Los mejores discos de 2015 (segunda parte)

Mejores discos de 2015_Archivist_ST

 

Y bien, sin más dilación, y una vez explicado ya todo lo que había que contar sobre la lista y sobre 2015 en la primera parte, sólo recordar que este 2016 en el que ya nos encontramos pinta una vez más impresionante, con nuevos discos de los genios italianos Klimt1 918 y Novembre; los germanos Disillusion; es posible que Tool y Nine Inch Nails, en la parte más comercial, publiquen nuevas obras después de mucho tiempo; el nuevo ábum de Perturbator, el de Avantasia… aunque luego sean otros los que aparezcan en la lista de final de 2016.

Segunda parte de los mejores discos de 2015:

 

My Dying Bride “Feel The Misery”

 

 

Ghost Bath “Moonlover”

 

 

A Forest of Stars “Beware The Sword You Cannot See”

 

 

Dan Terminus “The Wrath Of Code”

 

 

Deafheaven “New Bermuda”

 

 

Khemmis “Absolution”

 

 

Archivist “Archivist”

 

 

Lychgate “An Antidote For The Glass Pill”

 

 

Baroness “Purple”

 

 

Paradise Lost “The Plague Within”

 

Primeras impresiones de Apple Music

ARCHIV - ILLUSTRATION - Ein Kopfhörer umgibt am 11.06.2015 in Erfurt (Thüringen) ein iPhone mit dem Schriftzug "Apple Music". Photo by: Sebastian Kahnert/picture-alliance/dpa/AP Images

 

Y bien, a punto de cumplir su primer mes de vida, es buen momento para hacer un pequeño repaso sobre el controvertido Apple Music.

En primer lugar, y para los más despistados, ¿qué es Apple Music? Pues por encima de todo, un servicio de streaming de música, con un catálogo de unos 30 millones de canciones y que por un precio de 9.99$ ó 9.99€ al mes puede ser todo tuyo. Añade además servicios de curación (palabro que en castellano supongo que no existe como tal, y que viene a equivaler a recomendación), y una especie de radio denominada Beats1.

¿Por qué lo de controvertido? Pues por varias razones:
En primer lugar, por el ya famoso anuncio de Apple que le hizo ponerse a gran parte de la industria independiente en su contra, ya que anunciaron que los tres meses gratis que disfrutarían los usuarios no correrían de cuenta de una compañía que acumula billones de dólares en el banco, sino sobre las espaldas de los sufridos artistas, que serían los que dejarían de cobrar sus fracciones de céntimo por reproducción durante esa fase inicial. En esto surgió la defensora de los artistas desamparados, también conocida como Taylor Swift, que igual que hizo con Spotify, decidió despacharse a gusto contra Apple. Al final, donde dije digo, digo Diego, y por supuesto desde Apple pagaremos a los artistas durante esos tres meses pero qué bien nos ha venido esa publicidad extra que necesitábamos para darle relevancia a nuestro nuevo juguete.

En segundo lugar, la polémica viene marcada por las expectativas respecto al servicio de Apple, que siendo el líder en descargas digitales gracias a iTunes, ha tenido que comprar a precio de oro una compañía como Beats para hacerse, por un lado, con una línea de auriculares que son tan caros y hipsters como deficientes en el momento en que tu música no está compuesta por bajos machacantes; y por otro, hacerse con una supuesta plataforma de streaming. que era lo que Beats estaba lanzando en el momento de su adquisición y que, remozado, es ahora el que lanza Apple con el equipo de Beats de Jimmy Iovine y Dr. Dre junto con el jefe de Nine Inch Nails, Trent Reznor.

 

 

Otro punto polémico aparece relativo a cómo encaja este servicio dentro de la filosofía de Apple, qué quieren conseguir con Music exactamente. Es decir, está claro que su iTunes como plataforma de compra de canciones digitales como modelo estaba agotado, pero podrían haber comprado Spotify directamente, y en cambio se dedicaron a reconstruir Beats. Además, parece que Apple, el gran disruptor, ha llegado tarde y el modelo es demasiado similar al establecido. Esto, unido a las declaraciones de Iovine al respecto de qué es exactamente Music y qué busca (una plataforma para artistas, más que para usuarios) hace que nadie esté muy convencido de dónde está realmente el valor o la diferenciación respecto a sus competidores.

Y por último, la polémica viene porque es Apple, y al igual que disfrutan de una legión de fanboys, también tienen un gran número de hateboys que aborrecen todo aquello que ofrece y que representa la marca de la manzana, sean teléfonos, relojes o servicios de streaming.

En cuanto a la recepción por parte de los usuarios, pues por ahora, fría. Debo confesar que no lo he utilizado, y lo primero de todo es porque soy terriblemente malo cuando se trata de salirme de un servicio o de una suscripción. En segundo lugar, no había leído nada que lo hiciese diferente de Spotify, así que pensé que seguiría con mis compras de CDs y algunos vinilos, escuchando Spotify free y Bandcamp y poco más, porque como Apple, una vez pasados los tres meses, no tiene opción gratuita, para qué siquiera sumarse. Afortunadamente, tengo dos excelentes amigos que son usuarios de Spotify Premium y que sí han probado Apple Music y el feedback es el mismo: difícil de saber manejarse con él, nada intuitivo, es decir, lo que en términos técnicos se conoce como UX (user experience, experiencia de usuario), algo que nadie esperaría de un producto Apple, que siempre han tenido en su facilidad de uso uno de sus puntos fuertes. Para lo que hay, no se mueven de Spotify,

Por otro lado está el feedback que uno se encuentra en Internet (aquí uno de muchos ejemplos) y que habla de un producto con múltiples fallos, con una versión móvil aceptable pero que no está nada clara en los ordenadores de sobremesa y los portátiles, donde por supuesto funciona a través de iTunes; con docenas de usuarios que hablan de miles de archivos perdidos al sincronizar sus librerías pre-Music, que recomiendan realizar un backup de todos los archivos musicales, etc. Tan acostumbrados como están al éxito en Cupertino, parece que necesitan seguir trabajando mucho para convertir Music en otro de sus característicos éxitos comerciales.

Por mi parte, cuando me han preguntado por Apple Music siempre he dicho lo mismo: es bueno que Apple entre en el streaming, porque de esa forma el conjunto de la industria gana. Aquí lo interesante es que los fanboys se pasen en masa a pagar 120€ ó $ al año, porque de esa forma los artistas tendrán otro fuente de ingresos importante. Por supuesto algunos se marcharán de Spotify, Deezer o Pandora, pero muchos otros serán nuevos pagadores de streaming. Y es lo que digo siempre, cuando en vez de 10 millones de usuarios premium, Spotify, Apple y los demás tengan 200 millones, entonces hablaremos de una industria, y por supuesto de unos ingresos para los artistas, muy diferente a lo que vemos hoy en día.

 

Presentando el cartel de este año del Primavera Sound

Todos los años, cada vez que el Primavera Sound barcelonés anuncia su cartel me queda un regusto amargo: por un lado, siempre hay algún grupo que me apetece mucho ver y que además suelen traer en exclusiva para España, evitando de esa forma que esa semana toquen en Madrid; por otro lado, el cartel en general y sobre todo el espíritu del festival no van demasiado conmigo. Pero una cosa tengo que reconocer, los tíos se han salido presentando el cartel de este año del Primavera Sound.

Es verdad que presentar el cartel a través de una especie de videoclip no es algo nuevo, el propio Resurrection Fest lo hizo el año pasado y además a través de varios episodios. Pero esto es un corto en toda regla, con una historia detrás muy entretenida desde mi punto de vista, con todo el hilo cuidado hasta el mínimo detalle, con los nombres de las bandas apareciendo en algún momento, sea en la tienda, en las camisetas o mi favorita, en la lavandería. Es posible que esto no sea nuevo y quizás Coachella o cualquiera de estos festivales americanos ultra-cool ya hayan hecho algo parecido, pero yo estoy valorando el corto como fan de la música en general, aunque tres cuartas partes del cartel del Primavera no me suenen de nada y por lo que he visto de otros años el público es de un hipster que echa para atrás.

Para este año la verdad es que el cartel es, como siempre, ecléctico y con el balance adecuado entre grandes nombre y bandas underground. Los grandes nombres no decepcionan: Reznor vuelve con Nine Inch Nails, Frank Black hace lo propio con los Pixies aunque sin Kim Deal; Queens of the Stone Age, Arcade Fire o The National son muy solventes como cabezas de cartel junto a los anteriores; la vuelta de los shoegazers Slowdive supongo que habrá gustado bastante a determinada gente; Television es un grupo absolutamente clásico de la no-wave neoyorquina de finales de los 70, coetáneos de los Ramones o de Blondie; yo por mi parte estaría encantado de ver al señor Justin Broadrick con Jesu, a Cold Cave, a The Twilight Sad y a Touché Amoré.

Y luego ya está la parte más extraña que desde hace unos años se saca este Primavera Sound, y es que en un entorno absolutamente indie, meten grupos de metal super-cañero. Es verdad que grupos como Neurosis y sobre todo Isis (en 2 ocasiones en el festi) han caído bien entre tanto post-rockero y post-metalero con gafas de pasta; pero lo de hace un par de años de meter a Wolves in the Throne Room, a Napalm Death o a Mayhem fue una ida de olla importante. Este año Kvelertak y sobre todo Deafheaven deberían hacer las delicias de aquellos que quieran saber qué es el hipster metal mientras el resto del recinto se pregunta qué es ese ruido infernal.

Finalmente, debo confesar que si viviera en Barcelona seguro que me pasaba uno o varios días por el festi, porque además la organización parece que es un lujo, y porque este es otro ejemplo de festival que ha sabido crecer orgánicamente, haciéndolo bien; en ese sentido ha tomado muy bien el relevo de un FIB en horas más bajas; parece que los festivales indies hacen mejor las cosas que los festivales de música más dura, donde el penosísimo Sonisphere ya ha anunciado que no hay edición española este año. Afortunadamente hay otros como el Leyendas del Rock que siguen el camino del Primavera o del Resurrection y si bien se tienen que contentar con anunciar el cartel de una forma mucho más modesta (actualizando su Facebook cada 5 minutos con una nueva banda), al menos están en en la senda correcta.

Salas de conciertos en Madrid: perdemos las mejores

Con el enésimo cierre de la Sala Caracol la situación de la música en vivo en la capital de España cada vez va a peor. Es verdad que a nivel de agenda no nos podemos quejar en exceso porque aunque siempre hay giras internacionales que se nos escapan, especialmente si nos comparamos con países centroeuropeos, últimamente la agenda está repleta, pero el problema ahora mismo está en el nivel de las salas de conciertos. Hasta hace unos días pensaba también que la cantidad de salas era pequeña, pero al investigar y recopilar para esta entrada me he dado cuenta que no es tanto un tema de cantidad sino de calidad y que sobre todo, que en términos de salas de conciertos en Madrid, de un tiempo a este parte, perdemos las mejores.

Veamos cuál es el panorama actual de las salas de rock en nuestra ciudad a través de una heterogénea clasificación que se me ha ido ocurriendo:

Las que han pasado a mejor vida o están en peligro de hacerlo:

Para mí, Caracol es la mejor sala de la capital. Bien comunicada, lo cuál es algo esencial, con bares cerca (los pinchos de tortilla gigantes del bar de la esquina son legendarios) y aunque sirve de discoteca su configuración es de sala de conciertos: techo altísimo, nada de molestas columnas, visibilidad perfecta, sonido increíble, escenario alto… Esperemos que consigan salir a flote de nuevo y los aficionados podamos seguir disfrutando de la experiencia Caracol, yo desde luego me solidarizo con sus trabajadores.
Ritmo y Compás, sala mítica, también excelentemente comunicada al lado de la Avenida de América, cerrada hace más de 1 año, era LA sala ideal para conciertos de menos de 300 personas; en este caso, la empresa no llegó a un acuerdo para renovar el contrato con la propiedad, un lose/lose en toda regla. Allí he podido disfrutar de conciertos irrebatibles, charlar tranquilamente con los músicos en la puerta, en fin, enorme sala. Ritmo y Compás sigue existiendo como locales de ensayo, estudio de grabación, management, etc. pero desgraciadamente no como sala de conciertos.
Gloss Club: parece que el local sigue en pie, y ahora se dedican al techno en vez de a la música latina, pero al parecer no quieren hacer conciertos por problemas con los vecinos. Este local se ha llamado de diferentes maneras a lo largo del tiempo, quizás su época de mayor esplendor fue como Katedral, mi concierto más recordado allí fue Marilyn Manson en el año 96, con un ambiente increíble y una banda en estado de gracia, presentando “Antichrist Superstar”. Luego como Gloss Club han acogido en los últimos años conciertazos de Neurosis o Godflesh por poner dos ejemplos.

Salas consolidadas

Con este nombre me refiero a ese tipo de salas que llevan muchos años funcionando, programan más o menos a menudo y llevan bastantes años formando parte del circuito de directos de la ciudad.

Moby Dick, donde estuve hace un par de semanas viendo a A Place To Bury Strangers, suena bien y personalmente me pilla a pata de mi casa, con lo cuál siempre es bienvenida.
La Sala Live, con alguna molesta columna y un techo algo bajo, no tan bien situada, algo demasiado al sur para mi gusto, pero el sonido es bueno normalmente, y tiene enfrente una pulpería interesante en la que tomarse algo. Creo que mi primer concierto allí fue de Lacrimosa a finales de los 90, han tocado allí Volbeat antes de hacerse masivos (y tuvieron media entrada) y recuerdo un concierto espectacular de Biohazard en la gira de reunión, la última vez con Evan Seinfeld.
Arena/Heineken/Ku/Marco Aldany: ya un clásico del circuito del directo madrileño, sonaba mal hace muchos años pero lo han ido solucionando, los precios de las bebidas son claramente abusivos, pero la localización y las posibilidades de tomarse algo antes del concierto son sobresalientes. Recuerdo con mucho cariño el enorme concierto de At The Drive-In en la gira del glorioso “Relationship of Command”.
La Riviera: allí estuve viendo el otro día a los grandiosos Alter Bridge de Myles Kennedy y a los Halestorm de la amiga Lzzy Hale, y he visto innumerables conciertazos a lo largo de los años, si sólo quitaran esas horteras palmeras del medio para ver mejor al señor Trent Reznor cuando ha venido con NIN…
Joy Eslava: un clásico en la noche madrileña a nivel de discoteca para un público determinado, no alberga demasiados conciertos más que cuando desaparecen otras salas, pero hay que reconocer que está muy bien, y vi allí uno de los mejores conciertos de mi vida, Therion presentando el “Gothic Kabbalah”, por lo que sólo por eso ya le tengo especial aprecio.
El Sol: un clásico, aunque hace mucho que no programan nada de mi interés, más bien pequeña y no especialmente bien hecha para conciertos, Rachel Arieff celebra allí su anti-Karaoke  madrileño todos los meses.
Copérnico: en el barrio de Argüelles, va por rachas, hay épocas en que se celebran muchos conciertos allí, otras en las que no programan absolutamente nada, y creo que es de esas salas cuya demanda depende de la disponibilidad de otras. Precisamente el actual cierre de Caracol ha enviado allí varios conciertos próximamente.


Salas pequeñas

En muchos casos se trata de bares más o menos grandes con disponibilidad para realizar conciertos, y que suelen tener programaciones bastante atractivas, aunque por tamaño se trata de música underground.

Wurlitzer Ballroom: que tiene el gran inconveniente que los conciertos comienzan muy tarde pero que para un tipo de grupos sin pretensiones está muy bien, muy céntrico, puede sonar bien…
Taboo: he estado muy pocas veces, recuerdo ver allí un conciertazo de Morne, pero por localización, en pleno barrio de Malasaña, es una alternativa muy válida.
Boite Live: también en el centro, y aunque realmente no está demasiado bien preparada a nivel de visualización para albergar conciertos, últimamente siempre tiene cosas programadas.
Gruta’77: otra en la que los conciertos comienzan tardísimo incluso entre semana (no es extraño salir de allí a la 1:30h-2am), y la localización, tan al sur de Madrid, puede ser un punto a favor o muy en contra. Dedicada sobre todo a punk y rock n’roll en sus diferentes variantes. Curiosamente Escape With Romeo vinieron 2-3 veces seguidas a tocar a esta sala, y siempre en domingo, para mi gusto el peor día de la semana, incluso que el lunes.
Barracudas: esta sala programa sobre todo hardcore y punk aunque últimamente han abierto algo el abanico, su mayor problema es el tamaño, lo cuál hace que a veces ver allí un concierto sea un suplicio.
Siroco: otra sala bastante céntrica y que depende de si está completamente llena o tiene media entrada, se esté a gusto o sea un pequeño infierno. Allí he visto grandes conciertos de Russian Circles o de October People
Maravillas EspectaClub (anteriormente Nasti Club, antiguamente Sala Maravillas): sólo recuerdo haber estado una vez en los últimos años, que fue en el concierto de Austra, pero justo coincidió con su cierre como Nasti. Esta es la sala donde nació el conocidísimo FIB de Benicassim pero supongo que por estilos musicales programados, no me he prodigado demasiado por allí.

A evitar

Evidentemente hay muchas que por diversas razones podrían denominarse como infumables o evitables, pero me centro en las dos mayores decepciones que como sala de conciertos uno suele encontrarse en Madrid, y que definitivamente le quitan a uno las ganas de acudir.

Ramdall: en realidad es que no tiene nada de sala de conciertos, porque es una discoteca, con buena pinta, eso sí; con un escenario bajísimo, un volumen que en algunos conciertos tira a bajo y en otros a embarullado, cuando no las dos cosas, que deja una sensación casi siempre desangelada… en fin… creo que ahora han optado por dejar de hacer conciertos, lo cuál constituye motivo de alegría por mi parte y la de unos cuantos más.
Penélope: muy bien situada y con una de las dos mejores pizzerías de Madrid al lado, La Esquinita (y también la hamburguesería Don Oso es notable), esta es la típica sala del barrio de Moncloa donde hace muchos años había fiestas universitarias de barra libre y cuyo nombre más recordado podría ser Vado Permanente. Columnas en medio, sonido bajo o pésimo siempre, la única vez en que en esta sala se ha podido disfrutar algo de un concierto fue en la gloriosa III edición del maravilloso festival Madrid Is The Dark Fest.

La industria musical va a crecer enormemente

Vía la ya imprescindible web Industria Musical llego a este video de Marc Geiger, recientemente nombrado una de las 10 personas más poderosas en el negocio musical por Billboard, que fue uno de los creadores junto a Perry Farrell de Lollapalooza, y actualmente es el agente de Ozzy, Trent Reznor y NIN, Lady Gaga o Roger Waters, o sea, casi nada. Y él desde luego es una de las voces más autorizadas para hablar de la industria musical, y en esta corta entrevista expresa muy bien 3-4 ideas que desde mi punto de vista definen muy bien el presente y sobre todo el futuro de la industria musical. Geiger habla de que la industria musical va a crecer y conseguir 5 ó 10 veces más dinero que ahora y básicamente estoy de acuerdo con él por 3 razones:

1.- Diversificación y crecimiento de las fuentes de ingresos: los artistas, y por supuesto, las discográficas, van a ver llegar dinero desde muchos sitios diferentes, como YouTube, Spotify, Pandora, Sirius, y muchos más… que a lo mejor a los artistas les parecen al principio pequeñas cantidades, pero según todos nos vayamos pasando al modelo de subscripción (y lo haremos), los cheques se van a ir multiplicando en número y sobre todo en cantidad.

2.- Escalabilidad: él habla de que el modelo real o modelo “bueno”, es el de streaming a la Spotify, algo que yo ya he defendido, y ese modelo cuenta con enormes economías de escala, y más en cuanto entren allí los grandes de Internet (Google, Amazon, una Apple que en breve empezaremos a ver qué tal su servicio de radio, etc).

3.- El poder del catálogo: esta es la auténtica vaca lechera de la industria, los “Thriller”, “The Wall” o el “Born in the USA” que van a seguir trayendo millones y millones para la industria con ninguna inversión a cambio, pure profit como dice Geiger, y eso mismo ocurrirá con otros éxitos alternativos, y además con 10, 20 ó 30 veces más suscriptores, los cheques dejarán de ser tan modestos como ahora, que estamos en un momento de cambio.

Y para conseguir todo esto, la industria sólo tiene que dejar de resistirse al cambio, porque su vaca lechera se está agotando pero lo mejor es que viene otra vaca más fresca y con mucha más leche. Y para vencer esa resistencia al cambio, sólo tiene que hacer dos cosas: cooperar mucho más diligentemente con sus distribuidores (los Spotify y Pandora de turno) y por otro lado, empujar al usuario final hacia esos servicios, en vez de intentar retenerle en el modelo antiguo (la compra de soportes físicos). Por supuesto que seguirán existiendo los soportes físicos, y muchos de nosotros los seguiremos comprando, pero tenemos que entender cuál será la tendencia especialmente entre los nuevos compradores, que no serán tanto compradores de productos como de servicios (porque aquí hablo de música, pero lo mismo aplica a la industria audiovisual).

No hay nada que me gustaría más que volver a esta entrada dentro de unos años y ver que todas estas cosas se habrán convertido en realidad, y mientras tanto recordemos la primera edición de Loollapalooza con uno de los clientes de Marc, Trent Reznor y Nine Inch Nails.

La banda sonora de la cultura gótica: El Cuervo

Después de revisar “Singles”, hoy vamos con otra fabulosa banda sonora que nos deparó la primera mitad de los 90, hablo de “El Cuervo”. La película la verdad es que ha acabado conviertiéndose en un film de culto, particularmente entre diversos colectivos y tribus urbanas góticas, y para el gran público es sobre todo conocida por la muerte durante el rodaje de su protagonista Brandon Lee, el hijo del maestro de las artes marciales en el séptimo arte, Bruce Lee.
La muerte de su protagonista supuso la mejor acción de marketing para la película, que escaló al primer puesto del box-office el fin de semana de su estreno, y puede que en cierta parte ayudara a popularizar la música que la acompañaba.
De todas formas la banda sonora es una maravilla en sí misma: The Cure aportan uno de los mejores temas de su carrera con la inédita “Burn”, que se convierte en el himno oficial de la película, y Nine Inch Nails hacen una buenísima versión del “Dead Souls” de Joy Division; la oscuridad y el ambiente gótico de ambos temas ya de por sí justifican la escucha de esta recopilación, si bien a nivel comercial es “Big Empty” de Stone Temple Pilots, ganadora de un Grammy, la más destacada. Para mi gusto un temazo, pero creo que los temas de los Cure y NIN encajan mucho mejor con la atmósfera tan gótica y en cierto modo industrial de la película.

La de Nine Inch Nails no es la única versión del álbum, puesto que Pantera se atreven con “The Badge” de los desfasadísimos punk-rockers de Portland, Poison Idea, y Henry Rollins hace lo propio con “Ghost Rider” de los neoyorquinos de la no wave, Suicide.
Además, los poderosos Helmet aportan Milquetoast, un temazo de su seminal álbum “Betty” y Rage Against The Machine, otro nombre absolutamente fundamental en aquellos años, estaban presentes con “Darkness”, un tema que regrabaron para la banda sonara y que aparecía en su demo, aunque no había formado parte de su famosísimo álbum debut. Otras formaciones como Violent Femmes o The Jesus And Mary Chain aportan buenos temas, siendo los más flojos para mi gusto My Life With The Thrill Kill Kult (unos imitadores de Ministry) y Machines Of Loving Grace, otro grupo industrial a lo NIN.

Así pues, una banda sonora de música bastante oscura y alternativa o metálica, que conjuga muy bien grandísimos éxitos con curiosidades, versiones y canciones menos populares pero de calidad. Como me costaba decidir qué video poner, si el de los Cure o el de mis adorados Helmet, pues tocan los dos 😉

In Memoriam?: Richey James Edwards, el alma de Manic Street Preachers

El post de hoy está escrito por Magenta en un ejercicio de bloguera invitada

Un grupo, cuatro integrantes, un alma. En 1986 cuatro compañeros de colegio de Blackwood, Gales, deciden formar un grupo. Uno de ellos abandona en el 88, y se quedan los que hoy conocemos: James Dean Bradfield a la voz y guitarra, Nicky Wire al bajo, Sean Moore a la batería. Pero les faltaba algo. Pronto se fijaron en su chófer, un extraño y trastornado jovencito, recién licenciado en historia política, que había sugerido algunas letras y ciertos diseños para sus carteles promocionales. Este jovencito era Richey James Edwards. Apenas tenía talento musical, pero le pusieron a tocar la guitarra rítmica (o más bien a hacer que la tocaba en los conciertos), y se convirtió en el frontman del grupo, decidiendo la dirección que su música debía tomar, el estilo que debían lucir, el discurso general antes el público, y por supuesto, las letras de todas sus canciones. Teóricamente las escribía junto con Nicky Wire (una versión descafeinada de Richey), pero si comparamos las letras de los primeros discos con las de los siguientes, no es difícil saber quién llevaba el peso principal.

Richey James Edwards - 4 realRichey dotó al grupo de una imagen transgresora, controvertida, con tremenda carga política, andrógina, glam, feminista y todo sea dicho, un pelín terrorista. Llevaban camisetas con el logo “All Rock and Roll is Homosexual”, cuando no estaba excesivamente bien visto hacer semejantes afirmaciones. Llevaban uniformes militares, y colaban la hoz y el martillo en lugares bien visibles de su iconografía. En el 91, al ser cuestionado sobre su autenticidad por Steve Lamacq, redactor de NME, Richey se escribió con una cuchilla las palabras “4 Real” en el brazo, por lo que necesitó hospitalización y 18 puntos.

La verdad es que este acto cuadraba perfectamente con su personalidad. Sufría tremendos episodios depresivos, se negaba a enamorarse (decía que no hubiera sido honesto), leía a Sylvia Plath, Rimbaud y Dostoyevski, y hablaba abiertamente sobre sus conductas autolesivas (se apagaba cigarrillos en los brazos y se producía profundos cortes en el cuerpo). Era tan abierto sobre el tema, que incluso recibía juegos de cuchillos de sus fans. Era alcohólico y adicto a las drogas, pasando largas temporadas en rehabilitación. Era cuestión de tiempo que toda esta bomba de relojería estallara, y después de unos meses en las últimas, negándose incluso a comer, ingresó en un psiquiátrico. Al ser dado de alta, se fue de gira por última vez, junto con Suede y Therapy?. Su penúltimo concierto, en Diciembre del 94 en Londres, es legendario – el grupo acabó el show destrozando su equipo y el sistema de iluminación de la sala, incitados por Richey.

En Enero del 95, el mismo día en que debía viajar con Bradfield a Estados Unidos para un tour promocional, desapareció. Tenía 27 años, la misma edad en la que murieron otras almas trastornadas como Kurt Cobain, Jimi Hendrix o Jim Morrison. Había expresado abiertamente que no quería irse de viaje, y había sacado unas 2000 libras en efectivo de su cuenta. Fue visto en distintos lugares de su infancia en las semanas siguientes. En Febrero la policía encontró su coche abandonado cerca del Severn Bridge, un puente que tiene fama por ser el sitio de elección para muchos suicidas. Sin embargo, no se encontró ningún cuerpo, y la gente que le conocía negó rotundamente que pudiera ser una posibilidad. Desde entonces, ha habido varios supuestos avistamientos en distintos lugares del mundo, y sus propios compañeros dicen que no creen que haya muerto. Además, existe una leyenda que dice que una cuarta parte de las ganancias de los Manics van a parar a una cuenta secreta…. En 2008 fue declarado presuntamente muerto, pero sin ninguna evidencia de que así sea.

Mientras fueron cuatro, publicaron dos discos excelentes – Generation Terrorists y Gold Against the Soul. Richey también fue responsable de un tercero bastante potable: The Holy Bible, aunque se nota que aquí ya estaba en plena espiral de autodestrucción (poco después ingresaría en el psiquiátrico). Había ideado un cuarto disco, que según dijo, iba a ser un cruce entre Pantera y Nine Inch Nails, con toques de Screamadelica. Antes de empezarlo, desapareció, y en su lugar los Manics publicaron Everything Must Go, que les supuso el primer éxito comercial. A partir de ahí, han sido bastante prolíficos en su obra y con bastante éxito comercial y de crítica… aunque perdieron el toque que les hacía ser un grupo de culto, para convertirse en otro grupo más del mainstream. Hay algunos temas bastante dignos, como If you tolerate this your children will be next, The Everlasting, Let Robeson Sing o Autumn Song, pero ninguno está a la altura de ninguno de los 18 temas del Generation Terrorists. Por Dios, comparadme Motorcycle Emptiness con Your Love Alone is not Enough.

Os dejamos con uno de sus temas – y videos – más representativos.
Qué grande fuiste, Richie.

La mejor versión de un tema de Depeche Mode: Rammstein, “Stripped”

Siempre me han gustado mucho las versiones de temas de otros artistas, sobre todo cuando el artista en cuestión le da un tratamiento diferente y casi que la hace propia. De hecho sabemos de temas que han alcanzado su máxima popularidad con la versión y no con el tema original, y tenemos muchos ejemplos, que es muy posible que vayan apareciendo por aquí en algún momento. El de Rammstein y su revisión del “Stripped” de Depeche Mode no es un caso de superar el original (imposible desde mi punto de vista), sino de llevárselo a su terreno, que es de lo que se trata. Y en eso los germanos superaron todas las expectativas.

“Stripped” fue publicado dentro de un álbum tributo a Depeche Mode titulado “For The Masses”, que incluía nombres entonces más populares que Rammstein, como The Cure, Smashing Pumpkins o Deftones, pero era sin duda ese último tema del álbum la joya de la corona del mismo. Además, Rammstein publicaban un single que junto a la versión del tributo incluía 4 remezclas, una de ellas de Johan Edlund de Tiamat, dos a cargo de Chalie Clouser (Nine Inch Nails) y otra a cargo de uno de los tipos de KMFDM. Remixes correctos aunque no imprescindibles y que en cualquier caso no superan la versión.

Y llegamos a la parte más polémica, que como es costumbre en Rammstein no podían estar exentos de ella, y es que el video para la ocasión no era su hasta entonces típica mini-película inspirada en film de éxito, sino que directamente cogieron las imágenes del documental “Olympia” de Leni Riefenstahl. La directora es famosa por haber sido una artista de vanguardia, sobre todo a nivel estético y por su innovación en el tratamiento de las imágenes. Sin embargo, siempre será recordada como la artista visual del régimen nazi, ayudando con sus imágenes a propagar toda la imaginería y estética asociada con Adolf & Co. “Olympia” era un documental grabado durante los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín, que se hicieron sobre todo célebres por la victoria de Jesse Owens en la prueba reina del atletismo de los 100 metros lisos delante de todos los mandamases nazis.

Mi punto de vista es que, por encima de otras consideraciones, las imágenes y la música encajan de forma perfecta, poniendo el broche de oro a mi ya comentada percepción de clásico en su propio derecho.

Por último, comentar que Rammstein interpretaron esta versión como cierre en la gira de “Rosenrot”, concierto que en Madrid se celebró en la Cubierta de Leganés y cuyo aforo aquel día no es que estuviera sobrepasado, es que si llega a pasar algo, deja la desgraciada tragedia del Madrid Arena en una anécdota.