Los mejores discos de 2015 (primera parte)

Mejores discos de 2015_Kauan_Sorni Nai

 

Y bien, llegados a este punto, y como hago todos los años, intento repasar lo que ha sido el año a nivel musical, y creo que me repito igual que los años anteriores si digo que este ya pasado 2015 ha sido excepcional. Y es que la era de Internet nos está permitiendo conocer más grupos, de lugares más recónditos, poder escucharlos en cualquier momento y a través de cualquier dispositivo, poder comprarlos (fundamentalmente online, y en muchos casos directamente al grupo), poder apoyarlos en definitiva.

Esta no es una lista exhaustiva, e igual que todos los años tampoco está ordenada, son 20 álbumes que me recordarán siempre a este año, y que me han gustado mucho. Muchos los he ido compartiendo con mis amigos, o en algún foro, dónde también me han descubierto muchos de ellos. Muchos los he comprado ya, idealmente en ediciones limitadas, en digipacks,  como me gusta; otros están en la lista a la espera de encontrar el momento y el precio adecuado.

Me dejo alguno seguro, el año pasado se me olvidó incluir el de Impure Wilhelmina que estaba seguro en mi top5 del año, este año seguro que me olvido de algún otro crucial. No es en cualquier caso relevante, lo más importante es que 2016 sea igual de bueno que 2015. Hay muchos grupos nuevos, alguno repite de la lista de hace dos años como Deafheaven o Grave Pleasures (antes Beastmilk). Hay grupos clásicos que han sacado grandes discos este año, como Paradise Lost o, cuando yo ya no lo esperaba, Moonspell se sacaron de la manga su mejor disco desde el ya lejano “Irreligious”. La lista al mismo tiempo intenta recoger cierta diversidad musical, de ahí la inclusión de ese “The Wrath Of Code” de Dan Terminus como continuación a mi reciente entrada sobre el synthwave.

Al mismo tiempo, hay gran cantidad de álbumes que todavía no he escuchado con la suficiente atención y son de grupos consagrados que me encantan o grupos nuevos: el nuevo de Lacrimosa, que les vi presentar con motivo de los conciertos de su 25º aniversario; el de Coheed and Cambria, que estarán de nuevo en directo en sala en Madrid tras muchos años; el nuevo de Fear Factory, al que todavía no le he dado suficientes escuchas; el de los chinos Zuriaake; el de Vision Of Disorder, el de Toundra, que a lo mejor se me ha quedado a las puertas, igual que el de Exxasens, el post-rock nacional siempre de mucha calidad.

Sin más, y en dos entradas diferentes, para poder degustar como se merece, aquí está una lista de mejores discos de 2015:

 

Kauan “Sorni Nai”

 

 

Panopticon “Autumn Eternal”

 

 

Shape of Despair “The Monotony Fields”

 

 

Wiegedood “De Doden Heben Het Goed”

 

 

Envy “Atheist’s Cornea”

 

 

Amorphis “Under The Red Cloud”

 

 

Sorcerer “In The Shadow Of The Inverted Cross”

 

 

NRCSSST “Schizophrenic Art”

 

 

Grave Pleasures “Dreamcrash”

 

 

Moonspell “Extinct”

 

La explosión del synthwave

Retro Synthwave Perturbator

 

La entrada de hoy está dedicada a un movimiento musical que lleva un tiempo emergiendo desde el underground y que está dando lugar a la explosión de un nuevo estilo que podemos denominar synthwave, pero al que se le conoce también con muchos otras denominaciones diferentes: darksynth, retro futuristic, synth soundtrack, futuresynth, retro synthwave, outrun (traducido como “música de persecución”), etc. Y bien, ¿de qué hablamos en esta ocasión? Pues de música electrónica, en la mayor parte de los casos instrumental, que tiene su origen en los 80s en dos vertientes: por un lado la musical, puesto que la música está compuesta a base de emuladores de sintetizadores antiguos; por el otro lado, la estética también es decididamente retro, en las portadas, en los videos de YouTube, en el poco merchandising disponible. Al final todo viene a ser como meter en una coctelera a Jan Hammer, Jean Michel Jarre, la música y estética de Blade Runner, algo de manga japonés, un poco de Miami Vice y las máquinas de videojuegos de los 80s, bien de coches o de destrucción.

¿De dónde ha salido todo esto? Pues básicamente de dónde sale ahora muchísima de la nueva música aunque esta tenga ese aire retro: de los ordenadores de individuos dedicando muchas horas de su tiempo a aprender como manejar el software que hace posible crear esta música. ¿Y dónde se encuentra esa escena? Pues como ocurre hoy en día con muchos de estos movimientos, esta es una escena global, con los artistas (en este caso denominados productores) diseminados por todo el planeta; no podemos hablar que esté concentrado en algunos países o incluso continente, puesto que hay productores en Estados Unidos, Europa y Asia (y no sólo en Japón como inicialmente yo podría imaginar). Si tuviera que hablar de un epicentro probablemente se trataría de Francia, puesto que ahí es dónde parece que el número de artistas y su importancia está creciendo exponencialmente. ¿Y cómo se ha propagado esta fiebre por este estilo? Pues por los canales habituales: YouTube, plagado de cutre-videos con aire ochentero; Bandcamp, con infinitas bandas y sellos que tan sólo publican su música en esta plataforma; y tratándose de electrónica, también Soundcloud contiene bastante música synthwave; y luego por supuesto los gigantes Spotify, Apple Music, y demás servicios de streaming también la distribuyen. Y fuera de los canales puramente musicales, a través de los videojuegos, que la incluyen en muchos casos como banda sonora de los mismos; y de los propios gamers, que han hecho de esta música uno de sus estilos preferidos.

 

 

¿Y el formato físico que tanto nos gusta a algunos? Pues por ahora ciertamente escaso, ya que en muchos casos tanto artistas como sellos prefieren utilizar exclusivamente Bandcamp para la distribución digital. Si bien hay algún sello como TeleFuture, que produce y distribuye en CD a sus artistas, y algún otro productor ha publicado sus trabajos en CD o incluso en vinilo. Pero todo cambió hace unos meses con la entrada del sello Blood Music en escena. Este es el sello especializado en metal que ha publicado algunos de los proyectos más ambiciosos en el underground metalero y han entrado en el synthwave como sólo su dueño sabe hacerlo, por la puerta grande. Así, en los últimos meses han re-editado toda la discografía de Perturbator, al que han convertido en una de las caras reconocibles del género, y publicado otros álbumes de gran calidad como el “The Wrath of Code” de Dan Terminus, quizás mi álbum favorito de lo que llevo escuchado de esta música, o el “Behemoth” de GosT. Y como siempre tratándose de Blood Music, el proyecto ha sido a lo grande: digipacks para los CDs, vinilos de color super-limitados, incluyendo algunos que brillan en la oscuridad (“glow in the dark” en el argot), y que se han agotado al poco tiempo de ponerse a la venta, a 30€ + gastos de envío cada uno. NewRetroWave, que es una de los sitios de Internet alrededor de los cuáles gira esta escena, con su combinación de blog, canal de Youtube, juegos y tienda, ha publicado en los últimos meses su primer recopilatorio en vinilo, que se ha agotado al poco de ponerse a la venta, pese a no venderse en ninguna tienda sino únicamente online.

 

 

¿Y estos artistas actúan en directo o están todos los días detrás de sus ordenadores creando nuevos álbumes cada mes?
Pues precisamente ha sido también Blood Music la que hasta el momento ha lanzado uno de los festivales más exitosos de synthwave, este pasado verano en Helsinki, donde viajó gente de toda Europa para disfrutar del “directo” de los tres artistas de synthwave de la casa. Y al parecer ya hay planes de repetir el evento en París en Marzo, teniendo además en cuenta que Perturbator (nombre real: James Kent, hijo del periodista británico Nick Kent, conocido en los 70s y los 80s por sus artículos para New Musical Express) y Dan Terminus son franceses. También parece que en Rusia hay hambre de este tipo de música, puesto que en YouTube hay recogidas algunas actuaciones en directo, y tiene cierto sentido puesto que un país enorme y con un clima como este consume mucha música a través de Internet (el post-rock es también uno de los géneros emergentes en Rusia, algo tienen los rusos con la música instrumental). En cualquier caso, lo del directo hay que tomarlo dentro del contexto de música electrónica, similar a lo que hacen los DJs más conocidos.

Es interesante cómo estos movimientos, que antiguamente habrían quedado relegados a los ordenadores y cassettes (por supuesto otro de los formatos favoritos del género) de sus creadores, gracias a Internet y al efecto red pueden convertirse en fenómenos globales, y desde luego la combinación de música electrónica, los elementos ochenteros, que en muchos casos siguen trayendo buenos recuerdos a aquellos que tuvimos la suerte de vivir por lo menos parte de aquella época, y el auge de los videojuegos, garantizan que esta música tiene mucho futuro por delante. Y que con un marketing adecuado, sin necesidad de llegar al hype que acompaña todo lo que rodea a Perturbator y a Blood Music en general, se pueden conseguir muy buenos resultados. Supongo que además esto estará llegando a los clubes de todo el mundo mezclado con música ochentera, industrial y con sus claros lazos con el metal, con el comparte parte de su imagenería (y no sólo eso, Perturbator aparece en muchos casos con camisetas de grupos de black metal y parece que es además guitarrista), no es de extrañar que el género siga ganando adeptos. Esperemos que en algún momento esto llegue también a España puesto que por ahora no he conseguido encontrar artistas patrios y siempre es interesante empezar a desarrollar alguna escena local, y no será porque la música electrónica en general no esté firmemente implantada por aquí.

Y para finalizar, la perfecta mezcla de synthwave y metal:

 

La evolución en la venta de las entradas y el caso de Ticketmaster

 

Ticketmaster

 

Me gustaría en esta entrada hablar de la evolución que han sufrido las entradas de los conciertos, que no es un detalle nimio habida cuenta de la importancia que en la tarta de ingresos de los artistas va cobrando cada vez más el directo; y si bien estamos observando que los ingresos por música grabada han frenado la sangría gracias al incremento del streaming, es la música en directo la que continúa creciendo en casi todos los estilos musicales, y sólo hay que echar un vistazo a las guías de conciertos de nuestras ciudades para darse cuenta de ello.

Hoy me quiero centrar en hablar de las entradas en sí mismas, y no tanto en su precio, que puede tranquilamente ocupar un post entero por sí mismo. En primer lugar al hablar de entradas cabría hablar del aspecto físico de las mismas, y todavía recuerdo cuando los rockeros empezamos a acudir a retirar entradas a los puntos de venta y empezamos a recibir, en vez de una entrada en cartoncito o papel más o menos grueso, un papel impreso que te sacaba en el momento una impresora y que las primeras veces hizo que se te cayera el alma a los pies. Este papelajo no era digno de aparecer en mi colección junto a las entrañables entradas coleccionadas durante todos esos años. Grupos míticos en salas ya desaparecidas, artistas que ya no existen y que fueron parte integral de mejores épocas, grupos que aparecían de teloneros para al cabo de los años estar en lo más alto . ¿Qué mejor sensación había que llegar a un garito de copas rockero y ver enmarcadas docenas de entradas de conciertos pasados? Con eso sabías que el tío de la cabina era competente, incluso aunque luego tuviera que pinchar un poco de todo para satisfacer al personal congregado.

Es más, estoy convencido que si Madrid Rock hubiera decidido cobrar los abusivos gastos de distribución que se estilan hoy en día (lo dicho, más de esto próximamente) seguro que hubiera podido subsistir; quizás no en plena Gran Vía, pero si en algún punto cercano; y con el retorno del vinilo ya tendría dos palancas desde luego en las que apoyarse. ¡Qué cantidad de entradas se debieron vender en aquella planta de arriba de la tienda!, ¡y sin gastos de distribución! Hoy en día todavía existen puntos de venta de entradas en formato físico que van más allá de aquellos en los que simplemente te entregan la misma entrada que puedes imprimirte tú en casa. Y además en muchos casos estas tiendas no cobran gastos adicionales de distribución, sino que utilizan las entradas para atraer gente al punto de venta y de esa forma poderles vender otros productos, normalmente música en formato físico o merchandising, cada vez más variado en otro intento de diversificación.

Es verdad que al menos en España las entradas de Ticketmaster no son tan confusas como en Estados Unidos, donde incluso algún chico estudiante de diseño gráfico ha tenido que decirle al gigante de las entradas cómo diseñar correctamente unas entradas decentes , pero lo del papelito en blanco y negro de la impresora tiene tela. Eso cuando no es directamente el folio que tú te has impreso, claro.
Es curioso que siendo Ticketmaster la compañía dominante en el sector sea de hecho la más cutre de todas, ya que por ejemplo en 2015 todavía no ofrece la posibilidad de llevar las entradas en el móvil, lo cuál en mi opinión resulta inaudito. Así, prefiero siempre las entradas de Ticketea o de Entradium pero no siempre es posible elegir, puesto que sobre todo los conciertos grandes sólo se ofertan a través del gigante. Que Ticketmaster tiene una postura dominante en el sector en USA y en la mayoría de los países europeos es por sí mismo triste, puesto que ya hace 20 años Pearl Jam trataron de luchar contra el gigante, en una batalla que se puede mirar de muchas formas pero que claramente la banda, en la cresta de su popularidad, no ganó. En Europa Ticketmaster lo que ha hecho ha sido básicamente comprar el operador dominante en cada país, que aquí era TickTackTicket (bastante penoso también, por cierto) y a partir de ahí ir estandardizando sus diversas websites de cada país, especialmente en lo que se refiere al idioma.

 

 

Recuerdo la primera vez que compré entradas que se podían llevar en el móvil, uno de mis amigos de los que asiste a docenas de conciertos al año me dijo “¿pero es que ya ni siquiera vamos a tener un papel de recuerdo?”. Y yo pensé “si es que para que te den ese papel, es mejor llevarlo en el móvil, eso siempre te lo puedes imprimir y guardarlo”. Y para algo más importante que no pensé en su momento, y es que hoy en día no tiene sentido comprar una entrada en un punto de vista físico (FNAC, Halcón Viajes, Carrefour, etc.) porque si la pierdes, no hay forma de recuperarla. Me pasó en el concierto de hace unos meses de The Twilight Sad (por cierto, grupo recomendadísimo, vienen de teloneros de The Cure en Noviembre de 2016). Compré la entrada en la FNAC con mi tarjeta de crédito unas semanas antes y por una vez no la puse en el sitio habitual de las entradas sino en otro; y bien, llegó el día del concierto y la entrada no apareció. Claro, al haberla comprado en una tienda física y sin usuario no podía imprimírmela de nuevo, llamé a Ticketmaster y me dijeron que no podían hacer nada, porque ellos no tenían el número de mi tarjeta de crédito como comprobante, así que me tocó comprar la entrada de nuevo en puerta. Lección aprendida: no vuelvo a comprar una entrada en punto físico.

La última con Ticketmaster también tiene miga: a lo largo del proceso de compra, la aplicación te pregunta si quieres recogerla en un punto físico o imprimirla por tu cuenta. Compré entradas de Coheed & Cambria para su concierto de Enero (ya era hora que volvieran, por cierto) y tenía pensado ir a la FNAC al día siguiente, así que pensé “la retiro, aunque sólo sea por rememorar viejos tiempos”. ¡Error! Porque finalmente no pude ir ese día y ahora me encuentro con que Ticketmaster no me permite revertir mi elección, es decir, por narices me tengo que acercar a un punto de venta. ¿Tan difícil es implantar la opción de “he decidido que finalmente me la imprimo yo mismo?” Pues para estos señores, que no deben ir a un concierto en su vida, parece que sí.

Por otro lado, al lado de todas esas desventuras con el gigante Ticketmaster debo decir que cada vez que pruebo un nuevo sistema, bien sea Ticketea, Entradium, o incluso algunos más desconocidos, el proceso de compra es absolutamente impecable, las entradas se guardan en el passbook del iPhone sin problemas,  podría volver a bajarlas cuantas veces quisiera, pago con PayPal (que no permite Ticketmaster), compra fácil desde el móvil (utopía con Ticketmaster) etc etc… es decir, lo que se espera de un servicio de entradas en 2016. A partir de ahora me pongo a escribir una nueva entrada sobre el precio de las entradas y los gastos de administración, que esa sí que va a ser divertida, todos los despropósitos de Ticketmaster respecto a las entradas se quedan cortos si lo comparamos con la parte crematística. Reto: publicarlo antes del final de 2015.