Artesanos de la autoproducción: La Broma Negra

 

La Broma Negra - Artesanos de la Autoproduccion

 

Hoy tengo el placer de hablar y presentar a este grupo con 25 años de historia a sus espaldas llamados La Broma Negra. Y la verdad es que considero una broma que tras semejante cantidad de años (con parón de más de 10 años incluido, eso sí), sea un grupo tan absolutamente desconocido, pero es verdad que ellos también han contribuido a ello. Para hacerse una idea, y teniendo 8 álbumes publicados, ni siquiera estaban creados en la base de datos de esa maravilla que es Discogs, así que dado que he adquirido buena parte de su discografía últimamente, me tocó crearlos.
Estos tíos (el núcleo del grupo, que son su cantante Carlos Caballero y su guitarrista Álex Gómez ) comenzaron a principio de los 90 haciendo un hard rock de corte comercial y con un look parecido a los The Cult de la época cantando en castellano, lo que quizás también les colocaba cerca de unos Héroes del Silencio.

 

 

Si habría algo que yo destacaría de esos primeros discos, que suenan frescos hoy en día, son las buenísimas letras de Caballero, una constante que se mantiene en el día de hoy. Con poca suerte, porque debían haber triunfado, y tras la publicación de dos grandes discos de hard rock que seguía las líneas de los grupos anteriormente mencionados, el grupo decide tomarse un descanso de 11 años, para volver en 2007 con “Envenenador de Manzanas” un disco que mezclaba rock con electrónica. A este seguiría otra buen álbum titulado “Cómo Aprendí a Amar a un Cocinero” y es tras este cuando viene el gran cambio, y es que el grupo publica “Las Joyas de la Princesa”, que no es sino una recopilación de temas incluidos en estos dos últimos álbumes completamente rehechos en formato totalmente electrónico. No se trata del típico álbum de remixes, sino de un cambio absoluto de hacer música rock a la música electrónica. Quiero pensar que tomando esa decisión el grupo perdió parte de su base de fans, cualquiera que esa fuera.

 

 

Y desde entonces han publicado tres discos con una muy buena regularidad y en realidad este es el grupo que yo he conocido y me encanta, aún reconociendo la calidad de sus álbumes antiguos con su sonido de entonces, que es otro estilo que me gusta mucho. Así pues, lo que podemos encontrar aquí son grandes melodías y enormes letras, todo aderezado con la inconfundible voz de Caballero haciendo de este cóctel una especie de Joan Manuel Serrat o Enrique Bunbury pasado por el synth con guitarras y atmósferas oscuras. Es un grupo que no se parece a nada ni a nadie, quizás una banda ochentera que hubiera descubierto electrónica más moderna y con un letrista que deja en ridículo al 90% de los compositores de este país, de cualquier estilo de música. Ahora el problema es el de siempre: como vender esta música o por lo menos llegar a tu potencial público. Y no se puede decir que no lo estén intentando, pues la cantidad de videoclips oficiales publicados en YouTube es enorme, no así el presupuesto destinado a cada uno de ellos, como es lógico. Además se puede escuchar gran parte de su discográfía en Spotify y en su Bandcamp, así que por ese lado están haciendo las cosas muy bien. No les ayuda el hecho de hacer una música tan particular, porque sí, deberían llegar a muy diferentes públicos, pero también te puede ocurrir que quedes como una rareza en medio de ningún lado y sólo conocidos y adorados por una minoría, que me temo que es su caso. Otra cosa sería que consiguieran colarse de teloneros de, por ejemplo, alguien como Mónica Naranjo, que tiene un público muy variado y que últimamente mezcla, de manera muy acertada a mi parecer, electrónica con rock más o menos duro.

 

 

Hace un par de semanas, La Broma Negra presentaba su reciente obra, “Amigos, Temo que Ya no Estemos en la Tierra” en Madrid. Y me encontré con una gran sorpresa, y fue un grupo con un directo sólido a prueba de bombas. Al duo fundador se les añade ahora una percusionista de look gótico y con la mitad de años que ellos, y un mago de las teclas, que gracias en parte a su forma de colocar su instrumento a la vista del público, mostró un trabajo soberbio y extenuante a los teclados. Dos horas de concierto en las que Caballero estuvo escandalosamente inspirado a la voz, y en las que repasaron tanto el disco que presentaban, como de forma extensa los dos anteriores “Déjanos la Luz Encendida” y “Desilusiones de Grandeza”; aunque en línea con lo que comentó Caballero “La Broma Negra no hace bises” no tocaron su canción para mí más comercial, “Las Chicas de El Corte Inglés”, y vuelvo al principio, esto parece ser la tónica del grupo, ir a su bola, hacer música comercial sin resultar comerciales, lo cuál me parece perfecto, y que por muchos años sigan regalándonos grandiosos temas estos artesanos de la producción, como a ellos mismos les gusta denominarse.

 

La explosión del synthwave

Retro Synthwave Perturbator

 

La entrada de hoy está dedicada a un movimiento musical que lleva un tiempo emergiendo desde el underground y que está dando lugar a la explosión de un nuevo estilo que podemos denominar synthwave, pero al que se le conoce también con muchos otras denominaciones diferentes: darksynth, retro futuristic, synth soundtrack, futuresynth, retro synthwave, outrun (traducido como “música de persecución”), etc. Y bien, ¿de qué hablamos en esta ocasión? Pues de música electrónica, en la mayor parte de los casos instrumental, que tiene su origen en los 80s en dos vertientes: por un lado la musical, puesto que la música está compuesta a base de emuladores de sintetizadores antiguos; por el otro lado, la estética también es decididamente retro, en las portadas, en los videos de YouTube, en el poco merchandising disponible. Al final todo viene a ser como meter en una coctelera a Jan Hammer, Jean Michel Jarre, la música y estética de Blade Runner, algo de manga japonés, un poco de Miami Vice y las máquinas de videojuegos de los 80s, bien de coches o de destrucción.

¿De dónde ha salido todo esto? Pues básicamente de dónde sale ahora muchísima de la nueva música aunque esta tenga ese aire retro: de los ordenadores de individuos dedicando muchas horas de su tiempo a aprender como manejar el software que hace posible crear esta música. ¿Y dónde se encuentra esa escena? Pues como ocurre hoy en día con muchos de estos movimientos, esta es una escena global, con los artistas (en este caso denominados productores) diseminados por todo el planeta; no podemos hablar que esté concentrado en algunos países o incluso continente, puesto que hay productores en Estados Unidos, Europa y Asia (y no sólo en Japón como inicialmente yo podría imaginar). Si tuviera que hablar de un epicentro probablemente se trataría de Francia, puesto que ahí es dónde parece que el número de artistas y su importancia está creciendo exponencialmente. ¿Y cómo se ha propagado esta fiebre por este estilo? Pues por los canales habituales: YouTube, plagado de cutre-videos con aire ochentero; Bandcamp, con infinitas bandas y sellos que tan sólo publican su música en esta plataforma; y tratándose de electrónica, también Soundcloud contiene bastante música synthwave; y luego por supuesto los gigantes Spotify, Apple Music, y demás servicios de streaming también la distribuyen. Y fuera de los canales puramente musicales, a través de los videojuegos, que la incluyen en muchos casos como banda sonora de los mismos; y de los propios gamers, que han hecho de esta música uno de sus estilos preferidos.

 

 

¿Y el formato físico que tanto nos gusta a algunos? Pues por ahora ciertamente escaso, ya que en muchos casos tanto artistas como sellos prefieren utilizar exclusivamente Bandcamp para la distribución digital. Si bien hay algún sello como TeleFuture, que produce y distribuye en CD a sus artistas, y algún otro productor ha publicado sus trabajos en CD o incluso en vinilo. Pero todo cambió hace unos meses con la entrada del sello Blood Music en escena. Este es el sello especializado en metal que ha publicado algunos de los proyectos más ambiciosos en el underground metalero y han entrado en el synthwave como sólo su dueño sabe hacerlo, por la puerta grande. Así, en los últimos meses han re-editado toda la discografía de Perturbator, al que han convertido en una de las caras reconocibles del género, y publicado otros álbumes de gran calidad como el “The Wrath of Code” de Dan Terminus, quizás mi álbum favorito de lo que llevo escuchado de esta música, o el “Behemoth” de GosT. Y como siempre tratándose de Blood Music, el proyecto ha sido a lo grande: digipacks para los CDs, vinilos de color super-limitados, incluyendo algunos que brillan en la oscuridad (“glow in the dark” en el argot), y que se han agotado al poco tiempo de ponerse a la venta, a 30€ + gastos de envío cada uno. NewRetroWave, que es una de los sitios de Internet alrededor de los cuáles gira esta escena, con su combinación de blog, canal de Youtube, juegos y tienda, ha publicado en los últimos meses su primer recopilatorio en vinilo, que se ha agotado al poco de ponerse a la venta, pese a no venderse en ninguna tienda sino únicamente online.

 

 

¿Y estos artistas actúan en directo o están todos los días detrás de sus ordenadores creando nuevos álbumes cada mes?
Pues precisamente ha sido también Blood Music la que hasta el momento ha lanzado uno de los festivales más exitosos de synthwave, este pasado verano en Helsinki, donde viajó gente de toda Europa para disfrutar del “directo” de los tres artistas de synthwave de la casa. Y al parecer ya hay planes de repetir el evento en París en Marzo, teniendo además en cuenta que Perturbator (nombre real: James Kent, hijo del periodista británico Nick Kent, conocido en los 70s y los 80s por sus artículos para New Musical Express) y Dan Terminus son franceses. También parece que en Rusia hay hambre de este tipo de música, puesto que en YouTube hay recogidas algunas actuaciones en directo, y tiene cierto sentido puesto que un país enorme y con un clima como este consume mucha música a través de Internet (el post-rock es también uno de los géneros emergentes en Rusia, algo tienen los rusos con la música instrumental). En cualquier caso, lo del directo hay que tomarlo dentro del contexto de música electrónica, similar a lo que hacen los DJs más conocidos.

Es interesante cómo estos movimientos, que antiguamente habrían quedado relegados a los ordenadores y cassettes (por supuesto otro de los formatos favoritos del género) de sus creadores, gracias a Internet y al efecto red pueden convertirse en fenómenos globales, y desde luego la combinación de música electrónica, los elementos ochenteros, que en muchos casos siguen trayendo buenos recuerdos a aquellos que tuvimos la suerte de vivir por lo menos parte de aquella época, y el auge de los videojuegos, garantizan que esta música tiene mucho futuro por delante. Y que con un marketing adecuado, sin necesidad de llegar al hype que acompaña todo lo que rodea a Perturbator y a Blood Music en general, se pueden conseguir muy buenos resultados. Supongo que además esto estará llegando a los clubes de todo el mundo mezclado con música ochentera, industrial y con sus claros lazos con el metal, con el comparte parte de su imagenería (y no sólo eso, Perturbator aparece en muchos casos con camisetas de grupos de black metal y parece que es además guitarrista), no es de extrañar que el género siga ganando adeptos. Esperemos que en algún momento esto llegue también a España puesto que por ahora no he conseguido encontrar artistas patrios y siempre es interesante empezar a desarrollar alguna escena local, y no será porque la música electrónica en general no esté firmemente implantada por aquí.

Y para finalizar, la perfecta mezcla de synthwave y metal:

 

Bandcamp, la plataforma de contacto entre artistas y fans

Bandcamp_logo

 

Hoy toca hablar de Bandcamp (BC), un servicio de streaming que no es Spotify ni el famoso Apple Music, sino la mejor herramienta que tienen hoy en día los artistas nuevos, pequeños y que se mueven por el underground, para hacer llegar su música a los pocos o muchos fans que tengan. Mucho hablan los gurús cuando se refieren al streaming de los nombrados gigantes sobre cómo hacer para conseguir buenas recomendaciones y conseguir promocionar a nuevos artistas, y ya podrían aprender más de BC o por lo menos dedicarle algo más de atención, que la merece. Y en cualquier lugar, y como dice su CEO Ethan Diamond, Bandcamp es el lugar donde los que aman la música pueden apoyar las carreras de aquellos artistas que les gustan.

¿Qué es Bandcamp? Pues como siempre, la definición es difícil, o es una mezcla de muchas cosas, pero para mí la mejor definición es que mientras Spotify es un servicio de streaming para consumidores, BC es un servicio de streaming para músicos. ¿Y qué ofrece BC a los músicos? Pues contacto directo con sus fans, fundamentalmente: por un lado, la posibilidad de tener un lugar donde poder subir sus canciones de forma gratuita sin necesidad de tener un dominio web, servidores con un buen ancho de banda, y un lugar al cuál acude mucha gente a escuchar artistas nuevos; y en segundo lugar la posibilidad de poder disponer de una tienda online de muy fácil manejo. Es decir, el objetivo de esta plataforma es que el dinero de los fans vaya directo a los músicos.

Para el usuario consumidor de música, hay dos formar de aterrizar en Bandcamp: o bien llegar a través de un enlace que has pinchado en cualquier web, red social, etc. o bien irte a la página principal de BC y empezar a escuchar recomendaciones. Como usuario tiene mucho más sentido que te registres porque así puedes, por un lado, comprar música; y por otro, las recomendaciones son personalizadas para tí. Además que con un usuario, BC te sirve adicionalmente como red social pues te permite seguir a tus artistas favoritos, a otros usuarios con gustos similares a los tuyos, escuchar tus compras en la app, etc.

Al músico, además, Bandcamp le permite personalizar su espacio web con imágenes y añadir links, con lo que para mí, en muchos casos BC actúa como el único lugar donde los músicos necesitan tener subida su música y ahí dirigir a sus fans. El músico puede ordenar sus diferentes lanzamientos, jugar en definitiva en cómo presenta su música y, como he comentado, además de música puede tener una tienda online. Así, en el BC standard de cualquier artista solemos encontrar dos pestañas arriba, la de música y la de merchandising, es decir, donde vender digital y donde vender formato físico. En la pestaña de música el escuchar es gratis, es decir, tú puedes como usuario streamear (en breve en el diccionario de la R.A.E. mientras tanto disculpas por el anglicismo) cuanta música quieras. Empiezas a pagar en el momento en que quieres bajarte esa música en formato digital (en el formato que quieras, incluidos los de sin pérdida de fidelidad) y por supuesto si quieres comprar música en formato físico. A diferencia de otras plataformas de venta de música como iTunes, el precio de la música no es unitario, es decir, cada artista decide a qué precio vende cada canción o cada álbum completo; encuentras de esta forma muchos artistas que ofrecen su música “name your price”, es decir, paga lo que quieras; y si bien el típico oyente casual piensa que entonces nadie va a pagar, hay mucha gente que paga aún pudiéndolo tener gratis, porque saben que de esa manera el artista puede continuar creando. En cuanto a vender en formato físico, desde el punto de vista de usuario siempre lo he encontrado facilísimo: claros los gastos de envío ya predeterminados en función del país, perfecta integración con PayPal… desde luego no puede ser más fácil comprar ahí, con la ventaja, como en las grandes tiendas, que una vez comprado puedes bajar la música en el formato que quieras para consumo inmediato.

¿Cuál es el modelo de negocio de Bandcamp? BC, al menos hasta donde yo conozco, no cobra a los artistas por el modelo básico que hasta ahora he comentado, aunque eso le supone una gran inversión en servidores y ancho de banda. BC lo que sí que cobra es una comisión del 20% sobre cualquier venta hecha a través de su plataforma. Actualmente, en su portada BC declara que ha ayudado a los artistas a facturar 119 millones de US$, más de 3 de ellos en el último mes, es decir, que como todos estos servicios, esto va cogiendo cierta tracción. A mí desde luego me encanta y me veo comprando cada vez más allí, pues en muchos casos de grupos o de sellos muy pequeños, este es el único lugar donde encontrar sus lanzamientos en formato físico.

¿Por qué alguien subiría su música a Bandcamp antes que a Spotify? Pues en primer lugar, porque para tener tu música en Spotify tienes que tener un sello discográfico o pagar por una publicación digital. En segundo lugar, si tú vas a llevar a alguien a algún sitio a escuchar tu música, mucho mejor BC: no tiene anuncios, la página es únicamente tuya y puede estar personalizada, no recomienda a tu fan nada más dentro de tu página ni va a ver anuncios, y además puede comprar merchandising tuyo o de allí ir a otras páginas (¿quizás tu Facebook?) que hayas enlazado en tu BC. Es verdad que BC no te paga como lo hace Spotify pero si eres un artista que empieza, tu preocupación no debería ser el conseguir con suerte 5$ al mes en royalties, sino el mayor número de oyentes y de fans posibles.

Para las discográficas pequeñas también tiene sentido montar una página de Bandcamp antes que montar una tienda en su propia web, pese a que cada vez sea más fácil hacerlo. De esta forma con un BC pueden tener toda la música de todos tus artistas y vender diverso merchandise. En esta última categoría BC está compitiendo con BigCartel, pero la ventaja de BC es que ofrece música y merchandising juntos, mientras que Big Cartel es simplemente una plataforma de e-commerce para venta de artículos físicos. Recientemente Bandcamp ha conseguido que muchas discográficas independientes de buen nivel como Epitaph, Sub-Pop o una de mis favoritas, Relapse, hayan establecido sus propias páginas en Bandcamp, probablemente influenciadas por todos sus grupos que ya disponían de una.

Además de todo esto, Bandcamp ofrece a los músicos muchos más servicios adicionales, imprescindibles hoy en día: de dónde vienen tus streamings, qué canciones son las más escuchadas, cuánta gente ha pasado a la siguiente canción, es decir, una cantidad de analítica que el artista puede utilizar sin duda en su beneficio a poco interés que tenga. Como no soy artista ni tengo mi propio BC no tengo claro cuáles de esos servicios son de pago y cuáles son gratuitos, pero me imagino que como todo, lo mejor es disponer de opciones, y hasta he leído que los artistas pueden integrar video. Así pues, grandísima herramienta y plataforma, con cada vez más artistas y cada vez más consumidores, y que debería permanecer durante muchos años como el mejor soporte para apoyar a nuevos y no tan nuevos artistas.

 

Primeras impresiones de Apple Music

ARCHIV - ILLUSTRATION - Ein Kopfhörer umgibt am 11.06.2015 in Erfurt (Thüringen) ein iPhone mit dem Schriftzug "Apple Music". Photo by: Sebastian Kahnert/picture-alliance/dpa/AP Images

 

Y bien, a punto de cumplir su primer mes de vida, es buen momento para hacer un pequeño repaso sobre el controvertido Apple Music.

En primer lugar, y para los más despistados, ¿qué es Apple Music? Pues por encima de todo, un servicio de streaming de música, con un catálogo de unos 30 millones de canciones y que por un precio de 9.99$ ó 9.99€ al mes puede ser todo tuyo. Añade además servicios de curación (palabro que en castellano supongo que no existe como tal, y que viene a equivaler a recomendación), y una especie de radio denominada Beats1.

¿Por qué lo de controvertido? Pues por varias razones:
En primer lugar, por el ya famoso anuncio de Apple que le hizo ponerse a gran parte de la industria independiente en su contra, ya que anunciaron que los tres meses gratis que disfrutarían los usuarios no correrían de cuenta de una compañía que acumula billones de dólares en el banco, sino sobre las espaldas de los sufridos artistas, que serían los que dejarían de cobrar sus fracciones de céntimo por reproducción durante esa fase inicial. En esto surgió la defensora de los artistas desamparados, también conocida como Taylor Swift, que igual que hizo con Spotify, decidió despacharse a gusto contra Apple. Al final, donde dije digo, digo Diego, y por supuesto desde Apple pagaremos a los artistas durante esos tres meses pero qué bien nos ha venido esa publicidad extra que necesitábamos para darle relevancia a nuestro nuevo juguete.

En segundo lugar, la polémica viene marcada por las expectativas respecto al servicio de Apple, que siendo el líder en descargas digitales gracias a iTunes, ha tenido que comprar a precio de oro una compañía como Beats para hacerse, por un lado, con una línea de auriculares que son tan caros y hipsters como deficientes en el momento en que tu música no está compuesta por bajos machacantes; y por otro, hacerse con una supuesta plataforma de streaming. que era lo que Beats estaba lanzando en el momento de su adquisición y que, remozado, es ahora el que lanza Apple con el equipo de Beats de Jimmy Iovine y Dr. Dre junto con el jefe de Nine Inch Nails, Trent Reznor.

 

 

Otro punto polémico aparece relativo a cómo encaja este servicio dentro de la filosofía de Apple, qué quieren conseguir con Music exactamente. Es decir, está claro que su iTunes como plataforma de compra de canciones digitales como modelo estaba agotado, pero podrían haber comprado Spotify directamente, y en cambio se dedicaron a reconstruir Beats. Además, parece que Apple, el gran disruptor, ha llegado tarde y el modelo es demasiado similar al establecido. Esto, unido a las declaraciones de Iovine al respecto de qué es exactamente Music y qué busca (una plataforma para artistas, más que para usuarios) hace que nadie esté muy convencido de dónde está realmente el valor o la diferenciación respecto a sus competidores.

Y por último, la polémica viene porque es Apple, y al igual que disfrutan de una legión de fanboys, también tienen un gran número de hateboys que aborrecen todo aquello que ofrece y que representa la marca de la manzana, sean teléfonos, relojes o servicios de streaming.

En cuanto a la recepción por parte de los usuarios, pues por ahora, fría. Debo confesar que no lo he utilizado, y lo primero de todo es porque soy terriblemente malo cuando se trata de salirme de un servicio o de una suscripción. En segundo lugar, no había leído nada que lo hiciese diferente de Spotify, así que pensé que seguiría con mis compras de CDs y algunos vinilos, escuchando Spotify free y Bandcamp y poco más, porque como Apple, una vez pasados los tres meses, no tiene opción gratuita, para qué siquiera sumarse. Afortunadamente, tengo dos excelentes amigos que son usuarios de Spotify Premium y que sí han probado Apple Music y el feedback es el mismo: difícil de saber manejarse con él, nada intuitivo, es decir, lo que en términos técnicos se conoce como UX (user experience, experiencia de usuario), algo que nadie esperaría de un producto Apple, que siempre han tenido en su facilidad de uso uno de sus puntos fuertes. Para lo que hay, no se mueven de Spotify,

Por otro lado está el feedback que uno se encuentra en Internet (aquí uno de muchos ejemplos) y que habla de un producto con múltiples fallos, con una versión móvil aceptable pero que no está nada clara en los ordenadores de sobremesa y los portátiles, donde por supuesto funciona a través de iTunes; con docenas de usuarios que hablan de miles de archivos perdidos al sincronizar sus librerías pre-Music, que recomiendan realizar un backup de todos los archivos musicales, etc. Tan acostumbrados como están al éxito en Cupertino, parece que necesitan seguir trabajando mucho para convertir Music en otro de sus característicos éxitos comerciales.

Por mi parte, cuando me han preguntado por Apple Music siempre he dicho lo mismo: es bueno que Apple entre en el streaming, porque de esa forma el conjunto de la industria gana. Aquí lo interesante es que los fanboys se pasen en masa a pagar 120€ ó $ al año, porque de esa forma los artistas tendrán otro fuente de ingresos importante. Por supuesto algunos se marcharán de Spotify, Deezer o Pandora, pero muchos otros serán nuevos pagadores de streaming. Y es lo que digo siempre, cuando en vez de 10 millones de usuarios premium, Spotify, Apple y los demás tengan 200 millones, entonces hablaremos de una industria, y por supuesto de unos ingresos para los artistas, muy diferente a lo que vemos hoy en día.

 

Las cifras de 2014, el año del streaming

Nielsen ha publicado las cifras de ventas de música en Estados Unidos y tanto sitios especializados como Billboard o económicos como el Wall Street Journal (de pago) se han hecho eco de este informe. Y por lo que he podido ver, y sin tener todas las cifras delante, no cabe duda que podemos calificar 2014 como el año del streaming.

Y bien, ¿qué hay de nuevo? Pues nada demasiado sorprendente o de lo que no hubiéramos hablado ya en multitud de ocasiones en este blog: descenso continuado de las ventas en formato físico e incremento espectacular, ya comentado, del streaming. Al mismo tiempo, el informe sirve como confirmación de una nueva tendencia, y es la caída en las ventas de las descargas, o sea, la venta de canciones individuales en formato digital.

Este es el resumen de año, en los datos referidos a USA, hablamos de unidades, no de facturación en US$:
Álbumes: 11,2% de descenso, 257 millones de unidades
Canciones individuales (descargas): 12,5% de descenso, 1.100 millones de descargas, 17% de descenso frente al record de 1.340 millones de canciones descargadas que supuso 2013
Vinilo: incremento del 51,8%
Streaming: incremento del 54% (no incluye Pandora, Sirius/XM)

Es curioso como el cambio de estilo de una sola artista, la omnipresente Taylor Swift, ha supuesto un descenso muy pronunciado de la música country, cuando si ella hubiera estado considerada dentro de ese estilo, el género entero hubiera sufrido una caída mucho menos pronunciada. Pero yo desde luego que no consideraría a Taylor Swift ya otra cosa que no fuera pop, y si hay una sub-categoría llamada “pop-chicle-de-usar-y-tirar” pues mejor encuadrada todavía. Por otro lado, no sorprende ver cómo el rock es el estilo que menor descenso de ventas sufre, y dentro de él, el hard-rock sufre el menor de todos los descensos. También resulta interesante ver cuáles son los estilos con mayor adopción del streaming, como son hip-hop y R&B; mientras que se siguen vendiendo tanto CDs como descargas de country y música latina, lo cuál, desde mi punto de vista, indica oyentes menos sofisticados.

Asímismo, también es interesante notar que el aumento del streaming está empezando a compensar el descenso de ventas, tanto físicas como ahora digitales. Si esto es suficiente para empezar a alejarnos del último miedo de la industria, el “cambiar 99c por cada canción vendida a cambio de microcéntimos a futuro por cada canción streameada” está por ver todavía. Por último, y como es lógico, hay que destacar el buen comportamiento de las ventas de vinilos, aunque actualmente sólo suponen el 3,6% de las ventas de álbumes. En breve serán publicadas también las cifras de facturación, donde veremos si la industria es capaz de mantener un crecimiento (o descenso) del 0% con respecto al año anterior, lo cuál podría indicar un cambio de tendencia. Por otro lado, habrá que ver cuáles son las cifras en Europa; en España ya sabemos que son desastrosas pues, pese al previsible aumento del streaming, tanto de pago como el gratuito, es fácil que el desastroso papel que las entidades de gestión y muchos artistas juegan, pase factura al conjunto del industria a final de año. Sumemos a eso un casi inexistente mercado digital más allá de iTunes y tenemos la receta perfecta para otro monumental batacazo tanto en unidades como en facturación, y los consiguientes lloros de la industria.

Taylor Swift contra Spotify: la opinión de los usuarios

Spotify_vs_Taylor Swift

 

Y bien, en la anterior entrada de este blog comentaba que la decisión de la discográfica de Taylor Swift había causado cierta controversia entre los artistas y la industria en general, pero también entre los usuarios del servicio del gigante sueco del streaming. Y precisamente esta entrada en el blog de uno de sus usuarios premium me permite escribir esto, más que nada porque estoy completamente en desacuerdo con su visión del asunto.

El tipo en cuestión argumenta que se va a dar de baja de Spotify premium por las siguientes razones:

1.- Considera que si por los 120$ que paga al año (el triple que lo que un americano medio gasta en comprar música) tiene derecho a escuchar toda la música que quiera. Y pone el ejemplo de que tanto el último álbum de Beyonce como el nuevo de Taylor Swift no están disponibles en Spotify. Pues bien, en primer lugar habría que decirle a este señor que el problema puede ser de Spotify, pero también de estas señoras o señoritas, que están renunciando a dos cosas: a dinero contante y sonante vía royalties de Spotify; y en segundo lugar, a estar incluidas en las listas de reproducción de millones de usuarios que luego son compartidas en todas las redes sociales, etc. es decir, renuncian a dinero, y a más publicidad y viralidad.

2.- Segundo argumento: Spotify estaba perdiendo una oportunidad de oro de hacerse publicidad a costa de este incidente y que deberían devolver la jugada. Esto en realidad ha ocurrido posteriormente, con un artículo de obligada lectura para todo el mundo con interés en el futuro de la música. El artículo viene firmado por el propio CEO de Spotify, Daniel Ek, en el que aprovecha el escándalo Swift para dar a conocer las impresionantes cifras que maneja ya Spotify, en términos de usuarios que pagan y sobre todo de lo que ellos pagan a la industria.
Pero aún así, si este señor quería saber cuánto perdía Taylor Swift por no estar en Spotify sólo tenía que haber hecho unas pocas cuentas, que no es tan difícil; o bien acudir a esta web que Spotify ha creado para explicar todo lo relativo a su modelo de negocio, y donde en uno de sus apartados uno se puede hacer una idea de lo que ingresa una discográfica por cada nuevo álbum.

Daniel_Ek_Spotify

 

3.- Y llegamos al punto más importante, que es: ¿si no es Spotify, quién es?. Porque claro, es fácil decir “me largo de Spotify”, pero, ¿es que acaso no les va a pasar lo mismo a los demás?. No creo que Swift & co tengan más tirria a Spotify que al resto, porque si además hay un actor que ahora mismo lidera el ránking de pagos por streaming a los artistas es Spotify gracias a su enorme masa de clientes, tanto gratuitos como de pago. Porque a ver, Spotify, Rdio, Deezer, Beats Music de Apple o Google Play (junto a la nueva YouTube Music Key) también tendrán que pagar a los dueños de los derechos, y tendrán unos costes de estructura más o menos similares.

Porque la otra alternativa es, por supuesto, irse al Wal-Mart o Target más cercano o a Amazon y comprar el CD de Taylor Swift, pero por lo que cuesta ese CD uno tiene prácticamente dos meses pagados de Spotify.
Al final comparemos esto con los servicios de televisión de pago que llevan mucho tiempo operando: nadie tiene nunca todo el contenido, es decir, todos los deportes, todas las series, todos los documentales. Y al final, habrá diferentes plataformas, más o menos especializadas o generalistas donde poder elegir, e incluso puede haber gente muy interesada (y con posibilidades económicas) subscrita a varias de ellas.

4.- Por último, lo que este señor no se da cuenta, aunque es obvio, es que esta jugada del dueño de la compañía de Taylor Swift en realidad es marketing y poco tiene que ver con Spotify, y sí mucho con la venta de su discográfica, como ya comentaba yo al final de la anterior entrada.

Y en cualquier caso, de un tío que se muere por escuchar lo nuevo de Beyonce y de Taylor Swift, yo no me fiaría demasiado en cuanto a gustos musicales, ni en cuanto a pasión por la música, y para muestra un botón.

 

Taylor Swift contra Spotify

 

Taylor Swift_1989

 

 

Parece que cada cierto tiempo, alguna de las estrellas de la música popular actual toma la decisión de retirar toda su música, tanto temas nuevos como antiguos, del catálogo de Spotify y demás compañías de streaming. En este caso ha sido Taylor Swift quién ha tomado esta decisión de forma conjunta con su sello discográfico, aprovechando la salida al mercado de su nuevo álbum, “1989” Esto ha causado cierta polémica entre los artistas, que continúan quejándose de lo poco que les paga Spotify a ellos, y también entre usuarios del servicio sueco de streaming, que quieren escuchar estos álbumes como parte de su pago mensual. Así pues, si hace unos meses era Thom Yorke el que se levantaba en armas, ahora podemos hablar del caso Taylor Swift contra Spotify como si de un juicio se tratara, con defensores y detractores de cada una de las partes.

Veamos la parte de la historia por parte del dueño del sello discográfico de Taylor Swift en primer lugar, en una entrevista concedida a Nikki Sixx en su programa de radio, y ahora rebatamos al señor Scott Borchetta sus argumentos:

1.- “No queremos avergonzar a los fans… Si un fan fuera y comprara el disco, el CD o la descarga de iTunes, lo que sea, y sus amigos dicen “¿por qué has pagado por ello si es gratis en Spotify?” estaríamos siendo irrespetuosos con el superfan”.

A ver, buen hombre, tengamos varias cosas claras:
– no es comparable la escucha gratuita en Spotify con la escucha del CD: tanto por la calidad del audio, como por los anuncios que el usuario gratuito le toca escuchar en Spotify, simplemente no es lo mismo; y si es lo mismo, entonces es que usted no está dando ningún valor añadido a su música. Hay que tener en cuenta además que Spotify ni siquiera permite el streaming de un álbum como este en el móvil de forma gratuita, sólo en el ordenador de sobremesa o tableta, supongo que con como mínimo un anuncio entre cada canción.
– básicamente el superfan del que habla Brochetta es alguien que siente una relación más cercana con el artista, y para el cuál escuchar su música es una experiencia diferente al hacerlo en Spotify que el hacerlo en CD, con su libreto, el DVD que trae la edición deluxe, etc… por no hablar del vinilo, en cuyo caso se trata de un tipo diferente de público y de experiencia. Porque para este señor parece que escucharlo en un buen equipo de alta fidelidad, dejando caer la aguja, darle la vuelta al disco, disfrutar de la carpeta, etc es lo mismo que darle al play y escuchar por los altavoces del ordenador. La diferencia entre ese superfan es que además comprará las entradas para el concierto, mientras que para sus amigos, para los cuáles Swift es una artista más, estarán contentos de realizar una escucha casual.

 

 

2.- La crítica hacia el modelo de Spotify de ponerlo a disposición de todos sus usuarios, tanto premium como gratuitos, y la pérdida de control por parte del artista.

En este caso el problema está en que el señor no entiende que los oyentes de Spotify son incrementales; es decir, el que vaya a comprar el álbum lo va a comprar aunque esté en Spotify. Y el que quiera escucharlo sin pagar nada, lo va a hacer de igual manera, pero en otro canal por el que la señorita Swift y el señor Borchetta no van a recibir un céntimo de dólar. ¿Hay alguien que no queriendo pagar por el soporte físico diga “vaya, no tengo forma de escuchar ese preciado álbum, me toca pagar 15$ por un CD, cuando hace tiempo que he dejado de comprar CDs”? Me temo que no conoce los hábitos ni de escucha ni de compra de sus supuestos fans.

Por otro lado, es curiosa la decisión de la compañía de Swift de retirar también los discos anteriores de la artista, medida sin duda para tratar de presionar a Spotify. Recordemos que Spotify es la cabeza visible, pero Rdio, Beats o Pandora siguen parámetros similares. El haberlos retirado simplemente significa un elemento de presión adicional sobre Spotify, aunque lo que yo no entiendo es porqué a algunos servicios se les retira y a otros no, e incluso muchas canciones continúan en YouTube. Otro día hablaré en más profundidad del famoso windowing o ventanas de explotación, la apuesta actual de la industria de contenidos, y abocada al fracaso como veremos.

En cualquier caso, es importante saber que el sello discográfico de este señor está en venta al mejor postor y se habla de unos $200M; y que por supuesto el número de copias físicas vendidas (el corto plazo) es mucho más importante para la valoración de la empresa que las enormes posibilidades del streaming (largo plazo); y al final todo esto hay que entenderlo como lo que es, una campaña de marketing para que la señorita Swift siga en el Billboard por algo más de tiempo; y que este señor pueda vender su compañía por unos cuantos millones de dólares más.

Por cierto, un pequeño inciso musical: nunca he sido fan de Taylor Swift, y tampoco pensaba que era alguien tan importante en el panorama musical, pero ¿soy el único al que le parece que temas como el del primer video de esta entrada, de su ya famoso “1989” es música chicle de usar y tirar, que nada tiene que ver con el country-pop de sus comienzos como esta “Our Song”?

 

Kindle Matchbook y la lectura como servicio

En un movimiento similar al realizado hace unos meses con Autorip, Amazon lanza Kindle Matchbook, un servicio que te ofrece la posibilidad de conseguir en digital para tu Kindle todos aquellos libros que hayas comprado desde el nacimiento de Amazon, allá por 1995. Eso sí, a diferencia de los mp3 de Autorip, los e-books no serán gratuitos, o al menos no todos ellos, puesto que los precios van de los 0 a las 2,99$. Añadir que por ahora Matchbook estará disponible a partir de Octubre sólo en Amazon.com y no en Amazon.es, que me imagino que estarán negociando en estos momentos los acuerdos con las editoriales españolas.

De todas formas, veo en este anuncio un movimiento defensivo por parte de Amazon ante los servicios de suscripción, algo que le debe resultar extraño a una compañía como la de Seattle, que alguien le intente pasar por la derecha. Lo que ocurre es que Amazon, para bien o para mal es un retailer, que en estos casos tiene que empezar a variar su modelo de negocio hacia la subscripción, ¿lo puede hacer? Por supuesto, Jeff Bezos es capaz de eso y de mucho más.
¿Y por qué se plantea esto Amazon?. Pues por servicios como Oyster, al que comienzan a llamar el Netflix de los libros, y veamos cómo funciona esto. Lo primero de todo, por si alguien no está familiarizado con Netflix, es el Spotify del mundo audiovisual, es decir, tarifa mensual y barra libre de contenidos en tus dispositivos. Netflix por ahora no está disponible en Europa, y aunque la verdad es que en algún momento se habló de España como su posible lugar de desembarco en el Viejo Continente, supongo que la galopante crisis económica que sufrimos echa para atrás al más pintado. Pues bien, una vez explicado Netflix, Oyster es lo mismo que Netflix o Spotify pero aplicado a los libros. Estas empresas lo que tienen que hacer es llegar a acuerdos con editoriales grandes, tal y como hizo Spotify, para poder ser atractivos al gran público, en este caso tener disponibles los bestsellers de turno junto con un fondo de catálogo lo más amplio posible. Al parecer el pago a las editoriales seguirá un modelo Spotify, en el cuál se pagará por libro leído, lo cuál es interesante porque una vez más puede dejar a más de una autora con las vergüenzas al aire al descubrir el poco tirón que tienen sus libros, y además ya no podrá echar la culpa a la piratería.

Así pues, otra parte más de la cultura será vendida como servicio y no como producto, y yo en este caso no consideraría que serán books as a service sino más bien reading as a service, la lectura como servicio. Y además nos vamos camino de convertir en una sociedad de subscriptores, para lo bueno y lo malo, y en 3 años todos tendremos la subscripción a la música, a las películas y series, y a los libros. Y dentro de ese modelo “all you can read, all you watch, all you can listen”, acabaremos viendo enormes cambios en la industria cultural, que pese al empeño de algunos, sobrevivirá más fuerte que ahora. Porque sólo puede ser bueno que tengamos acceso a todos los libros, a toda la música y a todo el cine que queramos, y que seamos los usuarios los que libremente decidamos y no estemos limitados por modelos del pasado.

Ahora bien, Amazon todavía no debería estar demasiado preocupada por Oyster, por una sencilla razón. Oyster se acaba de lanzar como aplicación para el iPhone (iPad y Android en camino), pero Amazon todavía tiene la llave maestra de entrada, que es el Kindle. Porque claro, mientras Amazon tenga el hardware ideal para lectura, mucho mejor que el móvil o el iPad, sigue teniendo a los usuarios en su redil; y además, no sería un movimiento que a Amazon le debería costar demasiado emular. En fin, como vemos, en todas partes cuecen habas similares y la posición dominante de unos y otros puede variar rápidamente gracias a tecnologías disruptivas.

El mundo multipolar en la industria musical

Hace un tiempo trabajaba yo en una consultora que denominaba mundo multipolar a aquello que comúnmente se llamaba globalización, y trataba de analizar cómo el mundo, gracias sobre todo a las nuevas tecnologías, estaba cambiando enormemente, y hablaba de cinco dimensiones, de las cuáles creo que tres son perfectamente adaptables al universo musical de hoy en día: ganar la batalla del talento, los flujos de capital multidireccionales, y los consumidores emergentes.

Flujos de capital multidireccionales: con esto nos referimos a que anteriormente, el dinero siempre fluía de los países desarrollados a los países en desarrollo, mientras que en la última década hemos visto cambios drásticos en este sentido. Así, mientras a nivel empresarial una empresa india como Tata compraba dos símbolos británicos como Jaguar y Land Rover, también veíamos cómo la china Lenovo compraba la división de PCs de IBM o cómo la también india Mittal se hacía con el gigante europeo del acero con base en Luxemburgo Arcelor. Y en la música quiero ver movimientos parecidos: en los últimos meses veo compañías chinas fichando grupos españoles o americanos, al tiempo que dan a conocer a grupos de su país, sellos rusos editando grupos españoles, grupos británicos de moda en el underground gótico cuyas obras salen a través de un sello griego… es decir, para nada pasa ya todo por el eje USA-UK, igual que ocurre con el talento, y desde allí se sirve al resto del mundo. Y en este caso hablo de ejemplos que conozco de música underground, pero estoy seguro que pasa lo mismo en muchos otros estilos musicales. Y claro, todo esto es posible gracias a la tecnología, que hace que cualquiera pueda montar un webstore, un bandcamp o cualquier otra tienda virtual, y enviar desde y hacia cualquier parte del mundo.

La batalla del talento: hoy en día la música que escuchamos tiene su origen geográfico en los países más insospechados. En los años 80 y gran parte de los 90, básicamente había 3 tipos de procedencia de la música: local, es decir, española y cantada en español y a partir de los 90 algo más en inglés; en segundo lugar la música anglosajona del eje Londres-USA, y por última una parte residual de música de otros países, generalmente cantada en inglés. Pues bien, hoy en día, gracias a la tecnología, podemos descubrir bandas de cualquier zona del mundo, y en muchos casos cantando en su idioma, lo cuál en muchos casos no supone ningún problema. ¿Alguien pensaba que un grupo que cantaba en alemán como Rammstein podía tener éxito en España?, ¿o que el absoluto número 1 de 2012 sería una canción de un coreano, cantada en coreano?. ¿Somos fanáticos de la potente escena doom chilena o del post-rock hecho en ese mismo país? No hay problema, su música se puede conseguir tanto en digital como, con algo más de trabajo, en formatos físicos. ¿Un grupo de post-metal de Indonesia publicando un compartido con un grupo americano? No problem, my friend. ¿Grupos multinacionales y multiculturales componiendo obras maestras a base de intercambiarse archivos a través de Internet? Lo más normal del mundo, y más ahora con el auge de los servicios en la nube, pensados precisamente para entornos colaborativos y distribuidos.

Y dejo para el final lo más importante: los consumidores. De nuevo la tecnología posibilita que la música no tenga fronteras de ningún tipo, esto ya ocurría anteriormente, por ejemplo unos Cheap Trick siendo más famosos en Japón que en USA (de ahí su famoso “Live at Budokan” cuando en su tierra eran unos desconocidos), o el ejemplo de unos Ramones, de los cuáles vemos en sus documentales a centenares de fans esperándoles en su hotel en Sudamérica mientras que fuera de NYC o incluso en su propia ciudad eran incapaces de llenar un local de mediano aforo. Y hoy, cuando uno quiere exponer su música al público ahí fuera, no hay que pensar en que te escuchen en tu barrio, en tu ciudad o en tu país. Tus potenciales oyentes, y por tanto, potenciales fans, son los más de 7000 millones de personas que poblamos este planeta. No hay barreras, porque incluso en el continente africano ya sabemos que la penetración de los móviles es altísima comparada, sobre todo analizada en comparación a su renta pero ¿alguien dudamos que habrá un Spotify/Pandora/Sirius africano low cost cuando dispongan de ancho de banda suficiente?

Algo que siempre me resulta curioso es que cuando la gente ve fechas de grupos en países con culturas musicales en teoría distintas a las nuestras. ¿Lacrimosa viajando a México para una gira por aquel país con 2/3 fechas en la capital?. Amigo, hablamos de la ciudad, tras Tokio/Yokohama, más poblada del planeta. Aunque esa música no sea extraordinariamente popular en México, 3.000/4.000 de fans en un área metropolitana de más de 25 millones de personas no es tan complicado, pura matemática.

Y es que hablamos también de que gracias la globalización, y al crecimiento en algunos países de la clase media, el consumo de bienes y servicios en general ha aumentado de forma exponencial… y sí, esos 400-500 millones de chinos que ahora forman la clase media demandan música… ¿que por ahora es en gran parte local? Con el paso del tiempo, y con servicios de streaming y de descubrimiento de artistas occidentales, China, y por supuesto también India, son los mayores mercados del mundo, con más de 2.500 millones de habitantes entre ambos. Recuerdo hace un par de años que Alcest anunciaron una gira por China… 15 ó 20 ciudades de más de 1 millón de habitantes, y muchas con muchos más, recibiendo un grupo de post-black/shoegaze francés. En el futuro China e India serán escenario de larguísimas giras, enormes festivales para todo tipo de bandas. Y lo mejor es que aquellos que ahora se aventuren y sean los primeros tendrán mucho ganado, porque además esta parte del mundo está hambrienta de nuevas y diferentes emociones. Rusia hoy en día es probablemente el mayor consumidor de post-rock a nivel global, con todo tipo de bandas europeas y americanas girando no sólo por Moscú y San Petersburgo, sino por muchas otras ciudades. No es casualidad que todos estos países formen parte de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), que han alcanzado unos crecimientos espectaculares en la última década y pese a que ahora este crecimiento se esté viendo ralentizado (hablamos de que China “sólo” crece un 7%), el potencial consumidor de gran parte de su población todavía va a seguir creciendo.

Y para finalizar, y cuando piensan los artistas en las exiguas cantidades que reciben por streaming hoy en día, ¿se dan cuenta de lo que puede ser ese modelo de negocio en el futuro? Al cheque pequeñito de Spotify España le sumamos el algo más abultado de Spotify Alemania, para pasar a los cheques de US, que son el de Pandora, el de Spotify y el de Sirius entre otros muchos, y luego todavía vienen el de 10 servicios de streaming indios y otros 20 chinos… y el brasileño, y el de Indonesia… ¿cuántas reproducciones se pueden sumar? En fin, como ya comentábamos hace poco tiempo, el futuro de los servicios de streaming, pero también de compra, tanto de música como de productos asociados/licenciados puede convertir la música en la industria muy rentable que solía ser. Pero eso sí, toca trabajar mucho, toca viajar (¡o no tanto, si podemos cobrar por actuaciones vía web!), anticiparse, arriesgar, innovar… en definitiva, lo que le toca a cualquier negocio global hoy en día.

Videos en este post:
Lebanon Hanover son un duo inglés de coldwave/post-punk que publiquen en el sello griego Fabrika Records
Bauda es un grupo chileno que actualmente practica un estilo musical típicamente europeo como es el neofolk o el post-rock y que anteriormente eran más doom/folk
Cheap Trick no necesitan presentación
Lacrimosa son suizos/alemanes y poseen una gran base de fans en México y el resto de Sudamérica, al igual que en Europa Central y del Este, incluyendo Rusia, y más recientemente, en China, Corea y Japón
Dopamine es una banda china de post-black/shoegaze instrumental editada por el sello chino Pest Productions, que publica bandas de gran cantidad de países, incluyendo España

La industria musical va a crecer enormemente

Vía la ya imprescindible web Industria Musical llego a este video de Marc Geiger, recientemente nombrado una de las 10 personas más poderosas en el negocio musical por Billboard, que fue uno de los creadores junto a Perry Farrell de Lollapalooza, y actualmente es el agente de Ozzy, Trent Reznor y NIN, Lady Gaga o Roger Waters, o sea, casi nada. Y él desde luego es una de las voces más autorizadas para hablar de la industria musical, y en esta corta entrevista expresa muy bien 3-4 ideas que desde mi punto de vista definen muy bien el presente y sobre todo el futuro de la industria musical. Geiger habla de que la industria musical va a crecer y conseguir 5 ó 10 veces más dinero que ahora y básicamente estoy de acuerdo con él por 3 razones:

1.- Diversificación y crecimiento de las fuentes de ingresos: los artistas, y por supuesto, las discográficas, van a ver llegar dinero desde muchos sitios diferentes, como YouTube, Spotify, Pandora, Sirius, y muchos más… que a lo mejor a los artistas les parecen al principio pequeñas cantidades, pero según todos nos vayamos pasando al modelo de subscripción (y lo haremos), los cheques se van a ir multiplicando en número y sobre todo en cantidad.

2.- Escalabilidad: él habla de que el modelo real o modelo “bueno”, es el de streaming a la Spotify, algo que yo ya he defendido, y ese modelo cuenta con enormes economías de escala, y más en cuanto entren allí los grandes de Internet (Google, Amazon, una Apple que en breve empezaremos a ver qué tal su servicio de radio, etc).

3.- El poder del catálogo: esta es la auténtica vaca lechera de la industria, los “Thriller”, “The Wall” o el “Born in the USA” que van a seguir trayendo millones y millones para la industria con ninguna inversión a cambio, pure profit como dice Geiger, y eso mismo ocurrirá con otros éxitos alternativos, y además con 10, 20 ó 30 veces más suscriptores, los cheques dejarán de ser tan modestos como ahora, que estamos en un momento de cambio.

Y para conseguir todo esto, la industria sólo tiene que dejar de resistirse al cambio, porque su vaca lechera se está agotando pero lo mejor es que viene otra vaca más fresca y con mucha más leche. Y para vencer esa resistencia al cambio, sólo tiene que hacer dos cosas: cooperar mucho más diligentemente con sus distribuidores (los Spotify y Pandora de turno) y por otro lado, empujar al usuario final hacia esos servicios, en vez de intentar retenerle en el modelo antiguo (la compra de soportes físicos). Por supuesto que seguirán existiendo los soportes físicos, y muchos de nosotros los seguiremos comprando, pero tenemos que entender cuál será la tendencia especialmente entre los nuevos compradores, que no serán tanto compradores de productos como de servicios (porque aquí hablo de música, pero lo mismo aplica a la industria audiovisual).

No hay nada que me gustaría más que volver a esta entrada dentro de unos años y ver que todas estas cosas se habrán convertido en realidad, y mientras tanto recordemos la primera edición de Loollapalooza con uno de los clientes de Marc, Trent Reznor y Nine Inch Nails.