de las tarifas planas de Amazon, y por supuesto pensando en grupos pequeños, que en muchos casos venden a través de su Bandcamp; o en distribuidoras pequeñas con unas pocas referencias, el peso importa y mucho. En España, la diferencia entre enviar al extranjero un CD en su digipack de 90 gramos o un CD en su caja de plástico, unos 130 gramos, es la diferencia entre pagar 2 euros o pagar 6. Así que para los grupos que piensan en exportar, al menos en España con esa línea roja de los 100 gramos, está claro cuál debería ser su elección.

Frente a ellas, ¿cuáles son las ventajas de la caja de plástico?

La estandarización, tanto a nivel de colocarse en esas maravillosas estanterías de Ikea, como a nivel de sustitución. Los defensores de la caja de plástico siempre argumentan que de esa forma, caja rota, caja repuesta.

La resistencia de la caja frente al mucho más frágil digipack, que enseguida muestra evidentes signos de uso, sin hablar de manchas, que se moje, etc. Esto obviamente es cierto, pero no es menos cierto que no tiene ningún sentido tener los digipacks sin protección cuando puedes conseguir 100, 200 ó 500 fundas protectoras a un precio irrisorio traídas de China, o bien gastarte un dinero interesante y comprar fundas japonesas de coleccionista a 1€ la funda. Como vemos, hay opciones para todos los bolsillos

Veredicto: el digipack gana por goleada. Sinceramente no entiendo cómo en 2016 se siguen publicando los CDs en cajas de plástico. Por favor, que los sellos discográficos entiendan que hoy en día el que compra CDs lo hace por coleccionismo, la música está disponible en muchos otros lugares más que en el CD. Hay que crear productos únicos que hagan que el comprador vea el beneficio de poseer algo diferencial. En mi caso, hace ya muchos muchos años, que sobre todo por razones de espacio, guardo mis CDs en álbumes o carpetas, y desecho todas las cajas de plástico, que suelen apreciar mis amigos. Y tengo que reconocer que hoy en día no hay nada que me motive menos a la hora de comprar un CD que saber que es caja de plástico, y así pasa, que a menos que sean ediciones cortas, tiendo a dejarlos pasar en favor de ediciones limitadas en digipack.

 

Digipack vs caja de plástico

Maxi-Pop: Angelic Upstarts “Solidarity”

Angelic Upstarts Solidarity

 

Para el oyente casual o accidental, los Maxi-Pop han podido ser considerados recopilaciones de música electrónica en sus más diversos estilos de finales de los 80 y primera mitad de los 90, cuando para mí Maxi-Pop es sinónimo de música independiente de calidad y como tal, podemos encontrar también estilos como el pop, el rock e incluso el punk; y en este último estilo es donde entran en escena Angelic Upstarts y su himno “Solidarity”.

Angelic Upstarts comenzaron, ¡cómo no!, en el año 77 en Inglaterra, luego nadie les puede discutir su pedigrí de pioneros del punk, y en concreto fueron uno de los primeros grupos en desarrollar un sub-estilo como es el oi! al tiempo que estéticamente se identificaban como skinheads, entendiendo como tal el movimiento original, no en la broma en la que ha acabado convertido a ambos extremos, y eso sin entrar en los estadios de fútbol.

Angelic Upstarts han sido siempre unos punks de clase obrera, skinheads y anti-fascistas, pero a diferencia de otros contemporáneos, más reivindicativos y menos nihilistas. En el año 1983 el Reino Unido pasaba por la reconversión industrial promovida por el gobierno de Margaret Thatcher, pero el tema atemporal por el que siempre serán recordados no trata sobre el movimiento sindical inglés, sino que mira más allá del Telón de Acero, hacia Polonia. Ese “Solidarity” se puede entender como solidaridad hacia los trabajadores polacos, que precisamente unos años antes habían conseguido fundar el primer sindicato en el área de influencia de la URSS, que precisamente se llamaba Solidaridad, “Solidarity” en inglés.

La portada del single, publicado en aquel año 83, presenta la bandera de Polonia junto a un tanque en el extremo inferior derecho de la misma, y el video combina imágenes de los integrantes del grupo junto con material informativo de la época, donde se ve a los miembros de Solidaridad manifestándose, liderados por el carismático Lech Walesa. Seamos sinceros, no es un tema punk al uso, es mucho más pausado e intenso, pero precisamente la definición de himno le viene como anillo al dedo, con una letra y sobre todo un estribillo genial para corear con un grupo de amigos tomando unas cervezas en tu pub favorito; o bien, como es costumbre en los Maxi-Pop, cerrando alguna sesión a últimas horas de la madrugada y con el penúltimo cubata en la mano.

Angelic Upstarts siguen hoy en día en pie, dando guerra, girando por el Reino Unido, por el resto de Europa y por USA, ahí donde les llamen, y no es extraño verles en la parte alta del cartel de muchos festivales centrados en el punk, el oi!, etc. y que sigan así por mucho tiempo.

 

El regreso de Guns N’ Roses y la tecnología

Guns N Roses Troubadour

 

A estas alturas todo aquel que alguna vez compró el “Appetite for Destruction”, muy posiblemente el mejor disco de debut de la historia de la música, sabe que tres quintas partes de los Guns N’ Roses originales, la última gran banda de hard rock capaz de llenar estadios, han vuelto. Y más que centrarnos en si faltan Izzy o Steven Adler, en hablar sobre los conciertos sentado de Axl o en su aventura paralela con AC/DC, vamos a examinar la vuelta desde el punto de vista tecnológico, que para eso este es un blog donde música y tecnología confluyen.

Empecemos, como no podía ser de otra manera, por el principio. A principios de 2016 Guns N’ Roses confirman para verano su gira “Not In This Lifetime Tour” por Estados Unidos y comienza la histeria, las quinielas sobre si la reunión es de los cinco miembros originales o sólo algunos de ellos. Izzy, pese a haber tocado con los AxlRoses de los últimos años en alguna ocasión, enseguida se desmarca de la reunión; y tanto Steven Adler como el que fuera su sustituto Matt Sorum no terminan de confirmar si alguno de ellos se situará detrás de la batería.

Los primeros conciertos, anunciados como “de calentamiento” tendrán lugar en Las Vegas en Abril y los precios van de los 79,50$ a los 350$ por entradas “normales” y de 649$ a 2.500$ las entradas VIP… y todas ellas se agotan en cuestión de unos pocos días. También anuncia la banda que formará parte del cartel del festival del moderneo por naturaleza, Coachella, ese evento donde la gente va a publicar sus modelitos en Instagram mientras toca algún grupo que ni conoce ni le interesa.

Pero el plato fuerte llega el 31 de Marzo, cuando los rumores que circulaban sobre un posible concierto “sorpresa” de GN’R al día siguiente en el Troubadour de Los Angeles, uno de los locales de Sunset Strip que les vio nacer, finalmente se confirman. Twitter se pone en marcha y en pocos minutos ya hay docenas de personas haciendo cola en la antigua tienda de Tower Records, mítica cadena de tiendas de discos para la que en su momento trabajaron tanto Slash como Axl, y que hoy en día es un showroom de la marca de guitarras Gibson. El concierto del Troubadour y los tickets en Tower Records a 10$ se viralizan en Twitter, y alguna entrada llega a ser ofrecida en sitios web de reventa de entradas a precios desorbitantes, pese a que son pulseras (una por persona de la cola) y no se pueden quitar de la muñeca sin romperlas.

Finalmente llega el día 1 de Abril (Día de los Inocentes en USA) y pasadas las 12 de la noche (se había advertido que saldrían en algún momento después de las 23h, que ya conocemos cómo las gasta Axl con los horarios) la banda sale a escena. A los afortunados que han conseguido sus boletos en la cola de Tower se les han unido toda la pléyade de famosos, top models y rockstars habituales de estos saraos en la Ciudad de los Ángeles. A esa hora (9 de la mañana de domingo en España) Twitter echa humo y GNR son trending topic en España. Comienzan a llegar las primeras fotos del show a Twitter y a Facebook, pese a que teóricamente no se puede entrar con móviles, cámaras, etc… pero ya sabemos que intentar controlar la tecnología es ponerle puertas al campos hoy en día. También se empieza a filtrar el repertorio que están interpretando, y al poco tiempo de terminar el concierto se puede ver completo en Setlist.fm
Y claro, en cuanto saltan al escenario queda clara cuál es la formación para este concierto, con Richard Fortus a la guitarra y Frank Ferrer a la batería, acompañando a Dizzy Reed a los teclados y una señorita desconocida tocando más teclados, que enseguida es identificada como Melissa Reese. Todos ellos acompañando por supuesto al trío original de Axl, Slash y Duff.

 

 

El siguiente concierto, el primero en Las Vegas, es todavías más tecnológicamente avanzado: las fotos y los videos se suceden, pero el gran protagonista, además de un Axl sentado como consecuencia de una caída en el anterior concierto, es Periscope. El concierto es retransmitido en directo por varios usuarios de la red social perteneciente a Twitter, y así, y gracias de nuevo a la diferencia horario con Europa, se puede ver el regreso por todo lo alto de los Guns a primera hora de la mañana. ¿Significa esto que Periscope va a arruinar los conciertos de GNR o de cualquier otra banda en el futuro como más de un agorero ha empezado a pronosticar? Para nada, porque lo que sirve es como una maravillosa herramienta de promoción para la banda, y mucha gente que mira el concierto en el formato vertical clásico de Periscope, con una imagen y sonidos semi-decentes, lo que están deseando es que esa misma banda confirme un concierto en su ciudad para poder disfrutar de esa misma experiencia en vivo.

Es increíble asimismo lo de setlist.fm actualizándose en tiempo real, gente en el propio estadio o siguiendo cualquier retransmisión en directo (quién dice Periscope dice Facebook live o cualquier otra app de live streaming), y por supuesto cientos de personas en todas partes del mundo tuiteando sobre cualquier aspecto del concierto: el trono de Axl, el repertorio, que si es la primera vez que Slash toca algún tema del “Chinese Democracy”, y así un largo etcétera; no nos equivoquemos: publicidad gratuita para la banda, que a estas alturas estoy seguro que cuenta con un potentísimo equipo de social media detrás encargados de avivar, y por supuesto monitorizar y analizar esta actividad.

Por fin llega Coachella y el pequeño genio llamado Angus Young se sube al escenario con Guns N’ Roses confirmando lo que ya es un hecho, que Axl estará con ellos en la gira europea, antes de comenzar la gira americana de GNR. Gira americana por estadios que comenzó en Detroit, con Alice in Chains de teloneros, y que ha sido catalogada por Live Nation como un gran éxito, pese a que algunos agoreros se quejen de que GNR no son capaces de llenar en Kansas City, Missouri un miércoles por la noche a más de 100$ de media el boleto. Y casi cada noche y cada día se suceden las noticias respecto a los Guns: el 6 de Julio Steven Adler por fin se sube con ellos de nuevo al escenario para tocar un par de temas en Cincinnati; Guns N’ Roses han confirmado tour por Latinoamérica para el otoño, lo cuál significa que Europa definitivamente queda para 2017 (así nos da tiempo a ahorrar); Guns N’ Roses abren un pop-up store en la tienda de Jon Varvatos del 315 de Bowery Street (recordemos, esa es la dirección del mítico CBGB), y un sinfín más de noticias.

Guns N’ Roses tardaron casi un año en conseguir alcanzar lo más alto del Billboard con “Appetite for Destruction”, publicado hace la friolera de 29 años, y que fue un álbum que durante más de año y medio sólo se podía comprar en España de importación, si lo encontrabas y a qué precio. Hoy en día, podemos ver a Axl y sus compañeros salir al escenario cada noche desde nuestro teléfono móvil; algunos pensarán que se ha perdido la magia, otros pensamos en cómo sacar todavía más partido de la tecnología, de ese monstruo que aparece en la censurada portada del icónico álbum.

 

Turismo musical

Turismo Musical

 

A raíz de un informe de UK Music, que es la organización que representa y hace lobby a favor de la industria de la música en directo en el Reino Unido, he querido hoy hablar del turismo musical, es decir, aquel cuyo objetivo principal es asistir a algún concierto o festival, y del que debo reconocer ser bastante asiduo.

El informe, titulado “Wish You Were Here”, como el conocido tema de Pink Floyd, habla de 3,1 billones de libras, es decir, unos 4.000 millones de euros, gastados en turismo musical en el Reino Unido durante 2014, y son cifras que llevan creciendo año tras año. Esta cifra incluye tanto a británicos viajando por el país, lo que podríamos denominar turismo musical nacional, como a extranjeros viajando a las islas para presenciar música en vivo. Y de estos últimos aporta unas cifras impresionantes: 546.000 visitantes, a una media de 751 libras de gasto por persona. Y es que la industria de la música en vivo aporta más de 38.000 puestos de trabajo a tiempo completo en el Reino Unido, país que hay que reconocer que cuenta con la más reconocida escena musical del directo en toda Europa, en casi cualquier género musical del que hablemos.

Sin dudas esos números se ven facilitados por los grandes festivales que tienen lugar en las islas durante todos el verano, y en los que los británicos fueron pioneros: desde los absolutamente míticos como Glastonbury o Reading, a algunos más nuevos que van naciendo y creciendo; y cómo no, a la gran cantidad de salas que programan música en directo a lo largo y ancho de su geografía, y no sólo en Londres. Curiosamente hace poco leía que YouTube, ¡cómo no, la tecnología!, estaba matando la música en directo. No hablaba tanto de asistencia a conciertos, sino a que hoy en día hay muchos artistas con un éxito descomunal sin haber tocado en directo en una sola ocasión. Yo soy de los que pienso que la música en directo goza de buena salud, y que la razón por la que a veces algunos conciertos no presentan un aforo adecuado es más bien por exceso de oferta, tanto de música como de grupos del estilo, que porque la gente no quiera ir a ver a grupos en directo y prefiera quedarse en casa viendo YouTube. De hecho pienso que la retransmisión de todos estos conciertos en streaming (el de ayer de Metallica, la noche anterior a la Superbowl, sin ir más lejos) lo que hacen es llevar todavía a más gente a los conciertos a disfrutar de esa misma experiencia.

 

 

Hoy en día debo reconocer que al menos en los estilos de música que acostumbro a escuchar, y que son fundamentalmente sobre los que escribo aquí, Alemania, Bélgica y Holanda le han ganado la partida a UK, tanto por cantidad y calidad de artistas, logística y facilidades, y también porque suele resultar bastante más económico que las islas. Pero hoy en día nunca sabes dónde te puedes encontrar el siguiente festival o concierto, y siempre recordaré las caras de mis amigos cuando comenté de montar un viaje a Rumanía porque eran las únicas fechas europeas de los genios Agalloch. Porque sí, hay muchas razones para salir de España a hacer turismo musical, y no necesariamente tiene que ser a un festival gigante en Inglaterra o Alemania. Puede ser un único concierto en un fin de semana que te permita visitar una ciudad y disfrutar de ese grupo que por las razones que sean no acaba nunca de tocar en España o en tu ciudad. Es más, tiene casi más sentido el turismo musical para gente que no viva en grandes ciudades, puesto que además de que allí es todavía más complicado ver música en directo, a veces por poco dinero más uno puede ir a una capital o ciudad europea, visitarla y verse el concierto favorito sin necesidad de acudir como siempre a Madrid o Barcelona. Y precisamente muchas ciudades españolas quizás no tienen demasiadas salas de conciertos, pero sí aeropuertos más o menos cercanos desde los que volar a Europa principalmente.

No es que dentro de España no hagamos turismo musical nacional, lo que pasa es que al menos por ahora no he encontrado ningún estudio económico sobre el mismo. En nuestro país los grandes festivales comenzaron a mediados de los 90 (aquel primer Festimad con Rage Against the Machine y Smashing Pumpkins, el famoso Dr Music en medio de los Pirineos), y me gustaría reconocer que somos de los más viajeros cuando se trata del turismo musical, rara vez he acudido a festivales o conciertos fuera de España y no me he encontrado ningún compatriota. Dentro de España quizás el caso de turismo musical más claro haya sido el FIB de Benicassim, que a través de los años ha ido perdiendo adeptos nacionales para ir ganando muchos más fans de fuera, particularmente británicos, atraídos por el proverbial sol, playa y alcohol al que en este caso se ha sumado la música a base de carteles espectaculares y que han situado a la localidad castellonense en el mapa de la música en directo. Creo que de todas formas es algo que España no ha conseguido explotar en toda su extensión, particularmente fuera de la época de verano, que por clima seríamos de los pocos países europeos en donde se podrían montar festivales al aire libre durante el invierno (obviamente en determinadas partes de nuestra geografía, no en todas).

 

 

Para los menos aventurados, una buena alternativa la encontramos dentro de nuestra misma península, puesto que Portugal tiene hoy en día una oferta musical excepcional dentro del tamaño del país, tanto de festivales como de conciertos en salas; y si a la cercanía el idioma, ya que casi todos los portugueses al menos chapurrean español, le añadimos los precios, tanto de la entrada como de los demás gastos aparejados (alojamiento, comida) nos encontramos con una buenísima opción y una gran excusa para visitar a nuestros vecinos portugueses.

Puedo sentirme afortunado de haber estado viajando casi 20 años ya a distintos festivales por toda Europa, que es casi el comienzo de casi cualquier turista musical; de ahí pasé a planes similares a los ya comentados, fines de semana más o menos largos viajando a destinos europeos para acontecimientos muy especiales, hasta llegar a incluso irme a Barcelona o Londres a mediodía y volver en el primer avión de la mañana siguiente y dormir en mi cama (como continuación a la cabezadita del avión). Y por supuesto cada vez que viajo, imprescindible intentar por lo menos hacerlo coincidir con algún acontecimiento musical relevante.

En cualquier caso y gracias a Internet hoy en día es fácil estar al tanto de toda la gira europea de cualquier artista (bien en su web o su Facebook o en sitios especializados como last.fm o Bandsintown), conseguir boletos de forma más o menos sencilla, y plantarse en cualquier ciudad europea y a disfrutar. Y si no tenemos tiempo o no somos capaces de cuadrarlo, siempre hay agencias que montan viajes organizados o incluso que te planifican cualquier viaje, incluyendo de turismo musical.

 

Artesanos de la autoproducción: La Broma Negra

 

La Broma Negra - Artesanos de la Autoproduccion

 

Hoy tengo el placer de hablar y presentar a este grupo con 25 años de historia a sus espaldas llamados La Broma Negra. Y la verdad es que considero una broma que tras semejante cantidad de años (con parón de más de 10 años incluido, eso sí), sea un grupo tan absolutamente desconocido, pero es verdad que ellos también han contribuido a ello. Para hacerse una idea, y teniendo 8 álbumes publicados, ni siquiera estaban creados en la base de datos de esa maravilla que es Discogs, así que dado que he adquirido buena parte de su discografía últimamente, me tocó crearlos.
Estos tíos (el núcleo del grupo, que son su cantante Carlos Caballero y su guitarrista Álex Gómez ) comenzaron a principio de los 90 haciendo un hard rock de corte comercial y con un look parecido a los The Cult de la época cantando en castellano, lo que quizás también les colocaba cerca de unos Héroes del Silencio.

 

 

Si habría algo que yo destacaría de esos primeros discos, que suenan frescos hoy en día, son las buenísimas letras de Caballero, una constante que se mantiene en el día de hoy. Con poca suerte, porque debían haber triunfado, y tras la publicación de dos grandes discos de hard rock que seguía las líneas de los grupos anteriormente mencionados, el grupo decide tomarse un descanso de 11 años, para volver en 2007 con “Envenenador de Manzanas” un disco que mezclaba rock con electrónica. A este seguiría otra buen álbum titulado “Cómo Aprendí a Amar a un Cocinero” y es tras este cuando viene el gran cambio, y es que el grupo publica “Las Joyas de la Princesa”, que no es sino una recopilación de temas incluidos en estos dos últimos álbumes completamente rehechos en formato totalmente electrónico. No se trata del típico álbum de remixes, sino de un cambio absoluto de hacer música rock a la música electrónica. Quiero pensar que tomando esa decisión el grupo perdió parte de su base de fans, cualquiera que esa fuera.

 

 

Y desde entonces han publicado tres discos con una muy buena regularidad y en realidad este es el grupo que yo he conocido y me encanta, aún reconociendo la calidad de sus álbumes antiguos con su sonido de entonces, que es otro estilo que me gusta mucho. Así pues, lo que podemos encontrar aquí son grandes melodías y enormes letras, todo aderezado con la inconfundible voz de Caballero haciendo de este cóctel una especie de Joan Manuel Serrat o Enrique Bunbury pasado por el synth con guitarras y atmósferas oscuras. Es un grupo que no se parece a nada ni a nadie, quizás una banda ochentera que hubiera descubierto electrónica más moderna y con un letrista que deja en ridículo al 90% de los compositores de este país, de cualquier estilo de música. Ahora el problema es el de siempre: como vender esta música o por lo menos llegar a tu potencial público. Y no se puede decir que no lo estén intentando, pues la cantidad de videoclips oficiales publicados en YouTube es enorme, no así el presupuesto destinado a cada uno de ellos, como es lógico. Además se puede escuchar gran parte de su discográfía en Spotify y en su Bandcamp, así que por ese lado están haciendo las cosas muy bien. No les ayuda el hecho de hacer una música tan particular, porque sí, deberían llegar a muy diferentes públicos, pero también te puede ocurrir que quedes como una rareza en medio de ningún lado y sólo conocidos y adorados por una minoría, que me temo que es su caso. Otra cosa sería que consiguieran colarse de teloneros de, por ejemplo, alguien como Mónica Naranjo, que tiene un público muy variado y que últimamente mezcla, de manera muy acertada a mi parecer, electrónica con rock más o menos duro.

 

 

Hace un par de semanas, La Broma Negra presentaba su reciente obra, “Amigos, Temo que Ya no Estemos en la Tierra” en Madrid. Y me encontré con una gran sorpresa, y fue un grupo con un directo sólido a prueba de bombas. Al duo fundador se les añade ahora una percusionista de look gótico y con la mitad de años que ellos, y un mago de las teclas, que gracias en parte a su forma de colocar su instrumento a la vista del público, mostró un trabajo soberbio y extenuante a los teclados. Dos horas de concierto en las que Caballero estuvo escandalosamente inspirado a la voz, y en las que repasaron tanto el disco que presentaban, como de forma extensa los dos anteriores “Déjanos la Luz Encendida” y “Desilusiones de Grandeza”; aunque en línea con lo que comentó Caballero “La Broma Negra no hace bises” no tocaron su canción para mí más comercial, “Las Chicas de El Corte Inglés”, y vuelvo al principio, esto parece ser la tónica del grupo, ir a su bola, hacer música comercial sin resultar comerciales, lo cuál me parece perfecto, y que por muchos años sigan regalándonos grandiosos temas estos artesanos de la producción, como a ellos mismos les gusta denominarse.

 

Los mejores discos de 2015 (segunda parte)

Mejores discos de 2015_Archivist_ST

 

Y bien, sin más dilación, y una vez explicado ya todo lo que había que contar sobre la lista y sobre 2015 en la primera parte, sólo recordar que este 2016 en el que ya nos encontramos pinta una vez más impresionante, con nuevos discos de los genios italianos Klimt1 918 y Novembre; los germanos Disillusion; es posible que Tool y Nine Inch Nails, en la parte más comercial, publiquen nuevas obras después de mucho tiempo; el nuevo ábum de Perturbator, el de Avantasia… aunque luego sean otros los que aparezcan en la lista de final de 2016.

Segunda parte de los mejores discos de 2015:

 

My Dying Bride “Feel The Misery”

 

 

Ghost Bath “Moonlover”

 

 

A Forest of Stars “Beware The Sword You Cannot See”

 

 

Dan Terminus “The Wrath Of Code”

 

 

Deafheaven “New Bermuda”

 

 

Khemmis “Absolution”

 

 

Archivist “Archivist”

 

 

Lychgate “An Antidote For The Glass Pill”

 

 

Baroness “Purple”

 

 

Paradise Lost “The Plague Within”

 

Los mejores discos de 2015 (primera parte)

Mejores discos de 2015_Kauan_Sorni Nai

 

Y bien, llegados a este punto, y como hago todos los años, intento repasar lo que ha sido el año a nivel musical, y creo que me repito igual que los años anteriores si digo que este ya pasado 2015 ha sido excepcional. Y es que la era de Internet nos está permitiendo conocer más grupos, de lugares más recónditos, poder escucharlos en cualquier momento y a través de cualquier dispositivo, poder comprarlos (fundamentalmente online, y en muchos casos directamente al grupo), poder apoyarlos en definitiva.

Esta no es una lista exhaustiva, e igual que todos los años tampoco está ordenada, son 20 álbumes que me recordarán siempre a este año, y que me han gustado mucho. Muchos los he ido compartiendo con mis amigos, o en algún foro, dónde también me han descubierto muchos de ellos. Muchos los he comprado ya, idealmente en ediciones limitadas, en digipacks,  como me gusta; otros están en la lista a la espera de encontrar el momento y el precio adecuado.

Me dejo alguno seguro, el año pasado se me olvidó incluir el de Impure Wilhelmina que estaba seguro en mi top5 del año, este año seguro que me olvido de algún otro crucial. No es en cualquier caso relevante, lo más importante es que 2016 sea igual de bueno que 2015. Hay muchos grupos nuevos, alguno repite de la lista de hace dos años como Deafheaven o Grave Pleasures (antes Beastmilk). Hay grupos clásicos que han sacado grandes discos este año, como Paradise Lost o, cuando yo ya no lo esperaba, Moonspell se sacaron de la manga su mejor disco desde el ya lejano “Irreligious”. La lista al mismo tiempo intenta recoger cierta diversidad musical, de ahí la inclusión de ese “The Wrath Of Code” de Dan Terminus como continuación a mi reciente entrada sobre el synthwave.

Al mismo tiempo, hay gran cantidad de álbumes que todavía no he escuchado con la suficiente atención y son de grupos consagrados que me encantan o grupos nuevos: el nuevo de Lacrimosa, que les vi presentar con motivo de los conciertos de su 25º aniversario; el de Coheed and Cambria, que estarán de nuevo en directo en sala en Madrid tras muchos años; el nuevo de Fear Factory, al que todavía no le he dado suficientes escuchas; el de los chinos Zuriaake; el de Vision Of Disorder, el de Toundra, que a lo mejor se me ha quedado a las puertas, igual que el de Exxasens, el post-rock nacional siempre de mucha calidad.

Sin más, y en dos entradas diferentes, para poder degustar como se merece, aquí está una lista de mejores discos de 2015:

 

Kauan “Sorni Nai”

 

 

Panopticon “Autumn Eternal”

 

 

Shape of Despair “The Monotony Fields”

 

 

Wiegedood “De Doden Heben Het Goed”

 

 

Envy “Atheist’s Cornea”

 

 

Amorphis “Under The Red Cloud”

 

 

Sorcerer “In The Shadow Of The Inverted Cross”

 

 

NRCSSST “Schizophrenic Art”

 

 

Grave Pleasures “Dreamcrash”

 

 

Moonspell “Extinct”

 

La explosión del synthwave

Retro Synthwave Perturbator

 

La entrada de hoy está dedicada a un movimiento musical que lleva un tiempo emergiendo desde el underground y que está dando lugar a la explosión de un nuevo estilo que podemos denominar synthwave, pero al que se le conoce también con muchos otras denominaciones diferentes: darksynth, retro futuristic, synth soundtrack, futuresynth, retro synthwave, outrun (traducido como “música de persecución”), etc. Y bien, ¿de qué hablamos en esta ocasión? Pues de música electrónica, en la mayor parte de los casos instrumental, que tiene su origen en los 80s en dos vertientes: por un lado la musical, puesto que la música está compuesta a base de emuladores de sintetizadores antiguos; por el otro lado, la estética también es decididamente retro, en las portadas, en los videos de YouTube, en el poco merchandising disponible. Al final todo viene a ser como meter en una coctelera a Jan Hammer, Jean Michel Jarre, la música y estética de Blade Runner, algo de manga japonés, un poco de Miami Vice y las máquinas de videojuegos de los 80s, bien de coches o de destrucción.

¿De dónde ha salido todo esto? Pues básicamente de dónde sale ahora muchísima de la nueva música aunque esta tenga ese aire retro: de los ordenadores de individuos dedicando muchas horas de su tiempo a aprender como manejar el software que hace posible crear esta música. ¿Y dónde se encuentra esa escena? Pues como ocurre hoy en día con muchos de estos movimientos, esta es una escena global, con los artistas (en este caso denominados productores) diseminados por todo el planeta; no podemos hablar que esté concentrado en algunos países o incluso continente, puesto que hay productores en Estados Unidos, Europa y Asia (y no sólo en Japón como inicialmente yo podría imaginar). Si tuviera que hablar de un epicentro probablemente se trataría de Francia, puesto que ahí es dónde parece que el número de artistas y su importancia está creciendo exponencialmente. ¿Y cómo se ha propagado esta fiebre por este estilo? Pues por los canales habituales: YouTube, plagado de cutre-videos con aire ochentero; Bandcamp, con infinitas bandas y sellos que tan sólo publican su música en esta plataforma; y tratándose de electrónica, también Soundcloud contiene bastante música synthwave; y luego por supuesto los gigantes Spotify, Apple Music, y demás servicios de streaming también la distribuyen. Y fuera de los canales puramente musicales, a través de los videojuegos, que la incluyen en muchos casos como banda sonora de los mismos; y de los propios gamers, que han hecho de esta música uno de sus estilos preferidos.

 

 

¿Y el formato físico que tanto nos gusta a algunos? Pues por ahora ciertamente escaso, ya que en muchos casos tanto artistas como sellos prefieren utilizar exclusivamente Bandcamp para la distribución digital. Si bien hay algún sello como TeleFuture, que produce y distribuye en CD a sus artistas, y algún otro productor ha publicado sus trabajos en CD o incluso en vinilo. Pero todo cambió hace unos meses con la entrada del sello Blood Music en escena. Este es el sello especializado en metal que ha publicado algunos de los proyectos más ambiciosos en el underground metalero y han entrado en el synthwave como sólo su dueño sabe hacerlo, por la puerta grande. Así, en los últimos meses han re-editado toda la discografía de Perturbator, al que han convertido en una de las caras reconocibles del género, y publicado otros álbumes de gran calidad como el “The Wrath of Code” de Dan Terminus, quizás mi álbum favorito de lo que llevo escuchado de esta música, o el “Behemoth” de GosT. Y como siempre tratándose de Blood Music, el proyecto ha sido a lo grande: digipacks para los CDs, vinilos de color super-limitados, incluyendo algunos que brillan en la oscuridad (“glow in the dark” en el argot), y que se han agotado al poco tiempo de ponerse a la venta, a 30€ + gastos de envío cada uno. NewRetroWave, que es una de los sitios de Internet alrededor de los cuáles gira esta escena, con su combinación de blog, canal de Youtube, juegos y tienda, ha publicado en los últimos meses su primer recopilatorio en vinilo, que se ha agotado al poco de ponerse a la venta, pese a no venderse en ninguna tienda sino únicamente online.

 

 

¿Y estos artistas actúan en directo o están todos los días detrás de sus ordenadores creando nuevos álbumes cada mes?
Pues precisamente ha sido también Blood Music la que hasta el momento ha lanzado uno de los festivales más exitosos de synthwave, este pasado verano en Helsinki, donde viajó gente de toda Europa para disfrutar del “directo” de los tres artistas de synthwave de la casa. Y al parecer ya hay planes de repetir el evento en París en Marzo, teniendo además en cuenta que Perturbator (nombre real: James Kent, hijo del periodista británico Nick Kent, conocido en los 70s y los 80s por sus artículos para New Musical Express) y Dan Terminus son franceses. También parece que en Rusia hay hambre de este tipo de música, puesto que en YouTube hay recogidas algunas actuaciones en directo, y tiene cierto sentido puesto que un país enorme y con un clima como este consume mucha música a través de Internet (el post-rock es también uno de los géneros emergentes en Rusia, algo tienen los rusos con la música instrumental). En cualquier caso, lo del directo hay que tomarlo dentro del contexto de música electrónica, similar a lo que hacen los DJs más conocidos.

Es interesante cómo estos movimientos, que antiguamente habrían quedado relegados a los ordenadores y cassettes (por supuesto otro de los formatos favoritos del género) de sus creadores, gracias a Internet y al efecto red pueden convertirse en fenómenos globales, y desde luego la combinación de música electrónica, los elementos ochenteros, que en muchos casos siguen trayendo buenos recuerdos a aquellos que tuvimos la suerte de vivir por lo menos parte de aquella época, y el auge de los videojuegos, garantizan que esta música tiene mucho futuro por delante. Y que con un marketing adecuado, sin necesidad de llegar al hype que acompaña todo lo que rodea a Perturbator y a Blood Music en general, se pueden conseguir muy buenos resultados. Supongo que además esto estará llegando a los clubes de todo el mundo mezclado con música ochentera, industrial y con sus claros lazos con el metal, con el comparte parte de su imagenería (y no sólo eso, Perturbator aparece en muchos casos con camisetas de grupos de black metal y parece que es además guitarrista), no es de extrañar que el género siga ganando adeptos. Esperemos que en algún momento esto llegue también a España puesto que por ahora no he conseguido encontrar artistas patrios y siempre es interesante empezar a desarrollar alguna escena local, y no será porque la música electrónica en general no esté firmemente implantada por aquí.

Y para finalizar, la perfecta mezcla de synthwave y metal:

 

La evolución en la venta de las entradas y el caso de Ticketmaster

 

Ticketmaster

 

Me gustaría en esta entrada hablar de la evolución que han sufrido las entradas de los conciertos, que no es un detalle nimio habida cuenta de la importancia que en la tarta de ingresos de los artistas va cobrando cada vez más el directo; y si bien estamos observando que los ingresos por música grabada han frenado la sangría gracias al incremento del streaming, es la música en directo la que continúa creciendo en casi todos los estilos musicales, y sólo hay que echar un vistazo a las guías de conciertos de nuestras ciudades para darse cuenta de ello.

Hoy me quiero centrar en hablar de las entradas en sí mismas, y no tanto en su precio, que puede tranquilamente ocupar un post entero por sí mismo. En primer lugar al hablar de entradas cabría hablar del aspecto físico de las mismas, y todavía recuerdo cuando los rockeros empezamos a acudir a retirar entradas a los puntos de venta y empezamos a recibir, en vez de una entrada en cartoncito o papel más o menos grueso, un papel impreso que te sacaba en el momento una impresora y que las primeras veces hizo que se te cayera el alma a los pies. Este papelajo no era digno de aparecer en mi colección junto a las entrañables entradas coleccionadas durante todos esos años. Grupos míticos en salas ya desaparecidas, artistas que ya no existen y que fueron parte integral de mejores épocas, grupos que aparecían de teloneros para al cabo de los años estar en lo más alto . ¿Qué mejor sensación había que llegar a un garito de copas rockero y ver enmarcadas docenas de entradas de conciertos pasados? Con eso sabías que el tío de la cabina era competente, incluso aunque luego tuviera que pinchar un poco de todo para satisfacer al personal congregado.

Es más, estoy convencido que si Madrid Rock hubiera decidido cobrar los abusivos gastos de distribución que se estilan hoy en día (lo dicho, más de esto próximamente) seguro que hubiera podido subsistir; quizás no en plena Gran Vía, pero si en algún punto cercano; y con el retorno del vinilo ya tendría dos palancas desde luego en las que apoyarse. ¡Qué cantidad de entradas se debieron vender en aquella planta de arriba de la tienda!, ¡y sin gastos de distribución! Hoy en día todavía existen puntos de venta de entradas en formato físico que van más allá de aquellos en los que simplemente te entregan la misma entrada que puedes imprimirte tú en casa. Y además en muchos casos estas tiendas no cobran gastos adicionales de distribución, sino que utilizan las entradas para atraer gente al punto de venta y de esa forma poderles vender otros productos, normalmente música en formato físico o merchandising, cada vez más variado en otro intento de diversificación.

Es verdad que al menos en España las entradas de Ticketmaster no son tan confusas como en Estados Unidos, donde incluso algún chico estudiante de diseño gráfico ha tenido que decirle al gigante de las entradas cómo diseñar correctamente unas entradas decentes , pero lo del papelito en blanco y negro de la impresora tiene tela. Eso cuando no es directamente el folio que tú te has impreso, claro.
Es curioso que siendo Ticketmaster la compañía dominante en el sector sea de hecho la más cutre de todas, ya que por ejemplo en 2015 todavía no ofrece la posibilidad de llevar las entradas en el móvil, lo cuál en mi opinión resulta inaudito. Así, prefiero siempre las entradas de Ticketea o de Entradium pero no siempre es posible elegir, puesto que sobre todo los conciertos grandes sólo se ofertan a través del gigante. Que Ticketmaster tiene una postura dominante en el sector en USA y en la mayoría de los países europeos es por sí mismo triste, puesto que ya hace 20 años Pearl Jam trataron de luchar contra el gigante, en una batalla que se puede mirar de muchas formas pero que claramente la banda, en la cresta de su popularidad, no ganó. En Europa Ticketmaster lo que ha hecho ha sido básicamente comprar el operador dominante en cada país, que aquí era TickTackTicket (bastante penoso también, por cierto) y a partir de ahí ir estandardizando sus diversas websites de cada país, especialmente en lo que se refiere al idioma.

 

 

Recuerdo la primera vez que compré entradas que se podían llevar en el móvil, uno de mis amigos de los que asiste a docenas de conciertos al año me dijo “¿pero es que ya ni siquiera vamos a tener un papel de recuerdo?”. Y yo pensé “si es que para que te den ese papel, es mejor llevarlo en el móvil, eso siempre te lo puedes imprimir y guardarlo”. Y para algo más importante que no pensé en su momento, y es que hoy en día no tiene sentido comprar una entrada en un punto de vista físico (FNAC, Halcón Viajes, Carrefour, etc.) porque si la pierdes, no hay forma de recuperarla. Me pasó en el concierto de hace unos meses de The Twilight Sad (por cierto, grupo recomendadísimo, vienen de teloneros de The Cure en Noviembre de 2016). Compré la entrada en la FNAC con mi tarjeta de crédito unas semanas antes y por una vez no la puse en el sitio habitual de las entradas sino en otro; y bien, llegó el día del concierto y la entrada no apareció. Claro, al haberla comprado en una tienda física y sin usuario no podía imprimírmela de nuevo, llamé a Ticketmaster y me dijeron que no podían hacer nada, porque ellos no tenían el número de mi tarjeta de crédito como comprobante, así que me tocó comprar la entrada de nuevo en puerta. Lección aprendida: no vuelvo a comprar una entrada en punto físico.

La última con Ticketmaster también tiene miga: a lo largo del proceso de compra, la aplicación te pregunta si quieres recogerla en un punto físico o imprimirla por tu cuenta. Compré entradas de Coheed & Cambria para su concierto de Enero (ya era hora que volvieran, por cierto) y tenía pensado ir a la FNAC al día siguiente, así que pensé “la retiro, aunque sólo sea por rememorar viejos tiempos”. ¡Error! Porque finalmente no pude ir ese día y ahora me encuentro con que Ticketmaster no me permite revertir mi elección, es decir, por narices me tengo que acercar a un punto de venta. ¿Tan difícil es implantar la opción de “he decidido que finalmente me la imprimo yo mismo?” Pues para estos señores, que no deben ir a un concierto en su vida, parece que sí.

Por otro lado, al lado de todas esas desventuras con el gigante Ticketmaster debo decir que cada vez que pruebo un nuevo sistema, bien sea Ticketea, Entradium, o incluso algunos más desconocidos, el proceso de compra es absolutamente impecable, las entradas se guardan en el passbook del iPhone sin problemas,  podría volver a bajarlas cuantas veces quisiera, pago con PayPal (que no permite Ticketmaster), compra fácil desde el móvil (utopía con Ticketmaster) etc etc… es decir, lo que se espera de un servicio de entradas en 2016. A partir de ahora me pongo a escribir una nueva entrada sobre el precio de las entradas y los gastos de administración, que esa sí que va a ser divertida, todos los despropósitos de Ticketmaster respecto a las entradas se quedan cortos si lo comparamos con la parte crematística. Reto: publicarlo antes del final de 2015.