Otra joya desconocida: The Martyrdom of a Catastrophist de Junius

Ya he hablado en alguna otra ocasión, que resulta muy complicado hoy en día encontrar obras maestras que lleguen al mainstream, y que para hacerlo hay que “rascar” mucho, y en la gran mayoría de los casos fuera de los canales de mayor popularidad. Pues bien, hoy quiero hablar de este álbum, que ya pertenece a la década pasada, pero que creo que sigue siendo un álbum a reivindicar como absoluta obra maestra. Hablamos del “The Martyrdom of a Catastrophist” de Junius.

Es en 2009 cuando sale al mercado este disco, el primero de Junius despues de dos excelentes EPs, que dejaban entrever un enorme potencial. Es difícil señalar un estilo concreto, ya que Junius beben de muchas fuentes, para mí es post-rock con vocalista, lo que pasa es que algunas veces he leído que el post-rock se refiere sólo a la vertiente instrumental; afirmación con la que no estoy en absoluto de acuerdo, por cierto. Aunque en realidad la mejor definición de este grupo para mí la dio la revista Rolling Stone, que no es que sea una de mis publicaciones de cabecera ni mucho menos, y que ya en 2009 no era tan relevante como antaño, pero definieron a Junius tras escuchar este disco como una mezcla entre Neurosis y The Cure, y para mí esa es una definición perfecta; y curiosamente ninguno de los dos son bandas de post-rock, por supuesto, pero es lo que tienen las definiciones y las etiquetas. Precisamente en aquella época, se hablaba de Junius como uno de los tres grandes grupos de post-rock de la zona de Boston, junto con los muy recomendables Constants (estos también tienen vocalista) y los enormes Caspian.

En realidad Junius no se parecen a nadie, y este es un disco, como muchos otros grandes discos, para escuchar del tirón, con cascos, para apreciar todos sus matices, para que un mes te guste una canción y al mes siguiente estás enganchado al estribillo de otra, tarareándolo todo el día. No hay hit singles claros, aunque ese “Letters from Saint Angelica” sea una debilidad mía, con ese hipnótico estribillo de “Wake Up Wake Up Dear Sir”, o ese extraordinario tema de “A Dramatist Plays Catastrophist”. Pero en realidad da igual, se trata de un álbum con una entidad propia, con una atmósfera espectacular que vas paladeando según avanzan los temas, y cuando llegas al final, además de hacérsete corto, quieres escucharlo de nuevo.

No podemos olvidar tampoco el contenido de las letras del disco, que trata sobre la historia de Immanuel Velikovsky, e incluso contiene pequeños fragmentos de audio insertados del propio Velikovsky, un controvertido hombre del Renacimiento del siglo pasado: psiquiatra, psicoanalista, escritor, científico y considerado uno de los grandes catastrofistas de nuestros tiempos, de ahí el título del álbum. Y la parte del martirio tiene que ver con que fue una figura muy controvertida durante la segunda mitad del siglo XX, y sufrió fuerte oposición a sus teorías desde el mundo académico. Los títulos de las canciones por supuesto también están relacionados: “Stargazers and Gravediggers” es uno de sus libros, Elisheva es su mujer, violinista y escultora…

Pero donde de verdad me quedé impresionado con Junius fue cuando presentaron este disco en directo: Madrid, 3 de Noviembre de 2009 en Wurlitzer Ballroom, “La Wurli”. Un lunes de Noviembre nos presentamos allí otros dos amigos y yo, y nos quedamos absolutamente impresionados con aquel directo, con las atmósferas que fueron capaces de crear los 4 chavales de Boston. Pese a que el disco había sido publicado muy recientemente, descargaron la mayor parte del mismo, y nos volvimos a casa alucinando con lo que habíamos presenciado. Posteriormente he visto a Junius en otras dos ocasiones, y nunca se han acercado a esa maravilla de concierto. Quizás también sea porque sus obras posteriores, aunque enormes, no me han llenado tanto como este disco; quizás fuera la novedad, quizás fuera aquel concierto, pero lo que está claro es que este es uno de mis discos de llevarme a una isla desierta.

Presentando el cartel de este año del Primavera Sound

Todos los años, cada vez que el Primavera Sound barcelonés anuncia su cartel me queda un regusto amargo: por un lado, siempre hay algún grupo que me apetece mucho ver y que además suelen traer en exclusiva para España, evitando de esa forma que esa semana toquen en Madrid; por otro lado, el cartel en general y sobre todo el espíritu del festival no van demasiado conmigo. Pero una cosa tengo que reconocer, los tíos se han salido presentando el cartel de este año del Primavera Sound.

Es verdad que presentar el cartel a través de una especie de videoclip no es algo nuevo, el propio Resurrection Fest lo hizo el año pasado y además a través de varios episodios. Pero esto es un corto en toda regla, con una historia detrás muy entretenida desde mi punto de vista, con todo el hilo cuidado hasta el mínimo detalle, con los nombres de las bandas apareciendo en algún momento, sea en la tienda, en las camisetas o mi favorita, en la lavandería. Es posible que esto no sea nuevo y quizás Coachella o cualquiera de estos festivales americanos ultra-cool ya hayan hecho algo parecido, pero yo estoy valorando el corto como fan de la música en general, aunque tres cuartas partes del cartel del Primavera no me suenen de nada y por lo que he visto de otros años el público es de un hipster que echa para atrás.

Para este año la verdad es que el cartel es, como siempre, ecléctico y con el balance adecuado entre grandes nombre y bandas underground. Los grandes nombres no decepcionan: Reznor vuelve con Nine Inch Nails, Frank Black hace lo propio con los Pixies aunque sin Kim Deal; Queens of the Stone Age, Arcade Fire o The National son muy solventes como cabezas de cartel junto a los anteriores; la vuelta de los shoegazers Slowdive supongo que habrá gustado bastante a determinada gente; Television es un grupo absolutamente clásico de la no-wave neoyorquina de finales de los 70, coetáneos de los Ramones o de Blondie; yo por mi parte estaría encantado de ver al señor Justin Broadrick con Jesu, a Cold Cave, a The Twilight Sad y a Touché Amoré.

Y luego ya está la parte más extraña que desde hace unos años se saca este Primavera Sound, y es que en un entorno absolutamente indie, meten grupos de metal super-cañero. Es verdad que grupos como Neurosis y sobre todo Isis (en 2 ocasiones en el festi) han caído bien entre tanto post-rockero y post-metalero con gafas de pasta; pero lo de hace un par de años de meter a Wolves in the Throne Room, a Napalm Death o a Mayhem fue una ida de olla importante. Este año Kvelertak y sobre todo Deafheaven deberían hacer las delicias de aquellos que quieran saber qué es el hipster metal mientras el resto del recinto se pregunta qué es ese ruido infernal.

Finalmente, debo confesar que si viviera en Barcelona seguro que me pasaba uno o varios días por el festi, porque además la organización parece que es un lujo, y porque este es otro ejemplo de festival que ha sabido crecer orgánicamente, haciéndolo bien; en ese sentido ha tomado muy bien el relevo de un FIB en horas más bajas; parece que los festivales indies hacen mejor las cosas que los festivales de música más dura, donde el penosísimo Sonisphere ya ha anunciado que no hay edición española este año. Afortunadamente hay otros como el Leyendas del Rock que siguen el camino del Primavera o del Resurrection y si bien se tienen que contentar con anunciar el cartel de una forma mucho más modesta (actualizando su Facebook cada 5 minutos con una nueva banda), al menos están en en la senda correcta.

Salas de conciertos en Madrid: perdemos las mejores

Con el enésimo cierre de la Sala Caracol la situación de la música en vivo en la capital de España cada vez va a peor. Es verdad que a nivel de agenda no nos podemos quejar en exceso porque aunque siempre hay giras internacionales que se nos escapan, especialmente si nos comparamos con países centroeuropeos, últimamente la agenda está repleta, pero el problema ahora mismo está en el nivel de las salas de conciertos. Hasta hace unos días pensaba también que la cantidad de salas era pequeña, pero al investigar y recopilar para esta entrada me he dado cuenta que no es tanto un tema de cantidad sino de calidad y que sobre todo, que en términos de salas de conciertos en Madrid, de un tiempo a este parte, perdemos las mejores.

Veamos cuál es el panorama actual de las salas de rock en nuestra ciudad a través de una heterogénea clasificación que se me ha ido ocurriendo:

Las que han pasado a mejor vida o están en peligro de hacerlo:

Para mí, Caracol es la mejor sala de la capital. Bien comunicada, lo cuál es algo esencial, con bares cerca (los pinchos de tortilla gigantes del bar de la esquina son legendarios) y aunque sirve de discoteca su configuración es de sala de conciertos: techo altísimo, nada de molestas columnas, visibilidad perfecta, sonido increíble, escenario alto… Esperemos que consigan salir a flote de nuevo y los aficionados podamos seguir disfrutando de la experiencia Caracol, yo desde luego me solidarizo con sus trabajadores.
Ritmo y Compás, sala mítica, también excelentemente comunicada al lado de la Avenida de América, cerrada hace más de 1 año, era LA sala ideal para conciertos de menos de 300 personas; en este caso, la empresa no llegó a un acuerdo para renovar el contrato con la propiedad, un lose/lose en toda regla. Allí he podido disfrutar de conciertos irrebatibles, charlar tranquilamente con los músicos en la puerta, en fin, enorme sala. Ritmo y Compás sigue existiendo como locales de ensayo, estudio de grabación, management, etc. pero desgraciadamente no como sala de conciertos.
Gloss Club: parece que el local sigue en pie, y ahora se dedican al techno en vez de a la música latina, pero al parecer no quieren hacer conciertos por problemas con los vecinos. Este local se ha llamado de diferentes maneras a lo largo del tiempo, quizás su época de mayor esplendor fue como Katedral, mi concierto más recordado allí fue Marilyn Manson en el año 96, con un ambiente increíble y una banda en estado de gracia, presentando “Antichrist Superstar”. Luego como Gloss Club han acogido en los últimos años conciertazos de Neurosis o Godflesh por poner dos ejemplos.

Salas consolidadas

Con este nombre me refiero a ese tipo de salas que llevan muchos años funcionando, programan más o menos a menudo y llevan bastantes años formando parte del circuito de directos de la ciudad.

Moby Dick, donde estuve hace un par de semanas viendo a A Place To Bury Strangers, suena bien y personalmente me pilla a pata de mi casa, con lo cuál siempre es bienvenida.
La Sala Live, con alguna molesta columna y un techo algo bajo, no tan bien situada, algo demasiado al sur para mi gusto, pero el sonido es bueno normalmente, y tiene enfrente una pulpería interesante en la que tomarse algo. Creo que mi primer concierto allí fue de Lacrimosa a finales de los 90, han tocado allí Volbeat antes de hacerse masivos (y tuvieron media entrada) y recuerdo un concierto espectacular de Biohazard en la gira de reunión, la última vez con Evan Seinfeld.
Arena/Heineken/Ku/Marco Aldany: ya un clásico del circuito del directo madrileño, sonaba mal hace muchos años pero lo han ido solucionando, los precios de las bebidas son claramente abusivos, pero la localización y las posibilidades de tomarse algo antes del concierto son sobresalientes. Recuerdo con mucho cariño el enorme concierto de At The Drive-In en la gira del glorioso “Relationship of Command”.
La Riviera: allí estuve viendo el otro día a los grandiosos Alter Bridge de Myles Kennedy y a los Halestorm de la amiga Lzzy Hale, y he visto innumerables conciertazos a lo largo de los años, si sólo quitaran esas horteras palmeras del medio para ver mejor al señor Trent Reznor cuando ha venido con NIN…
Joy Eslava: un clásico en la noche madrileña a nivel de discoteca para un público determinado, no alberga demasiados conciertos más que cuando desaparecen otras salas, pero hay que reconocer que está muy bien, y vi allí uno de los mejores conciertos de mi vida, Therion presentando el “Gothic Kabbalah”, por lo que sólo por eso ya le tengo especial aprecio.
El Sol: un clásico, aunque hace mucho que no programan nada de mi interés, más bien pequeña y no especialmente bien hecha para conciertos, Rachel Arieff celebra allí su anti-Karaoke  madrileño todos los meses.
Copérnico: en el barrio de Argüelles, va por rachas, hay épocas en que se celebran muchos conciertos allí, otras en las que no programan absolutamente nada, y creo que es de esas salas cuya demanda depende de la disponibilidad de otras. Precisamente el actual cierre de Caracol ha enviado allí varios conciertos próximamente.


Salas pequeñas

En muchos casos se trata de bares más o menos grandes con disponibilidad para realizar conciertos, y que suelen tener programaciones bastante atractivas, aunque por tamaño se trata de música underground.

Wurlitzer Ballroom: que tiene el gran inconveniente que los conciertos comienzan muy tarde pero que para un tipo de grupos sin pretensiones está muy bien, muy céntrico, puede sonar bien…
Taboo: he estado muy pocas veces, recuerdo ver allí un conciertazo de Morne, pero por localización, en pleno barrio de Malasaña, es una alternativa muy válida.
Boite Live: también en el centro, y aunque realmente no está demasiado bien preparada a nivel de visualización para albergar conciertos, últimamente siempre tiene cosas programadas.
Gruta’77: otra en la que los conciertos comienzan tardísimo incluso entre semana (no es extraño salir de allí a la 1:30h-2am), y la localización, tan al sur de Madrid, puede ser un punto a favor o muy en contra. Dedicada sobre todo a punk y rock n’roll en sus diferentes variantes. Curiosamente Escape With Romeo vinieron 2-3 veces seguidas a tocar a esta sala, y siempre en domingo, para mi gusto el peor día de la semana, incluso que el lunes.
Barracudas: esta sala programa sobre todo hardcore y punk aunque últimamente han abierto algo el abanico, su mayor problema es el tamaño, lo cuál hace que a veces ver allí un concierto sea un suplicio.
Siroco: otra sala bastante céntrica y que depende de si está completamente llena o tiene media entrada, se esté a gusto o sea un pequeño infierno. Allí he visto grandes conciertos de Russian Circles o de October People
Maravillas EspectaClub (anteriormente Nasti Club, antiguamente Sala Maravillas): sólo recuerdo haber estado una vez en los últimos años, que fue en el concierto de Austra, pero justo coincidió con su cierre como Nasti. Esta es la sala donde nació el conocidísimo FIB de Benicassim pero supongo que por estilos musicales programados, no me he prodigado demasiado por allí.

A evitar

Evidentemente hay muchas que por diversas razones podrían denominarse como infumables o evitables, pero me centro en las dos mayores decepciones que como sala de conciertos uno suele encontrarse en Madrid, y que definitivamente le quitan a uno las ganas de acudir.

Ramdall: en realidad es que no tiene nada de sala de conciertos, porque es una discoteca, con buena pinta, eso sí; con un escenario bajísimo, un volumen que en algunos conciertos tira a bajo y en otros a embarullado, cuando no las dos cosas, que deja una sensación casi siempre desangelada… en fin… creo que ahora han optado por dejar de hacer conciertos, lo cuál constituye motivo de alegría por mi parte y la de unos cuantos más.
Penélope: muy bien situada y con una de las dos mejores pizzerías de Madrid al lado, La Esquinita (y también la hamburguesería Don Oso es notable), esta es la típica sala del barrio de Moncloa donde hace muchos años había fiestas universitarias de barra libre y cuyo nombre más recordado podría ser Vado Permanente. Columnas en medio, sonido bajo o pésimo siempre, la única vez en que en esta sala se ha podido disfrutar algo de un concierto fue en la gloriosa III edición del maravilloso festival Madrid Is The Dark Fest.

30 años de Madonna

Hoy se cumplen 30 años del primer álbum de Madonna, de homónimo título, y las redes sociales ya están empezando a celebrarlo. Como no tiene sentido hablar de Madonna en términos similares a unos Life Of Agony porque a la Ciccone todo el mundo más o menos la conoce, simplemente voy a comentar algunas de las cosas que me han llamado la atención o por las que la recuerdo. Estamos hablando de una mujer que a lo largo de su carrera la recuerdo como cantante, modelo, bailarina, diseñadora, actriz de cine y me suena que también de teatro, escritora de cuentos, madre, esposa, icono de varias generaciones, agent provocateur y un largo etcétera…

A nivel musical, que creo que es lo más importante, puesto que es lo que le he dado la fama (y la pasta) para luego hacer todo lo que le he dado la gana, debo decir que ese primer álbum me parece un muy buen disco de debut, pero que mis favoritos son los siguientes: “Like A Virgin”, “True Blue”, que posiblemente es mi favorito de toda su discografía y cuya cassette llegué a quemar de tanto ponerla, “Like A Prayer”, cuyo vinilo compré el día que se puso a la venta con aquella historia de que olía a pachulí, y posteriormente le fui perdiendo la pista poco a poco. Durante la década de los 90s yo estaba demasiado ocupado con Pearl Jam, Pantera, Therapy? y Biohazard o descubriendo a Neurosis, aunque es verdad que siempre que la veía en TV (porque había programas que ponían música en la tele) mostraba videoclips innovadores, donde por cierto cada vez cambiaba de look y costaba al principio saber que se trataba de ella. Pero desde luego lo que no se podía decir de ella era que no innovaba; y a nivel musical, del pop de sus inicios iba pasando a una música cada vez más electrónica, y es que como a esta mujer siempre le ha dado todo igual y al mismo tiempo es extraordinariamente lista y supongo que está muy bien aconsejada, ha conseguido subirse a todas las olas y todas las modas, y ha salido victoriosa de o con ellas. Probablemente la cima en esta segunda (o tercera, o cuarta) etapa de su carrera llegó con “Hung Up” en 2005, y en mi caso fue en 2009 cuando la pude ver por primera vez en directo y debo decir que no me defraudó lo más mínimo.

Para acompañar esta entrada, más que los videoclips de “Material Girl”, “La Isla Bonita” o “Like A Prayer”, que son mis favoritos, he preferido algo con más historia, y es la interpretación de “Into The Groove” en el Live Aid de 1985. Madonna en aquella época no era la superestrella que sería 2-3 años más tarde y su lugar en el cartel era discreto, pero ya podemos ver alguna de las características que le permitirían triunfar: carisma sobre el escenario, una actitud de “me da todo igual” que se refleja en su vestuario superochentero (y no perdamos de vista las pintas de toda su banda) y en su coreografía, temazo al canto aunque a nivel vocal no sea una privilegiada precisamente, etc etc