Digipack vs caja de plástico

Digipack vs caja de plástico

 

Desde hace un tiempo se viene librando una curiosa discusión entre los ya pocos consumidores que quedamos del formato CD, relativa a las preferencias sobre el envoltorio del CD: el digipack de cartón, en sus diversas variantes, y la caja de plástico de toda la vida (en inglés jewel case); y en este caso debo reconocer que me encuentro claramente posicionado a favor de uno de ellos, y de forma muy entusiasta y evidente.

Remontémonos a los primeros tiempos del compact disc, allá por la segunda mitad de los 80: esta era una tecnología y un formato que prometía lo mejor de lo mejor, empezado por el propio disco, una única cara con lo cuál no había que levantarse a “pinchar” la otra cara; la que siempre se consideró la principal ventaja durante mucho tiempo, sonido digital vs analógico; al mismo tiempo se aseguraba que el disco podía escucharse todas las veces que se quisiera sin que sufriera desgaste o que duraría para siempre, algo que ha sido matizado posteriormente en muchas ocasiones; había otra ventaja obvia, que era el número de minutos de música que se podía llegar a insertar en el disco, inicialmente unos 77 minutos, posteriormente yo creo que he visto algún CD hasta con 79 y puede que 80; y por último, un formato mucho más pequeño y manejable que un vinilo, cuya ventaja disfrutaban por igual consumidores y tiendas.

Estos primeros CDs siempre vinieron en su formato original con su caja de plástico estándar y sus libretos, que normalmente permitían incorporar más información, mejores fotos, las letras de las canciones, etc que el vinilo. La ventaja venía en gran medida para las tiendas, que necesitaba mucho menos espacio para cada CD que para cada LP, y ya sabemos a cuánto se cotiza el metro cuadrado de espacio comercial. Al fin y al cabo al principio tenía sentido esa estandarización, porque todo era novedoso y casi que la caja era lo de menos.

Con el tiempo llegó el digipack, es decir, en vez de la caja de plástico de siempre, el CD se empezó a vender en una caja de cartón con su bandeja para insertar el CD muy similar a la de la caja de plástico. Y a partir de ahí el digipack fue creciendo tanto en número como en variedad, pues sí al principio éste también era bastante homogéneo, con el tiempo se fueron desarrollando diferentes tipos de digipacks: el clásico, que es el que mantiene la bandeja para insertar los CDs; el digifile, que permite insertar el CD dentro de una apertura en el interior del panel; el digisleeve, donde el CD en realidad va dentro del propio panel y es el más similar a la carpeta de vinilo; el digibook, mucho más gordo y de varios paneles; el A-5, un digipack mucho más grande, tamaño casi de DVD, el eco-wallet y un largo etcétera.

 

Digipack vs caja de plástico

 

¿Cuáles son las ventajas del digipack?

En primer lugar, es mucho más ecológico. Frente a la caja de plástico tradicional, que produce unas cantidades de desperdicio de plástico enormes, el digipack es en sí mismo un producto del reciclaje.

La diferenciación: en una caja de plástico la única diferencia está en la portada y si acaso la contraportada. Un digipack permite incluir muchas más imágenes fuera de lo que es el libreto, normalmente como parte del artwork del álbum, permite de todas formas incluir el mismo libreto si así lo deseamos, o bien permite colocar toda la info en los paneles. Igual que el vinilo evolucionó hacia las carpetas dobles y formatos más trabajados, el digipack es lo más parecido, y permite gran cantidad de diseños y en definitiva crear obras más o menos únicas.

Hoy en día ya hay gran cantidad de discográficas que ya prácticamente no usan la caja de plástico, entre ellas varias de mis favoritas, como Prophecy, que ha elevado el envoltorio a la categoría de arte y ha creado una nueva forma de comprar música con sus numerosas ediciones limitadas y lo que podríamos denominar como la evolución definitiva del digipack, el artbook; Deathwish, el sello de Jacob Bannon, cantante de Converge, apenas utiliza caja de plástico; y luego está el caso de Avantgarde, sello milanés de Roberto Mammarella, conocido por su grupo Monumentum y ese gran clásico de álbum titulado “In Absentia Christi”, que está popularizando el A-5 y donde hace unos meses me contaba en su tienda que los grupos que ficha no le piden digipack, eso se sobrentiende, sino que le piden directamente que les publique en A-5. Además, desde hace algún tiempo el diferencial de precio entre uno y otro se ha reducido enormemente (solía ser bastante más caro el digipack, de ahí normalmente su precio más alto), con lo que todavía está menos justificado no utilizarlo.

El menor peso: especialmente digipacks tradicionales, digifiles y digisleeves, con un libreto de acompañamiento de un número de páginas estándar, tiene un peso sensiblemente inferior al CD metido dentro de la caja de plástico. Y esto no es un tema banal, por una razón: las tarifas postales. Más allá de las tarifas planas de Amazon, y por supuesto pensando en grupos pequeños, que en muchos casos venden a través de su Bandcamp; o en distribuidoras pequeñas con unas pocas referencias, el peso importa y mucho. En España, la diferencia entre enviar al extranjero un CD en su digipack de 90 gramos o un CD en su caja de plástico, unos 130 gramos, es la diferencia entre pagar 2 euros o pagar 6. Así que para los grupos que piensan en exportar, al menos en España con esa línea roja de los 100 gramos, está claro cuál debería ser su elección.

Frente a ellas, ¿cuáles son las ventajas de la caja de plástico?

La estandarización, tanto a nivel de colocarse en esas maravillosas estanterías de Ikea, como a nivel de sustitución. Los defensores de la caja de plástico siempre argumentan que de esa forma, caja rota, caja repuesta.

La resistencia de la caja frente al mucho más frágil digipack, que enseguida muestra evidentes signos de uso, sin hablar de manchas, que se moje, etc. Esto obviamente es cierto, pero no es menos cierto que no tiene ningún sentido tener los digipacks sin protección cuando puedes conseguir 100, 200 ó 500 fundas protectoras a un precio irrisorio traídas de China, o bien gastarte un dinero interesante y comprar fundas japonesas de coleccionista a 1€ la funda. Como vemos, hay opciones para todos los bolsillos

Veredicto: el digipack gana por goleada. Sinceramente no entiendo cómo en 2016 se siguen publicando los CDs en cajas de plástico. Por favor, que los sellos discográficos entiendan que hoy en día el que compra CDs lo hace por coleccionismo, la música está disponible en muchos otros lugares más que en el CD. Hay que crear productos únicos que hagan que el comprador vea el beneficio de poseer algo diferencial. En mi caso, hace ya muchos muchos años, que sobre todo por razones de espacio, guardo mis CDs en álbumes o carpetas, y desecho todas las cajas de plástico, que suelen apreciar mis amigos. Y tengo que reconocer que hoy en día no hay nada que me motive menos a la hora de comprar un CD que saber que es caja de plástico, y así pasa, que a menos que sean ediciones cortas, tiendo a dejarlos pasar en favor de ediciones limitadas en digipack.

 

Digipack vs caja de plástico

Artesanos de la autoproducción: La Broma Negra

 

La Broma Negra - Artesanos de la Autoproduccion

 

Hoy tengo el placer de hablar y presentar a este grupo con 25 años de historia a sus espaldas llamados La Broma Negra. Y la verdad es que considero una broma que tras semejante cantidad de años (con parón de más de 10 años incluido, eso sí), sea un grupo tan absolutamente desconocido, pero es verdad que ellos también han contribuido a ello. Para hacerse una idea, y teniendo 8 álbumes publicados, ni siquiera estaban creados en la base de datos de esa maravilla que es Discogs, así que dado que he adquirido buena parte de su discografía últimamente, me tocó crearlos.
Estos tíos (el núcleo del grupo, que son su cantante Carlos Caballero y su guitarrista Álex Gómez ) comenzaron a principio de los 90 haciendo un hard rock de corte comercial y con un look parecido a los The Cult de la época cantando en castellano, lo que quizás también les colocaba cerca de unos Héroes del Silencio.

 

 

Si habría algo que yo destacaría de esos primeros discos, que suenan frescos hoy en día, son las buenísimas letras de Caballero, una constante que se mantiene en el día de hoy. Con poca suerte, porque debían haber triunfado, y tras la publicación de dos grandes discos de hard rock que seguía las líneas de los grupos anteriormente mencionados, el grupo decide tomarse un descanso de 11 años, para volver en 2007 con “Envenenador de Manzanas” un disco que mezclaba rock con electrónica. A este seguiría otra buen álbum titulado “Cómo Aprendí a Amar a un Cocinero” y es tras este cuando viene el gran cambio, y es que el grupo publica “Las Joyas de la Princesa”, que no es sino una recopilación de temas incluidos en estos dos últimos álbumes completamente rehechos en formato totalmente electrónico. No se trata del típico álbum de remixes, sino de un cambio absoluto de hacer música rock a la música electrónica. Quiero pensar que tomando esa decisión el grupo perdió parte de su base de fans, cualquiera que esa fuera.

 

 

Y desde entonces han publicado tres discos con una muy buena regularidad y en realidad este es el grupo que yo he conocido y me encanta, aún reconociendo la calidad de sus álbumes antiguos con su sonido de entonces, que es otro estilo que me gusta mucho. Así pues, lo que podemos encontrar aquí son grandes melodías y enormes letras, todo aderezado con la inconfundible voz de Caballero haciendo de este cóctel una especie de Joan Manuel Serrat o Enrique Bunbury pasado por el synth con guitarras y atmósferas oscuras. Es un grupo que no se parece a nada ni a nadie, quizás una banda ochentera que hubiera descubierto electrónica más moderna y con un letrista que deja en ridículo al 90% de los compositores de este país, de cualquier estilo de música. Ahora el problema es el de siempre: como vender esta música o por lo menos llegar a tu potencial público. Y no se puede decir que no lo estén intentando, pues la cantidad de videoclips oficiales publicados en YouTube es enorme, no así el presupuesto destinado a cada uno de ellos, como es lógico. Además se puede escuchar gran parte de su discográfía en Spotify y en su Bandcamp, así que por ese lado están haciendo las cosas muy bien. No les ayuda el hecho de hacer una música tan particular, porque sí, deberían llegar a muy diferentes públicos, pero también te puede ocurrir que quedes como una rareza en medio de ningún lado y sólo conocidos y adorados por una minoría, que me temo que es su caso. Otra cosa sería que consiguieran colarse de teloneros de, por ejemplo, alguien como Mónica Naranjo, que tiene un público muy variado y que últimamente mezcla, de manera muy acertada a mi parecer, electrónica con rock más o menos duro.

 

 

Hace un par de semanas, La Broma Negra presentaba su reciente obra, “Amigos, Temo que Ya no Estemos en la Tierra” en Madrid. Y me encontré con una gran sorpresa, y fue un grupo con un directo sólido a prueba de bombas. Al duo fundador se les añade ahora una percusionista de look gótico y con la mitad de años que ellos, y un mago de las teclas, que gracias en parte a su forma de colocar su instrumento a la vista del público, mostró un trabajo soberbio y extenuante a los teclados. Dos horas de concierto en las que Caballero estuvo escandalosamente inspirado a la voz, y en las que repasaron tanto el disco que presentaban, como de forma extensa los dos anteriores “Déjanos la Luz Encendida” y “Desilusiones de Grandeza”; aunque en línea con lo que comentó Caballero “La Broma Negra no hace bises” no tocaron su canción para mí más comercial, “Las Chicas de El Corte Inglés”, y vuelvo al principio, esto parece ser la tónica del grupo, ir a su bola, hacer música comercial sin resultar comerciales, lo cuál me parece perfecto, y que por muchos años sigan regalándonos grandiosos temas estos artesanos de la producción, como a ellos mismos les gusta denominarse.

 

La explosión del synthwave

Retro Synthwave Perturbator

 

La entrada de hoy está dedicada a un movimiento musical que lleva un tiempo emergiendo desde el underground y que está dando lugar a la explosión de un nuevo estilo que podemos denominar synthwave, pero al que se le conoce también con muchos otras denominaciones diferentes: darksynth, retro futuristic, synth soundtrack, futuresynth, retro synthwave, outrun (traducido como “música de persecución”), etc. Y bien, ¿de qué hablamos en esta ocasión? Pues de música electrónica, en la mayor parte de los casos instrumental, que tiene su origen en los 80s en dos vertientes: por un lado la musical, puesto que la música está compuesta a base de emuladores de sintetizadores antiguos; por el otro lado, la estética también es decididamente retro, en las portadas, en los videos de YouTube, en el poco merchandising disponible. Al final todo viene a ser como meter en una coctelera a Jan Hammer, Jean Michel Jarre, la música y estética de Blade Runner, algo de manga japonés, un poco de Miami Vice y las máquinas de videojuegos de los 80s, bien de coches o de destrucción.

¿De dónde ha salido todo esto? Pues básicamente de dónde sale ahora muchísima de la nueva música aunque esta tenga ese aire retro: de los ordenadores de individuos dedicando muchas horas de su tiempo a aprender como manejar el software que hace posible crear esta música. ¿Y dónde se encuentra esa escena? Pues como ocurre hoy en día con muchos de estos movimientos, esta es una escena global, con los artistas (en este caso denominados productores) diseminados por todo el planeta; no podemos hablar que esté concentrado en algunos países o incluso continente, puesto que hay productores en Estados Unidos, Europa y Asia (y no sólo en Japón como inicialmente yo podría imaginar). Si tuviera que hablar de un epicentro probablemente se trataría de Francia, puesto que ahí es dónde parece que el número de artistas y su importancia está creciendo exponencialmente. ¿Y cómo se ha propagado esta fiebre por este estilo? Pues por los canales habituales: YouTube, plagado de cutre-videos con aire ochentero; Bandcamp, con infinitas bandas y sellos que tan sólo publican su música en esta plataforma; y tratándose de electrónica, también Soundcloud contiene bastante música synthwave; y luego por supuesto los gigantes Spotify, Apple Music, y demás servicios de streaming también la distribuyen. Y fuera de los canales puramente musicales, a través de los videojuegos, que la incluyen en muchos casos como banda sonora de los mismos; y de los propios gamers, que han hecho de esta música uno de sus estilos preferidos.

 

 

¿Y el formato físico que tanto nos gusta a algunos? Pues por ahora ciertamente escaso, ya que en muchos casos tanto artistas como sellos prefieren utilizar exclusivamente Bandcamp para la distribución digital. Si bien hay algún sello como TeleFuture, que produce y distribuye en CD a sus artistas, y algún otro productor ha publicado sus trabajos en CD o incluso en vinilo. Pero todo cambió hace unos meses con la entrada del sello Blood Music en escena. Este es el sello especializado en metal que ha publicado algunos de los proyectos más ambiciosos en el underground metalero y han entrado en el synthwave como sólo su dueño sabe hacerlo, por la puerta grande. Así, en los últimos meses han re-editado toda la discografía de Perturbator, al que han convertido en una de las caras reconocibles del género, y publicado otros álbumes de gran calidad como el “The Wrath of Code” de Dan Terminus, quizás mi álbum favorito de lo que llevo escuchado de esta música, o el “Behemoth” de GosT. Y como siempre tratándose de Blood Music, el proyecto ha sido a lo grande: digipacks para los CDs, vinilos de color super-limitados, incluyendo algunos que brillan en la oscuridad (“glow in the dark” en el argot), y que se han agotado al poco tiempo de ponerse a la venta, a 30€ + gastos de envío cada uno. NewRetroWave, que es una de los sitios de Internet alrededor de los cuáles gira esta escena, con su combinación de blog, canal de Youtube, juegos y tienda, ha publicado en los últimos meses su primer recopilatorio en vinilo, que se ha agotado al poco de ponerse a la venta, pese a no venderse en ninguna tienda sino únicamente online.

 

 

¿Y estos artistas actúan en directo o están todos los días detrás de sus ordenadores creando nuevos álbumes cada mes?
Pues precisamente ha sido también Blood Music la que hasta el momento ha lanzado uno de los festivales más exitosos de synthwave, este pasado verano en Helsinki, donde viajó gente de toda Europa para disfrutar del “directo” de los tres artistas de synthwave de la casa. Y al parecer ya hay planes de repetir el evento en París en Marzo, teniendo además en cuenta que Perturbator (nombre real: James Kent, hijo del periodista británico Nick Kent, conocido en los 70s y los 80s por sus artículos para New Musical Express) y Dan Terminus son franceses. También parece que en Rusia hay hambre de este tipo de música, puesto que en YouTube hay recogidas algunas actuaciones en directo, y tiene cierto sentido puesto que un país enorme y con un clima como este consume mucha música a través de Internet (el post-rock es también uno de los géneros emergentes en Rusia, algo tienen los rusos con la música instrumental). En cualquier caso, lo del directo hay que tomarlo dentro del contexto de música electrónica, similar a lo que hacen los DJs más conocidos.

Es interesante cómo estos movimientos, que antiguamente habrían quedado relegados a los ordenadores y cassettes (por supuesto otro de los formatos favoritos del género) de sus creadores, gracias a Internet y al efecto red pueden convertirse en fenómenos globales, y desde luego la combinación de música electrónica, los elementos ochenteros, que en muchos casos siguen trayendo buenos recuerdos a aquellos que tuvimos la suerte de vivir por lo menos parte de aquella época, y el auge de los videojuegos, garantizan que esta música tiene mucho futuro por delante. Y que con un marketing adecuado, sin necesidad de llegar al hype que acompaña todo lo que rodea a Perturbator y a Blood Music en general, se pueden conseguir muy buenos resultados. Supongo que además esto estará llegando a los clubes de todo el mundo mezclado con música ochentera, industrial y con sus claros lazos con el metal, con el comparte parte de su imagenería (y no sólo eso, Perturbator aparece en muchos casos con camisetas de grupos de black metal y parece que es además guitarrista), no es de extrañar que el género siga ganando adeptos. Esperemos que en algún momento esto llegue también a España puesto que por ahora no he conseguido encontrar artistas patrios y siempre es interesante empezar a desarrollar alguna escena local, y no será porque la música electrónica en general no esté firmemente implantada por aquí.

Y para finalizar, la perfecta mezcla de synthwave y metal:

 

Bandcamp, la plataforma de contacto entre artistas y fans

Bandcamp_logo

 

Hoy toca hablar de Bandcamp (BC), un servicio de streaming que no es Spotify ni el famoso Apple Music, sino la mejor herramienta que tienen hoy en día los artistas nuevos, pequeños y que se mueven por el underground, para hacer llegar su música a los pocos o muchos fans que tengan. Mucho hablan los gurús cuando se refieren al streaming de los nombrados gigantes sobre cómo hacer para conseguir buenas recomendaciones y conseguir promocionar a nuevos artistas, y ya podrían aprender más de BC o por lo menos dedicarle algo más de atención, que la merece. Y en cualquier lugar, y como dice su CEO Ethan Diamond, Bandcamp es el lugar donde los que aman la música pueden apoyar las carreras de aquellos artistas que les gustan.

¿Qué es Bandcamp? Pues como siempre, la definición es difícil, o es una mezcla de muchas cosas, pero para mí la mejor definición es que mientras Spotify es un servicio de streaming para consumidores, BC es un servicio de streaming para músicos. ¿Y qué ofrece BC a los músicos? Pues contacto directo con sus fans, fundamentalmente: por un lado, la posibilidad de tener un lugar donde poder subir sus canciones de forma gratuita sin necesidad de tener un dominio web, servidores con un buen ancho de banda, y un lugar al cuál acude mucha gente a escuchar artistas nuevos; y en segundo lugar la posibilidad de poder disponer de una tienda online de muy fácil manejo. Es decir, el objetivo de esta plataforma es que el dinero de los fans vaya directo a los músicos.

Para el usuario consumidor de música, hay dos formar de aterrizar en Bandcamp: o bien llegar a través de un enlace que has pinchado en cualquier web, red social, etc. o bien irte a la página principal de BC y empezar a escuchar recomendaciones. Como usuario tiene mucho más sentido que te registres porque así puedes, por un lado, comprar música; y por otro, las recomendaciones son personalizadas para tí. Además que con un usuario, BC te sirve adicionalmente como red social pues te permite seguir a tus artistas favoritos, a otros usuarios con gustos similares a los tuyos, escuchar tus compras en la app, etc.

Al músico, además, Bandcamp le permite personalizar su espacio web con imágenes y añadir links, con lo que para mí, en muchos casos BC actúa como el único lugar donde los músicos necesitan tener subida su música y ahí dirigir a sus fans. El músico puede ordenar sus diferentes lanzamientos, jugar en definitiva en cómo presenta su música y, como he comentado, además de música puede tener una tienda online. Así, en el BC standard de cualquier artista solemos encontrar dos pestañas arriba, la de música y la de merchandising, es decir, donde vender digital y donde vender formato físico. En la pestaña de música el escuchar es gratis, es decir, tú puedes como usuario streamear (en breve en el diccionario de la R.A.E. mientras tanto disculpas por el anglicismo) cuanta música quieras. Empiezas a pagar en el momento en que quieres bajarte esa música en formato digital (en el formato que quieras, incluidos los de sin pérdida de fidelidad) y por supuesto si quieres comprar música en formato físico. A diferencia de otras plataformas de venta de música como iTunes, el precio de la música no es unitario, es decir, cada artista decide a qué precio vende cada canción o cada álbum completo; encuentras de esta forma muchos artistas que ofrecen su música “name your price”, es decir, paga lo que quieras; y si bien el típico oyente casual piensa que entonces nadie va a pagar, hay mucha gente que paga aún pudiéndolo tener gratis, porque saben que de esa manera el artista puede continuar creando. En cuanto a vender en formato físico, desde el punto de vista de usuario siempre lo he encontrado facilísimo: claros los gastos de envío ya predeterminados en función del país, perfecta integración con PayPal… desde luego no puede ser más fácil comprar ahí, con la ventaja, como en las grandes tiendas, que una vez comprado puedes bajar la música en el formato que quieras para consumo inmediato.

¿Cuál es el modelo de negocio de Bandcamp? BC, al menos hasta donde yo conozco, no cobra a los artistas por el modelo básico que hasta ahora he comentado, aunque eso le supone una gran inversión en servidores y ancho de banda. BC lo que sí que cobra es una comisión del 20% sobre cualquier venta hecha a través de su plataforma. Actualmente, en su portada BC declara que ha ayudado a los artistas a facturar 119 millones de US$, más de 3 de ellos en el último mes, es decir, que como todos estos servicios, esto va cogiendo cierta tracción. A mí desde luego me encanta y me veo comprando cada vez más allí, pues en muchos casos de grupos o de sellos muy pequeños, este es el único lugar donde encontrar sus lanzamientos en formato físico.

¿Por qué alguien subiría su música a Bandcamp antes que a Spotify? Pues en primer lugar, porque para tener tu música en Spotify tienes que tener un sello discográfico o pagar por una publicación digital. En segundo lugar, si tú vas a llevar a alguien a algún sitio a escuchar tu música, mucho mejor BC: no tiene anuncios, la página es únicamente tuya y puede estar personalizada, no recomienda a tu fan nada más dentro de tu página ni va a ver anuncios, y además puede comprar merchandising tuyo o de allí ir a otras páginas (¿quizás tu Facebook?) que hayas enlazado en tu BC. Es verdad que BC no te paga como lo hace Spotify pero si eres un artista que empieza, tu preocupación no debería ser el conseguir con suerte 5$ al mes en royalties, sino el mayor número de oyentes y de fans posibles.

Para las discográficas pequeñas también tiene sentido montar una página de Bandcamp antes que montar una tienda en su propia web, pese a que cada vez sea más fácil hacerlo. De esta forma con un BC pueden tener toda la música de todos tus artistas y vender diverso merchandise. En esta última categoría BC está compitiendo con BigCartel, pero la ventaja de BC es que ofrece música y merchandising juntos, mientras que Big Cartel es simplemente una plataforma de e-commerce para venta de artículos físicos. Recientemente Bandcamp ha conseguido que muchas discográficas independientes de buen nivel como Epitaph, Sub-Pop o una de mis favoritas, Relapse, hayan establecido sus propias páginas en Bandcamp, probablemente influenciadas por todos sus grupos que ya disponían de una.

Además de todo esto, Bandcamp ofrece a los músicos muchos más servicios adicionales, imprescindibles hoy en día: de dónde vienen tus streamings, qué canciones son las más escuchadas, cuánta gente ha pasado a la siguiente canción, es decir, una cantidad de analítica que el artista puede utilizar sin duda en su beneficio a poco interés que tenga. Como no soy artista ni tengo mi propio BC no tengo claro cuáles de esos servicios son de pago y cuáles son gratuitos, pero me imagino que como todo, lo mejor es disponer de opciones, y hasta he leído que los artistas pueden integrar video. Así pues, grandísima herramienta y plataforma, con cada vez más artistas y cada vez más consumidores, y que debería permanecer durante muchos años como el mejor soporte para apoyar a nuevos y no tan nuevos artistas.

 

Primeras impresiones de Apple Music

ARCHIV - ILLUSTRATION - Ein Kopfhörer umgibt am 11.06.2015 in Erfurt (Thüringen) ein iPhone mit dem Schriftzug "Apple Music". Photo by: Sebastian Kahnert/picture-alliance/dpa/AP Images

 

Y bien, a punto de cumplir su primer mes de vida, es buen momento para hacer un pequeño repaso sobre el controvertido Apple Music.

En primer lugar, y para los más despistados, ¿qué es Apple Music? Pues por encima de todo, un servicio de streaming de música, con un catálogo de unos 30 millones de canciones y que por un precio de 9.99$ ó 9.99€ al mes puede ser todo tuyo. Añade además servicios de curación (palabro que en castellano supongo que no existe como tal, y que viene a equivaler a recomendación), y una especie de radio denominada Beats1.

¿Por qué lo de controvertido? Pues por varias razones:
En primer lugar, por el ya famoso anuncio de Apple que le hizo ponerse a gran parte de la industria independiente en su contra, ya que anunciaron que los tres meses gratis que disfrutarían los usuarios no correrían de cuenta de una compañía que acumula billones de dólares en el banco, sino sobre las espaldas de los sufridos artistas, que serían los que dejarían de cobrar sus fracciones de céntimo por reproducción durante esa fase inicial. En esto surgió la defensora de los artistas desamparados, también conocida como Taylor Swift, que igual que hizo con Spotify, decidió despacharse a gusto contra Apple. Al final, donde dije digo, digo Diego, y por supuesto desde Apple pagaremos a los artistas durante esos tres meses pero qué bien nos ha venido esa publicidad extra que necesitábamos para darle relevancia a nuestro nuevo juguete.

En segundo lugar, la polémica viene marcada por las expectativas respecto al servicio de Apple, que siendo el líder en descargas digitales gracias a iTunes, ha tenido que comprar a precio de oro una compañía como Beats para hacerse, por un lado, con una línea de auriculares que son tan caros y hipsters como deficientes en el momento en que tu música no está compuesta por bajos machacantes; y por otro, hacerse con una supuesta plataforma de streaming. que era lo que Beats estaba lanzando en el momento de su adquisición y que, remozado, es ahora el que lanza Apple con el equipo de Beats de Jimmy Iovine y Dr. Dre junto con el jefe de Nine Inch Nails, Trent Reznor.

 

 

Otro punto polémico aparece relativo a cómo encaja este servicio dentro de la filosofía de Apple, qué quieren conseguir con Music exactamente. Es decir, está claro que su iTunes como plataforma de compra de canciones digitales como modelo estaba agotado, pero podrían haber comprado Spotify directamente, y en cambio se dedicaron a reconstruir Beats. Además, parece que Apple, el gran disruptor, ha llegado tarde y el modelo es demasiado similar al establecido. Esto, unido a las declaraciones de Iovine al respecto de qué es exactamente Music y qué busca (una plataforma para artistas, más que para usuarios) hace que nadie esté muy convencido de dónde está realmente el valor o la diferenciación respecto a sus competidores.

Y por último, la polémica viene porque es Apple, y al igual que disfrutan de una legión de fanboys, también tienen un gran número de hateboys que aborrecen todo aquello que ofrece y que representa la marca de la manzana, sean teléfonos, relojes o servicios de streaming.

En cuanto a la recepción por parte de los usuarios, pues por ahora, fría. Debo confesar que no lo he utilizado, y lo primero de todo es porque soy terriblemente malo cuando se trata de salirme de un servicio o de una suscripción. En segundo lugar, no había leído nada que lo hiciese diferente de Spotify, así que pensé que seguiría con mis compras de CDs y algunos vinilos, escuchando Spotify free y Bandcamp y poco más, porque como Apple, una vez pasados los tres meses, no tiene opción gratuita, para qué siquiera sumarse. Afortunadamente, tengo dos excelentes amigos que son usuarios de Spotify Premium y que sí han probado Apple Music y el feedback es el mismo: difícil de saber manejarse con él, nada intuitivo, es decir, lo que en términos técnicos se conoce como UX (user experience, experiencia de usuario), algo que nadie esperaría de un producto Apple, que siempre han tenido en su facilidad de uso uno de sus puntos fuertes. Para lo que hay, no se mueven de Spotify,

Por otro lado está el feedback que uno se encuentra en Internet (aquí uno de muchos ejemplos) y que habla de un producto con múltiples fallos, con una versión móvil aceptable pero que no está nada clara en los ordenadores de sobremesa y los portátiles, donde por supuesto funciona a través de iTunes; con docenas de usuarios que hablan de miles de archivos perdidos al sincronizar sus librerías pre-Music, que recomiendan realizar un backup de todos los archivos musicales, etc. Tan acostumbrados como están al éxito en Cupertino, parece que necesitan seguir trabajando mucho para convertir Music en otro de sus característicos éxitos comerciales.

Por mi parte, cuando me han preguntado por Apple Music siempre he dicho lo mismo: es bueno que Apple entre en el streaming, porque de esa forma el conjunto de la industria gana. Aquí lo interesante es que los fanboys se pasen en masa a pagar 120€ ó $ al año, porque de esa forma los artistas tendrán otro fuente de ingresos importante. Por supuesto algunos se marcharán de Spotify, Deezer o Pandora, pero muchos otros serán nuevos pagadores de streaming. Y es lo que digo siempre, cuando en vez de 10 millones de usuarios premium, Spotify, Apple y los demás tengan 200 millones, entonces hablaremos de una industria, y por supuesto de unos ingresos para los artistas, muy diferente a lo que vemos hoy en día.

 

El mundo multipolar en la industria musical

Hace un tiempo trabajaba yo en una consultora que denominaba mundo multipolar a aquello que comúnmente se llamaba globalización, y trataba de analizar cómo el mundo, gracias sobre todo a las nuevas tecnologías, estaba cambiando enormemente, y hablaba de cinco dimensiones, de las cuáles creo que tres son perfectamente adaptables al universo musical de hoy en día: ganar la batalla del talento, los flujos de capital multidireccionales, y los consumidores emergentes.

Flujos de capital multidireccionales: con esto nos referimos a que anteriormente, el dinero siempre fluía de los países desarrollados a los países en desarrollo, mientras que en la última década hemos visto cambios drásticos en este sentido. Así, mientras a nivel empresarial una empresa india como Tata compraba dos símbolos británicos como Jaguar y Land Rover, también veíamos cómo la china Lenovo compraba la división de PCs de IBM o cómo la también india Mittal se hacía con el gigante europeo del acero con base en Luxemburgo Arcelor. Y en la música quiero ver movimientos parecidos: en los últimos meses veo compañías chinas fichando grupos españoles o americanos, al tiempo que dan a conocer a grupos de su país, sellos rusos editando grupos españoles, grupos británicos de moda en el underground gótico cuyas obras salen a través de un sello griego… es decir, para nada pasa ya todo por el eje USA-UK, igual que ocurre con el talento, y desde allí se sirve al resto del mundo. Y en este caso hablo de ejemplos que conozco de música underground, pero estoy seguro que pasa lo mismo en muchos otros estilos musicales. Y claro, todo esto es posible gracias a la tecnología, que hace que cualquiera pueda montar un webstore, un bandcamp o cualquier otra tienda virtual, y enviar desde y hacia cualquier parte del mundo.

La batalla del talento: hoy en día la música que escuchamos tiene su origen geográfico en los países más insospechados. En los años 80 y gran parte de los 90, básicamente había 3 tipos de procedencia de la música: local, es decir, española y cantada en español y a partir de los 90 algo más en inglés; en segundo lugar la música anglosajona del eje Londres-USA, y por última una parte residual de música de otros países, generalmente cantada en inglés. Pues bien, hoy en día, gracias a la tecnología, podemos descubrir bandas de cualquier zona del mundo, y en muchos casos cantando en su idioma, lo cuál en muchos casos no supone ningún problema. ¿Alguien pensaba que un grupo que cantaba en alemán como Rammstein podía tener éxito en España?, ¿o que el absoluto número 1 de 2012 sería una canción de un coreano, cantada en coreano?. ¿Somos fanáticos de la potente escena doom chilena o del post-rock hecho en ese mismo país? No hay problema, su música se puede conseguir tanto en digital como, con algo más de trabajo, en formatos físicos. ¿Un grupo de post-metal de Indonesia publicando un compartido con un grupo americano? No problem, my friend. ¿Grupos multinacionales y multiculturales componiendo obras maestras a base de intercambiarse archivos a través de Internet? Lo más normal del mundo, y más ahora con el auge de los servicios en la nube, pensados precisamente para entornos colaborativos y distribuidos.

Y dejo para el final lo más importante: los consumidores. De nuevo la tecnología posibilita que la música no tenga fronteras de ningún tipo, esto ya ocurría anteriormente, por ejemplo unos Cheap Trick siendo más famosos en Japón que en USA (de ahí su famoso “Live at Budokan” cuando en su tierra eran unos desconocidos), o el ejemplo de unos Ramones, de los cuáles vemos en sus documentales a centenares de fans esperándoles en su hotel en Sudamérica mientras que fuera de NYC o incluso en su propia ciudad eran incapaces de llenar un local de mediano aforo. Y hoy, cuando uno quiere exponer su música al público ahí fuera, no hay que pensar en que te escuchen en tu barrio, en tu ciudad o en tu país. Tus potenciales oyentes, y por tanto, potenciales fans, son los más de 7000 millones de personas que poblamos este planeta. No hay barreras, porque incluso en el continente africano ya sabemos que la penetración de los móviles es altísima comparada, sobre todo analizada en comparación a su renta pero ¿alguien dudamos que habrá un Spotify/Pandora/Sirius africano low cost cuando dispongan de ancho de banda suficiente?

Algo que siempre me resulta curioso es que cuando la gente ve fechas de grupos en países con culturas musicales en teoría distintas a las nuestras. ¿Lacrimosa viajando a México para una gira por aquel país con 2/3 fechas en la capital?. Amigo, hablamos de la ciudad, tras Tokio/Yokohama, más poblada del planeta. Aunque esa música no sea extraordinariamente popular en México, 3.000/4.000 de fans en un área metropolitana de más de 25 millones de personas no es tan complicado, pura matemática.

Y es que hablamos también de que gracias la globalización, y al crecimiento en algunos países de la clase media, el consumo de bienes y servicios en general ha aumentado de forma exponencial… y sí, esos 400-500 millones de chinos que ahora forman la clase media demandan música… ¿que por ahora es en gran parte local? Con el paso del tiempo, y con servicios de streaming y de descubrimiento de artistas occidentales, China, y por supuesto también India, son los mayores mercados del mundo, con más de 2.500 millones de habitantes entre ambos. Recuerdo hace un par de años que Alcest anunciaron una gira por China… 15 ó 20 ciudades de más de 1 millón de habitantes, y muchas con muchos más, recibiendo un grupo de post-black/shoegaze francés. En el futuro China e India serán escenario de larguísimas giras, enormes festivales para todo tipo de bandas. Y lo mejor es que aquellos que ahora se aventuren y sean los primeros tendrán mucho ganado, porque además esta parte del mundo está hambrienta de nuevas y diferentes emociones. Rusia hoy en día es probablemente el mayor consumidor de post-rock a nivel global, con todo tipo de bandas europeas y americanas girando no sólo por Moscú y San Petersburgo, sino por muchas otras ciudades. No es casualidad que todos estos países formen parte de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), que han alcanzado unos crecimientos espectaculares en la última década y pese a que ahora este crecimiento se esté viendo ralentizado (hablamos de que China “sólo” crece un 7%), el potencial consumidor de gran parte de su población todavía va a seguir creciendo.

Y para finalizar, y cuando piensan los artistas en las exiguas cantidades que reciben por streaming hoy en día, ¿se dan cuenta de lo que puede ser ese modelo de negocio en el futuro? Al cheque pequeñito de Spotify España le sumamos el algo más abultado de Spotify Alemania, para pasar a los cheques de US, que son el de Pandora, el de Spotify y el de Sirius entre otros muchos, y luego todavía vienen el de 10 servicios de streaming indios y otros 20 chinos… y el brasileño, y el de Indonesia… ¿cuántas reproducciones se pueden sumar? En fin, como ya comentábamos hace poco tiempo, el futuro de los servicios de streaming, pero también de compra, tanto de música como de productos asociados/licenciados puede convertir la música en la industria muy rentable que solía ser. Pero eso sí, toca trabajar mucho, toca viajar (¡o no tanto, si podemos cobrar por actuaciones vía web!), anticiparse, arriesgar, innovar… en definitiva, lo que le toca a cualquier negocio global hoy en día.

Videos en este post:
Lebanon Hanover son un duo inglés de coldwave/post-punk que publiquen en el sello griego Fabrika Records
Bauda es un grupo chileno que actualmente practica un estilo musical típicamente europeo como es el neofolk o el post-rock y que anteriormente eran más doom/folk
Cheap Trick no necesitan presentación
Lacrimosa son suizos/alemanes y poseen una gran base de fans en México y el resto de Sudamérica, al igual que en Europa Central y del Este, incluyendo Rusia, y más recientemente, en China, Corea y Japón
Dopamine es una banda china de post-black/shoegaze instrumental editada por el sello chino Pest Productions, que publica bandas de gran cantidad de países, incluyendo España

Spotify: quién se mete la pasta en el bolsillo

Buena se ha montado en la red y en los medios en general a cuenta de la decisión de Thom Yorke, líder de Radiohead, de retirar de Spotify las canciones de su disco en solitario, de su proyecto Atoms for Peace junto con su productor Nigel Godrich, que ha retirado también su proyecto Ultraísta.

Enrique Dans ha escrito sobre ello, y yo por supuesto no podía dejar de formar parte de la conversación, que ahora reproduzco aquí:

“Para mí aquí hay varios asuntos que se entrelazan:

1.- el modelo del futuro de music as a service es el de Spotify y Pandora (éste más en formato radio), ya que ofrece lo que comenta Enrique: streaming online gratuito con publicidad, tarifa plana mensual, posibilidad de descargar la música (aunque lo de “bajar” cada vez tiene menos sentido), etc.

2.- otra cosa es el cómo, y ahí no me queda claro del todo la postura de Yorke: si las discográficas se están quedando con la pasta de los artistas y se están llevando la mayor parte del dinero por reproducción, entonces no es un problema de Spotify, sino del revenue sharing entre discográfica y artista, pero esto era igual en el mundo offline, ¿no? Lo que pasa es que quizás era menos obvio para los artistas o quizás tenían menos alternativas para llegar a los consumidores.

3.- ¿el problema es que Spotify paga poco a los nuevos artistas? Pues entonces los nuevos artistas estarán en otros lados (bandcamp y otros) y conseguirán más dinero por canción reproducida/descargada, la cuestión es llevar a los consumidores a esos otros sitios; e irán surgiendo si son capaces de mejorar las condiciones de los artistas “independientes”. El problema es que para aparecer en Spotify tienes que tener un contrato discográfico, pero me puedo imaginar una Amazon encantada de repetir la jugada de la autopublicación de los libros con la música (la famosa desintermediación) y de esa manera potenciar su Cloud Player.”

Creo que de todas formas un día de estos tendré que analizar muy bien lo que comenta Spotify sobre su modelo de negocio y de revenue sharing con artistas y otros, que podemos encontrar aquí.

También ojo, porque Spotify está empezando a coger tracción en forma de suscripciones y cuando esos 5 millones de suscriptores a 120$ pasen a 50 millones entonces probablemente estemos hablando de cosas diferentes. Y esos 50 ó 100 millones de suscriptores llegarán, a Spotify o a quién sea que encuentre la forma de unir artistas y consumidores.