Espectacular descenso de la música grabada en Japón

Y bien, la IFPI (la Federación Internacional de la Industria Fonográfica) ha publicado las cifras globales de 2013 y además de España, que casi podríamos considerar un caso perdido y del que ya he hablado, pero seguiré haciéndolo en el futuro, merece la pena reseñar que en 2013 la caída de ingresos a nivel mundial ha venido provocada por un espectacular descenso de la música grabada en Japón cuyo mercado supone aproximadamente una quinta parte del mundial.
Es curioso porque el verano pasado, a través de mi web favorita en español para estos temas, Industria Musical, llegaba a este artículo donde se hablaba de porqué Japón continuaba siendo el país con mayor facturación de venta de música. En alguna de mis entradas ya comenté que tenía pendiente hablar de Japón, pero nunca llegué a escribir esa entrada, para lo cuál aprovecho ahora las notas que tenía para hacerla. Es verdad que esto hubiera sido más relevante hacerlo en su momento y que ahora puede parecer que a toro pasado cualquiera ve las cosas fáciles, pero examinemos porqué el modelo japonés, pese a que desde IFPI insistan que se trata de un tema de falta de lanzamientos potentes, es por supuesto estructural. Mi opinión está basada en primer lugar en lo que he leído sobre su industria musical a lo largo del tiempo y sobre todo porque disfruté de tres semanas de vacaciones en este país en verano de 2010 y pese a lo rápido que cambian las cosas hoy en día, creo que todavía sirve como referencia.

Así pues vayamos viendo una por una las razones que dan en evolver.fm y mi opinión sobre ellas:
1.- Las cosas son más caras en Japón: esto explica el porqué supera en facturación por ejemplo a USA, y es que es verdad que el precio de las cosas en general, y de la música en particular, es muy alto. Aunque como todo, eso depende de la paridad dólar-yen, y el yen lleva en caída libre ya bastante tiempo; además, el país lleva en crisis más de 20 años, pero aún así, los japoneses tienen dinero o por lo menos lo gastan, no hay más que ver la cantidad de bolsos de Louis Vuitton que vi por la calle aquel verano, y no vi ningún puesto callejero.

2.- El precio fijo de los CDs: como ocurre aquí con los libros, no hay libre mercado, con lo cuál no hay lucha de precios. Y hay que reconocer que los precios, vistos desde el punto de vista occidental, son bastante caros, unos 25-30€ por cada CD dependiendo del cambio (quizás ahora algo menos). Eso sí, la edición habitualmente suele ser exclusiva para Japón, al menos antiguamente era así, con letras traducidas, temas extras, es decir algo diferencial que hiciera que los japoneses no empezaran a importar masivamente desde otros países. Y luego el precio de las descargas, alucinante, unos 4$ por canción.

Respecto a estos dos primeros puntos, totalmente de acuerdo, porque son temas más o menos objetivos, si acaso recalcar que la suerte para la industria musical es que los japoneses estás muy aislados del mundo en general, muchas marcas y productos que ves en todo Occidente allí no existen, y en general hablan muy poco inglés, con lo cuál difícilmente se aventuran a chequear precios, comprar o bajar música en webs de otras zonas.

Pero ojo, con todo y con eso, el mercado en Japón ya no es el que era, que en 2010 Virgin y Tower Records, al igual que en muchos otros países, estaban cerrando sus enormes tiendas en las mejores zonas de Tokio.

 

3.- Los coleccionistas inflan el mercado: esto habla de todas las ediciones de un mismo álbum que se publican y que mucha gente (joven, añadiría yo) tiene la necesidad de coleccionarlas todas. Y aquí es donde pueden empezar los problemas de sostenibilidad a futuro.
En primer lugar, y al igual que hablaba yo hace poco de los CDs de Operación Triunfo que hoy en día no valen para nada, los jóvenes japoneses, cuando compran las carísimas versiones del mismo álbum de las AKB48, no están comprando música. Las muchachitas son un producto dentro del cuál hay música, pero es mucho más, y en el momento en que se pasen de moda vendrá otro grupo prefabricado por la industria y repetirán la jugadas, o quizás los chavales prefieran la versión japonesa de las Google Glass donde a las muchachitas de turno se las ve igual pero sin necesidad de comprar nada de eso, y el que se lleva la pasta es Google como ha pasado con Apple y los iPods, iPads, etc.
El pagar varias veces por el mismo producto es sencillamente estafar al cliente, que luego se quejará esa misma industria que el cliente ya no compra, pero cuando le hemos vendido una y otra vez lo mismo y el cliente se cansa entonces es que es un desagradecido, lo quiere todo gratis. no apoya a la industria, etc. ¿esto ya lo hemos oído, verdad?
Por último, los jóvenes japoneses son tremendamente modistas (o trendies si queremos utilizar el anglicismo) y lo que hoy está de moda mañana puede no estarlo. Y además, ocurre que cuando algo no pasa de una a otra generación se pierde, y hay cosas que ya no vuelven, como ha ocurrido en España donde la gente joven simplemente ya no va a pagar por música en formato físico. Y ojo, que parece que el momento en que ese pedazo de plástico redondo que cuesta una pasta empieza a verse obsoleto está llegando.
Además, y vuelvo a las similitudes con la España de hace unos años, esto es exactamente lo mismo que el elepé de grandes éxitos por Navidades, esa no es una industria cultural y donde lo que importa es el artista, eso es un triste sacacuartos que pertenece a una época determinada y a una moda determinada, y cuando se acabe los japoneses seguirán consumiendo música, que para eso son los mejores fans del mundo, y pagando por Cheap Trick, Michael Jackson, o por artistas japoneses de verdad como X-Japan, Merzbow o Envy. Y los discos y el merchandising de las AKB48 acabarán en el mismo lugar que los CDs de la primera edición de Operación Triunfo.

 

4.- Los japoneses nunca se han bajado música de forma gratuita mediante compartir archivos. y aunque algún figura lo atribuye a que las leyes han sido severas con ese tema, la realidad es que no han bajado primero porque utilizan mucho menos el PC que en Occidente, y su forma de acceder a Internet ha sido en muchos casos el móvil antes que el PC. Y segundo porque ellos ya tenían un mercado paralelo que era el alquiler de música, que en Japón sí que ha estado permitido y que en 2010 seguía existiendo, y un muy saludable mercado de segunda mano, con muchísima oferta.

5.- La música digital está todavía en pañales. No ha habido mercado, es decir, que ese aislamiento del resto del mundo ha mantenido la industria del formato físico en pie y un carísimo download legal; pero claro, sólo es cuestión de tiempo el que llegue el streaming en condiciones y que los japos se lancen en sus brazos, y por varias razones de peso: en primer lugar, porque son un país tecnológicamente muy avanzado, el móvil como ya hemos comentado es todavía más importante que aquí, y el streaming está hecho para ser consumido en dispositivos móviles, y ahí desde luego en Japón van a arrasar. Y en segundo lugar por un tema demográfico: en Japón hay poco espacio en general, las casas son muy pequeñas, y en cuanto vean la posibilidad de no acumular más soportes físicos se van a lanzar de cabeza al streaming.

Seamos positivos, la música seguirá disfrutando de gran popularidad en Japón: los servicios de streaming, que parecen tener problemas para cobrar 10$ de media mensual para que la gente los consuma porque parece demasiado caro, no tendrán problemas en cobrar 20-25$ a los japoneses. Los japoneses también nos siguen enseñando que se puede pagar por formatos físicos mientras estos aporten valor y sean diferenciales, y no pretendan cobrarte 18€ por un CD en caja de plástico sin letras; seguirán teniendo coleccionistas que paguen más que nadie por los formatos físicos que queden en pie, particularmente el vinilo y las ediciones limitadas; y sobre todo seguirán siendo los mejores fans de música del mundo.

¡Qué lástima!, ya no compramos el CD de grandes éxitos por Navidad

Pues voy a seguir hablando de la venta de música y de la famosa caída de las ventas de música grabada, aunque entretanto han salido también datos de la música en directo que ahondan más en la situación de crisis que vive la industria musical y cultural de este país. Y lo voy a hacer con sólo una reflexión más al respecto: en este país siempre se ha comprado muy poca música, música de la de verdad. Es lo que yo llamo que ya no compramos el CD de grandes éxitos por Navidad. Las cifras de finales de los 90 y principios de milenio están infladas fundamentalmente por 2 razones:

– Desde la popularización del CD (pongamos que principios de los 90), gran parte de la música que se vendió en CD no era sino convertir en digital música que mucha gente ya poseíamos en los anteriores formatos, vinilo y cassette. Supongo que resulta imposible realizar un cálculo en este sentido, pero ¿cuántos no hemos comprado en CD un álbum que ya teníamos ya en alguno de los formatos anteriores? Muchísimos… el 20 o el 30% del mercado era volver a vender lo que ya se había vendido durante las 2 décadas anteriores. Y lo mismo ocurrió con el DVD, ¿cuántas veces no hemos comprado un DVD del cuál tuvimos el VHS en su momento? Y lo mejor es que la industria del cine todavía intentó repetir la jugada con ese formato que ha casi nadie le ha interesado que es el blu-ray y que yo siempre digo que murió incluso antes de nacer.
Y como vemos, es el modelo que sigue utilizando la industria hoy en día, con todas las re-ediciones más o menos deluxe, la re-edición en vinilo, normalmente de alto gramaje de todos esos álbumes que no llegaron a salir en vinilo en los 90s y los 2000s… en fin, al final lo único que se consigue es que los pocos que compramos nos cansemos de pagar 2, 3 ó 4 veces por la misma cosa.

– En España, el público en general nunca compró música, y lo digo por experiencia. Yo era visitante frecuente a mediados de los 90s y a partir del 2000 todavía más, de muchas tiendas del centro de Madrid. Y he pasado muchísimas horas en los Madrid Rock, sobre todo en el de Gran Vía, que fue la última en cerrar. Y a Madrid Rock ya a mediados de los 90 iba muy poca gente a comprar música; se compraba música una vez al año, que era en Navidad. Y de esa famosa industria de venta de formatos físicos de los 80s y los 90s, gran parte de ella era como los juguetes, se concentraba en Navidades, que era cuando el tío, la tía o la abuela se turnaban para regalar el perfume, la corbata y el elepé o más tarde el CD. Sólo hay que echar un vistazo por ejemplo a esta lista de ventas del año 90 para ver que la primera y la última semana del año, donde se concentraban las ventas, está llena de recopilatorios, grandes éxitos, etc… es decir, los discos que siempre ha comprado la gente que no compra música, el producto de usar y tirar; aquellos CDs y LPs que siempre han poblado las cubetas de los saldos o de las tiendas de segunda mano…

Y por supuesto sin entrar demasiado en el tema de precios, porque claro, recordemos, en aquella época la industria pasó de cobrar algo más de 1000 pesetas o como mucho 1500 por un elepé, a un precio de 2000-2500 por un CD, cuando gran parte de los gastos continuaban siendo los mismos e incluso algunos críticos (espacio en tienda, logística) deberían haber propiciado un coste menor por parte del CD.

En fin, que al final, una industria que no se preocupaba por el consumidor, ni, no nos engañemos, por la cultura; sino por el formato, el número de copias, etc. de pronto ve que el medio físico, por los avances tecnológicos deja de ser clave, ¿y con qué se queda? Con lo que tienen ahora, NADA.