Digipack vs caja de plástico

Digipack vs caja de plástico

 

Desde hace un tiempo se viene librando una curiosa discusión entre los ya pocos consumidores que quedamos del formato CD, relativa a las preferencias sobre el envoltorio del CD: el digipack de cartón, en sus diversas variantes, y la caja de plástico de toda la vida (en inglés jewel case); y en este caso debo reconocer que me encuentro claramente posicionado a favor de uno de ellos, y de forma muy entusiasta y evidente.

Remontémonos a los primeros tiempos del compact disc, allá por la segunda mitad de los 80: esta era una tecnología y un formato que prometía lo mejor de lo mejor, empezado por el propio disco, una única cara con lo cuál no había que levantarse a “pinchar” la otra cara; la que siempre se consideró la principal ventaja durante mucho tiempo, sonido digital vs analógico; al mismo tiempo se aseguraba que el disco podía escucharse todas las veces que se quisiera sin que sufriera desgaste o que duraría para siempre, algo que ha sido matizado posteriormente en muchas ocasiones; había otra ventaja obvia, que era el número de minutos de música que se podía llegar a insertar en el disco, inicialmente unos 77 minutos, posteriormente yo creo que he visto algún CD hasta con 79 y puede que 80; y por último, un formato mucho más pequeño y manejable que un vinilo, cuya ventaja disfrutaban por igual consumidores y tiendas.

Estos primeros CDs siempre vinieron en su formato original con su caja de plástico estándar y sus libretos, que normalmente permitían incorporar más información, mejores fotos, las letras de las canciones, etc que el vinilo. La ventaja venía en gran medida para las tiendas, que necesitaba mucho menos espacio para cada CD que para cada LP, y ya sabemos a cuánto se cotiza el metro cuadrado de espacio comercial. Al fin y al cabo al principio tenía sentido esa estandarización, porque todo era novedoso y casi que la caja era lo de menos.

Con el tiempo llegó el digipack, es decir, en vez de la caja de plástico de siempre, el CD se empezó a vender en una caja de cartón con su bandeja para insertar el CD muy similar a la de la caja de plástico. Y a partir de ahí el digipack fue creciendo tanto en número como en variedad, pues sí al principio éste también era bastante homogéneo, con el tiempo se fueron desarrollando diferentes tipos de digipacks: el clásico, que es el que mantiene la bandeja para insertar los CDs; el digifile, que permite insertar el CD dentro de una apertura en el interior del panel; el digisleeve, donde el CD en realidad va dentro del propio panel y es el más similar a la carpeta de vinilo; el digibook, mucho más gordo y de varios paneles; el A-5, un digipack mucho más grande, tamaño casi de DVD, el eco-wallet y un largo etcétera.

 

Digipack vs caja de plástico

 

¿Cuáles son las ventajas del digipack?

En primer lugar, es mucho más ecológico. Frente a la caja de plástico tradicional, que produce unas cantidades de desperdicio de plástico enormes, el digipack es en sí mismo un producto del reciclaje.

La diferenciación: en una caja de plástico la única diferencia está en la portada y si acaso la contraportada. Un digipack permite incluir muchas más imágenes fuera de lo que es el libreto, normalmente como parte del artwork del álbum, permite de todas formas incluir el mismo libreto si así lo deseamos, o bien permite colocar toda la info en los paneles. Igual que el vinilo evolucionó hacia las carpetas dobles y formatos más trabajados, el digipack es lo más parecido, y permite gran cantidad de diseños y en definitiva crear obras más o menos únicas.

Hoy en día ya hay gran cantidad de discográficas que ya prácticamente no usan la caja de plástico, entre ellas varias de mis favoritas, como Prophecy, que ha elevado el envoltorio a la categoría de arte y ha creado una nueva forma de comprar música con sus numerosas ediciones limitadas y lo que podríamos denominar como la evolución definitiva del digipack, el artbook; Deathwish, el sello de Jacob Bannon, cantante de Converge, apenas utiliza caja de plástico; y luego está el caso de Avantgarde, sello milanés de Roberto Mammarella, conocido por su grupo Monumentum y ese gran clásico de álbum titulado “In Absentia Christi”, que está popularizando el A-5 y donde hace unos meses me contaba en su tienda que los grupos que ficha no le piden digipack, eso se sobrentiende, sino que le piden directamente que les publique en A-5. Además, desde hace algún tiempo el diferencial de precio entre uno y otro se ha reducido enormemente (solía ser bastante más caro el digipack, de ahí normalmente su precio más alto), con lo que todavía está menos justificado no utilizarlo.

El menor peso: especialmente digipacks tradicionales, digifiles y digisleeves, con un libreto de acompañamiento de un número de páginas estándar, tiene un peso sensiblemente inferior al CD metido dentro de la caja de plástico. Y esto no es un tema banal, por una razón: las tarifas postales. Más allá de las tarifas planas de Amazon, y por supuesto pensando en grupos pequeños, que en muchos casos venden a través de su Bandcamp; o en distribuidoras pequeñas con unas pocas referencias, el peso importa y mucho. En España, la diferencia entre enviar al extranjero un CD en su digipack de 90 gramos o un CD en su caja de plástico, unos 130 gramos, es la diferencia entre pagar 2 euros o pagar 6. Así que para los grupos que piensan en exportar, al menos en España con esa línea roja de los 100 gramos, está claro cuál debería ser su elección.

Frente a ellas, ¿cuáles son las ventajas de la caja de plástico?

La estandarización, tanto a nivel de colocarse en esas maravillosas estanterías de Ikea, como a nivel de sustitución. Los defensores de la caja de plástico siempre argumentan que de esa forma, caja rota, caja repuesta.

La resistencia de la caja frente al mucho más frágil digipack, que enseguida muestra evidentes signos de uso, sin hablar de manchas, que se moje, etc. Esto obviamente es cierto, pero no es menos cierto que no tiene ningún sentido tener los digipacks sin protección cuando puedes conseguir 100, 200 ó 500 fundas protectoras a un precio irrisorio traídas de China, o bien gastarte un dinero interesante y comprar fundas japonesas de coleccionista a 1€ la funda. Como vemos, hay opciones para todos los bolsillos

Veredicto: el digipack gana por goleada. Sinceramente no entiendo cómo en 2016 se siguen publicando los CDs en cajas de plástico. Por favor, que los sellos discográficos entiendan que hoy en día el que compra CDs lo hace por coleccionismo, la música está disponible en muchos otros lugares más que en el CD. Hay que crear productos únicos que hagan que el comprador vea el beneficio de poseer algo diferencial. En mi caso, hace ya muchos muchos años, que sobre todo por razones de espacio, guardo mis CDs en álbumes o carpetas, y desecho todas las cajas de plástico, que suelen apreciar mis amigos. Y tengo que reconocer que hoy en día no hay nada que me motive menos a la hora de comprar un CD que saber que es caja de plástico, y así pasa, que a menos que sean ediciones cortas, tiendo a dejarlos pasar en favor de ediciones limitadas en digipack.

 

Digipack vs caja de plástico

Taylor Swift contra Spotify: la opinión de los usuarios

Spotify_vs_Taylor Swift

 

Y bien, en la anterior entrada de este blog comentaba que la decisión de la discográfica de Taylor Swift había causado cierta controversia entre los artistas y la industria en general, pero también entre los usuarios del servicio del gigante sueco del streaming. Y precisamente esta entrada en el blog de uno de sus usuarios premium me permite escribir esto, más que nada porque estoy completamente en desacuerdo con su visión del asunto.

El tipo en cuestión argumenta que se va a dar de baja de Spotify premium por las siguientes razones:

1.- Considera que si por los 120$ que paga al año (el triple que lo que un americano medio gasta en comprar música) tiene derecho a escuchar toda la música que quiera. Y pone el ejemplo de que tanto el último álbum de Beyonce como el nuevo de Taylor Swift no están disponibles en Spotify. Pues bien, en primer lugar habría que decirle a este señor que el problema puede ser de Spotify, pero también de estas señoras o señoritas, que están renunciando a dos cosas: a dinero contante y sonante vía royalties de Spotify; y en segundo lugar, a estar incluidas en las listas de reproducción de millones de usuarios que luego son compartidas en todas las redes sociales, etc. es decir, renuncian a dinero, y a más publicidad y viralidad.

2.- Segundo argumento: Spotify estaba perdiendo una oportunidad de oro de hacerse publicidad a costa de este incidente y que deberían devolver la jugada. Esto en realidad ha ocurrido posteriormente, con un artículo de obligada lectura para todo el mundo con interés en el futuro de la música. El artículo viene firmado por el propio CEO de Spotify, Daniel Ek, en el que aprovecha el escándalo Swift para dar a conocer las impresionantes cifras que maneja ya Spotify, en términos de usuarios que pagan y sobre todo de lo que ellos pagan a la industria.
Pero aún así, si este señor quería saber cuánto perdía Taylor Swift por no estar en Spotify sólo tenía que haber hecho unas pocas cuentas, que no es tan difícil; o bien acudir a esta web que Spotify ha creado para explicar todo lo relativo a su modelo de negocio, y donde en uno de sus apartados uno se puede hacer una idea de lo que ingresa una discográfica por cada nuevo álbum.

Daniel_Ek_Spotify

 

3.- Y llegamos al punto más importante, que es: ¿si no es Spotify, quién es?. Porque claro, es fácil decir “me largo de Spotify”, pero, ¿es que acaso no les va a pasar lo mismo a los demás?. No creo que Swift & co tengan más tirria a Spotify que al resto, porque si además hay un actor que ahora mismo lidera el ránking de pagos por streaming a los artistas es Spotify gracias a su enorme masa de clientes, tanto gratuitos como de pago. Porque a ver, Spotify, Rdio, Deezer, Beats Music de Apple o Google Play (junto a la nueva YouTube Music Key) también tendrán que pagar a los dueños de los derechos, y tendrán unos costes de estructura más o menos similares.

Porque la otra alternativa es, por supuesto, irse al Wal-Mart o Target más cercano o a Amazon y comprar el CD de Taylor Swift, pero por lo que cuesta ese CD uno tiene prácticamente dos meses pagados de Spotify.
Al final comparemos esto con los servicios de televisión de pago que llevan mucho tiempo operando: nadie tiene nunca todo el contenido, es decir, todos los deportes, todas las series, todos los documentales. Y al final, habrá diferentes plataformas, más o menos especializadas o generalistas donde poder elegir, e incluso puede haber gente muy interesada (y con posibilidades económicas) subscrita a varias de ellas.

4.- Por último, lo que este señor no se da cuenta, aunque es obvio, es que esta jugada del dueño de la compañía de Taylor Swift en realidad es marketing y poco tiene que ver con Spotify, y sí mucho con la venta de su discográfica, como ya comentaba yo al final de la anterior entrada.

Y en cualquier caso, de un tío que se muere por escuchar lo nuevo de Beyonce y de Taylor Swift, yo no me fiaría demasiado en cuanto a gustos musicales, ni en cuanto a pasión por la música, y para muestra un botón.

 

Kindle Matchbook y la lectura como servicio

En un movimiento similar al realizado hace unos meses con Autorip, Amazon lanza Kindle Matchbook, un servicio que te ofrece la posibilidad de conseguir en digital para tu Kindle todos aquellos libros que hayas comprado desde el nacimiento de Amazon, allá por 1995. Eso sí, a diferencia de los mp3 de Autorip, los e-books no serán gratuitos, o al menos no todos ellos, puesto que los precios van de los 0 a las 2,99$. Añadir que por ahora Matchbook estará disponible a partir de Octubre sólo en Amazon.com y no en Amazon.es, que me imagino que estarán negociando en estos momentos los acuerdos con las editoriales españolas.

De todas formas, veo en este anuncio un movimiento defensivo por parte de Amazon ante los servicios de suscripción, algo que le debe resultar extraño a una compañía como la de Seattle, que alguien le intente pasar por la derecha. Lo que ocurre es que Amazon, para bien o para mal es un retailer, que en estos casos tiene que empezar a variar su modelo de negocio hacia la subscripción, ¿lo puede hacer? Por supuesto, Jeff Bezos es capaz de eso y de mucho más.
¿Y por qué se plantea esto Amazon?. Pues por servicios como Oyster, al que comienzan a llamar el Netflix de los libros, y veamos cómo funciona esto. Lo primero de todo, por si alguien no está familiarizado con Netflix, es el Spotify del mundo audiovisual, es decir, tarifa mensual y barra libre de contenidos en tus dispositivos. Netflix por ahora no está disponible en Europa, y aunque la verdad es que en algún momento se habló de España como su posible lugar de desembarco en el Viejo Continente, supongo que la galopante crisis económica que sufrimos echa para atrás al más pintado. Pues bien, una vez explicado Netflix, Oyster es lo mismo que Netflix o Spotify pero aplicado a los libros. Estas empresas lo que tienen que hacer es llegar a acuerdos con editoriales grandes, tal y como hizo Spotify, para poder ser atractivos al gran público, en este caso tener disponibles los bestsellers de turno junto con un fondo de catálogo lo más amplio posible. Al parecer el pago a las editoriales seguirá un modelo Spotify, en el cuál se pagará por libro leído, lo cuál es interesante porque una vez más puede dejar a más de una autora con las vergüenzas al aire al descubrir el poco tirón que tienen sus libros, y además ya no podrá echar la culpa a la piratería.

Así pues, otra parte más de la cultura será vendida como servicio y no como producto, y yo en este caso no consideraría que serán books as a service sino más bien reading as a service, la lectura como servicio. Y además nos vamos camino de convertir en una sociedad de subscriptores, para lo bueno y lo malo, y en 3 años todos tendremos la subscripción a la música, a las películas y series, y a los libros. Y dentro de ese modelo “all you can read, all you watch, all you can listen”, acabaremos viendo enormes cambios en la industria cultural, que pese al empeño de algunos, sobrevivirá más fuerte que ahora. Porque sólo puede ser bueno que tengamos acceso a todos los libros, a toda la música y a todo el cine que queramos, y que seamos los usuarios los que libremente decidamos y no estemos limitados por modelos del pasado.

Ahora bien, Amazon todavía no debería estar demasiado preocupada por Oyster, por una sencilla razón. Oyster se acaba de lanzar como aplicación para el iPhone (iPad y Android en camino), pero Amazon todavía tiene la llave maestra de entrada, que es el Kindle. Porque claro, mientras Amazon tenga el hardware ideal para lectura, mucho mejor que el móvil o el iPad, sigue teniendo a los usuarios en su redil; y además, no sería un movimiento que a Amazon le debería costar demasiado emular. En fin, como vemos, en todas partes cuecen habas similares y la posición dominante de unos y otros puede variar rápidamente gracias a tecnologías disruptivas.

La industria musical va a crecer enormemente

Vía la ya imprescindible web Industria Musical llego a este video de Marc Geiger, recientemente nombrado una de las 10 personas más poderosas en el negocio musical por Billboard, que fue uno de los creadores junto a Perry Farrell de Lollapalooza, y actualmente es el agente de Ozzy, Trent Reznor y NIN, Lady Gaga o Roger Waters, o sea, casi nada. Y él desde luego es una de las voces más autorizadas para hablar de la industria musical, y en esta corta entrevista expresa muy bien 3-4 ideas que desde mi punto de vista definen muy bien el presente y sobre todo el futuro de la industria musical. Geiger habla de que la industria musical va a crecer y conseguir 5 ó 10 veces más dinero que ahora y básicamente estoy de acuerdo con él por 3 razones:

1.- Diversificación y crecimiento de las fuentes de ingresos: los artistas, y por supuesto, las discográficas, van a ver llegar dinero desde muchos sitios diferentes, como YouTube, Spotify, Pandora, Sirius, y muchos más… que a lo mejor a los artistas les parecen al principio pequeñas cantidades, pero según todos nos vayamos pasando al modelo de subscripción (y lo haremos), los cheques se van a ir multiplicando en número y sobre todo en cantidad.

2.- Escalabilidad: él habla de que el modelo real o modelo “bueno”, es el de streaming a la Spotify, algo que yo ya he defendido, y ese modelo cuenta con enormes economías de escala, y más en cuanto entren allí los grandes de Internet (Google, Amazon, una Apple que en breve empezaremos a ver qué tal su servicio de radio, etc).

3.- El poder del catálogo: esta es la auténtica vaca lechera de la industria, los “Thriller”, “The Wall” o el “Born in the USA” que van a seguir trayendo millones y millones para la industria con ninguna inversión a cambio, pure profit como dice Geiger, y eso mismo ocurrirá con otros éxitos alternativos, y además con 10, 20 ó 30 veces más suscriptores, los cheques dejarán de ser tan modestos como ahora, que estamos en un momento de cambio.

Y para conseguir todo esto, la industria sólo tiene que dejar de resistirse al cambio, porque su vaca lechera se está agotando pero lo mejor es que viene otra vaca más fresca y con mucha más leche. Y para vencer esa resistencia al cambio, sólo tiene que hacer dos cosas: cooperar mucho más diligentemente con sus distribuidores (los Spotify y Pandora de turno) y por otro lado, empujar al usuario final hacia esos servicios, en vez de intentar retenerle en el modelo antiguo (la compra de soportes físicos). Por supuesto que seguirán existiendo los soportes físicos, y muchos de nosotros los seguiremos comprando, pero tenemos que entender cuál será la tendencia especialmente entre los nuevos compradores, que no serán tanto compradores de productos como de servicios (porque aquí hablo de música, pero lo mismo aplica a la industria audiovisual).

No hay nada que me gustaría más que volver a esta entrada dentro de unos años y ver que todas estas cosas se habrán convertido en realidad, y mientras tanto recordemos la primera edición de Loollapalooza con uno de los clientes de Marc, Trent Reznor y Nine Inch Nails.

Spotify: quién se mete la pasta en el bolsillo

Buena se ha montado en la red y en los medios en general a cuenta de la decisión de Thom Yorke, líder de Radiohead, de retirar de Spotify las canciones de su disco en solitario, de su proyecto Atoms for Peace junto con su productor Nigel Godrich, que ha retirado también su proyecto Ultraísta.

Enrique Dans ha escrito sobre ello, y yo por supuesto no podía dejar de formar parte de la conversación, que ahora reproduzco aquí:

“Para mí aquí hay varios asuntos que se entrelazan:

1.- el modelo del futuro de music as a service es el de Spotify y Pandora (éste más en formato radio), ya que ofrece lo que comenta Enrique: streaming online gratuito con publicidad, tarifa plana mensual, posibilidad de descargar la música (aunque lo de “bajar” cada vez tiene menos sentido), etc.

2.- otra cosa es el cómo, y ahí no me queda claro del todo la postura de Yorke: si las discográficas se están quedando con la pasta de los artistas y se están llevando la mayor parte del dinero por reproducción, entonces no es un problema de Spotify, sino del revenue sharing entre discográfica y artista, pero esto era igual en el mundo offline, ¿no? Lo que pasa es que quizás era menos obvio para los artistas o quizás tenían menos alternativas para llegar a los consumidores.

3.- ¿el problema es que Spotify paga poco a los nuevos artistas? Pues entonces los nuevos artistas estarán en otros lados (bandcamp y otros) y conseguirán más dinero por canción reproducida/descargada, la cuestión es llevar a los consumidores a esos otros sitios; e irán surgiendo si son capaces de mejorar las condiciones de los artistas “independientes”. El problema es que para aparecer en Spotify tienes que tener un contrato discográfico, pero me puedo imaginar una Amazon encantada de repetir la jugada de la autopublicación de los libros con la música (la famosa desintermediación) y de esa manera potenciar su Cloud Player.”

Creo que de todas formas un día de estos tendré que analizar muy bien lo que comenta Spotify sobre su modelo de negocio y de revenue sharing con artistas y otros, que podemos encontrar aquí.

También ojo, porque Spotify está empezando a coger tracción en forma de suscripciones y cuando esos 5 millones de suscriptores a 120$ pasen a 50 millones entonces probablemente estemos hablando de cosas diferentes. Y esos 50 ó 100 millones de suscriptores llegarán, a Spotify o a quién sea que encuentre la forma de unir artistas y consumidores.

¿Qué es eso del Autorip de Amazon?

Hoy me comentaba mi buen amigo Carlos (os recomiendo que leáis su blog y en el caso que os interese aprender o perfeccionar vuestra técnica de guitarra, os apuntéis a sus clases, es un crack) que había leído lo del Autorip de Amazon España y que le parecía un buen invento para no tener que andar ripeando sus CDs. Y yo le he contestado “sí, es otro paso más hacia la muerte del CD”

Autorip consiste en que cada vez que uno compra música en formato físico (CD o vinilo) y en la descripción del producto aparece el símbolo de “Autorip”, significa que en el momento en que haces la compra, Amazon te añade a tu Cloud Player una versión digital de ese mismo producto. Yo discutía el otro día con algunos amigos, que hoy en día el que compra un CD en formato físico es porque quiere: quiero decir, a los que todavía lo hacemos, nos están poniendo cada vez más fácil el paso al formato digital, el acceder a ellos de forma inmediata sea cuál sea el dispositivo (en el caso del complemento de Autorip, que es el Amazon Cloud Player, hasta 10 dispositivos pueden acceder a tu biblioteca). Incluso iría más allá, porque ni siquiera ese es el modelo definitivo, ya que yo lo veo más como servicio (a la Spotify) que como producto (iTunes, Cloud Player, etc). Así que creo que en un futuro cercano, tan cercano que ya está aquí, hablaremos de MaaS (Music as a Service) igual que se habla de servicios en los entornos empresariales.

Tampoco es que yo crea que Amazon ha hecho un gran avance, en mi caso puedo decir que cuando compro un CD normalmente ya tengo los MP3 bajados y lo compro porque me ha gustado. Eso en el caso que no sean grupos que ya conozco y compro su discografía con los ojos cerrados, claro, que cada vez son más. De hecho lo que trata Amazon es, como hace Apple, llevarte a su ecosistema, que en este caso gira en torno al Cloud Player, cuyo modelo de negocio es por un lado, venderte MP3, que no CDs y vinilos; y por otro lado, venderte almacenamiento en Cloud Drive (la competencia de Google Drive, SkyDrive y similares). Y sobre todo, mantenerte alejado de iTunes, de Spotify y en menor medida de Pandora y similares.

Por otro lado, y aquí hablo como usuario de la aldea global que soy, ya he tenido por ello un problema, y es que yo comencé a comprar en Amazon en 2003, concretamente en amazon.de y luego he ido pasado por amazon.com, amazon.co.uk y por último, por amazon.es. Y resulta que entre al Cloud Player por donde entre me lleva al alemán, que fue donde primero me registré y donde tengo compradas unas 1100 canciones. Pues bien, en primer lugar Amazon sigue operando muy independientemente cada una de sus plataformas y no me permite unir todas mis compras en sus diferentes tiendas bajo un mismo Cloud Player, que entiendo sería lo normal, pues mi usuario es el mismo para todas las tiendas. Y en segundo lugar, y esto me parece más increíble, no me permite seleccionar en cuál quiero entrar (?¡). Ok, me han puesto por defecto la alemana y lo puedo entender, y de hecho me dicen que me pueden cambiar a cualquier otra que yo elija, pero lo hacen ellos manualmente, con lo cuál sólo puedo acceder a una cada vez. Esto definitivamente es crear un servicio con unas limitaciones que el consumidor no entiende.

En fin, seguiremos informando sobre el Cloud Player…